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Contra el cambio, de Martín Caparrós

Contra el cambio, Martín Caparrós, 2010, Ed. Anagrama, Barcelona, 278 pp.

 

Interesante libro que, a partir de viajes y de lúcidas reflexiones, comenta el cambio climático desde una perspectiva progresista, de izquierdas y más cercana al Tercer Mundo que al Primer Mundo. Nada mejor que un texto que procede del libro de Caparrós:

“Pero, en general, la cuestión del cambio climático todavía me confunde. Me he pasado todo este tiempo recorriendo países, escuchando a personas, leyendo, pensando, y sigo confundido. No puedo negar -no veo por qué negar- que la atmósfera carga más gases de efecto invernadero de los que solía cargar y que la temperatura ha aumentado -muy poco- quizás por causa de ellos y que el nivel del mar puede subir y que los hielos árticos ya no son lo que eran. Entiendo que es un problema; no estoy seguro de que sea una catástrofe. La cuestión -para mí, por ahora- consiste en preguntarse qué significa preocuparse por eso tanto más que por otras cuestiones.

O, por decirlo de una manera bruta: ¿cuánta más gente van a matar el hambre -y la pobreza y la violencia inútil y las enfermedades evitables- en los próximos treinta, cuarenta años, antes de que el cambio climático empiece a tener -si los tiene- efectos fuertes? Claro, los hombres y mujeres que va a matar el hambre son los que siempre mata el hambre: el hambre sabe dónde, cómo actuar, es un agente fiable. Mientras que el cambio climático es torpe, ciego, algo más democrático: corre -con distintas velocidades- para todos y entonces es más fácil que los que nunca se preocupan por las desigualdades y las injusticias y los abusos de poder se preocupen por él: más fácil que lo teman. Y además, es cierto, hasta podría acabar con la civilización que conocemos; en cambio el hambre de un porcentaje importante de la población es una de sus bases. Quizás sea necesario mantenerla sólo por seguir las buenas viejas tradiciones, para conservar el ecosistema en que vivimos.

Para cumplir con el mandato ecologista.

Yo, por mi parte, a mi modo de ver, en lo que a mí respecta, personalmente y sin ánimo de ofensa, creo que la enorme atención que gobernantes y empresarios de los países más ricos le están dando a la amenaza del cambio climático se relaciona, sobre todo, con tres ventajas políticas y económicas que pueden obtener de esos temores:

-retrasar la industrialización de las nuevas potencias emergentes y, así, mantener su hegemonía unas décadas más;

-cambiar el modelo energético global para modificar ciertas relaciones geopolíticas, y para conseguir que nuevos actores se hagan fuertes en uno de los mayores mercados mundiales;

-ganar fortunas con el mercado de bonos de carbón.

Y creo, por fin, que su mayor ganancia es ideológica: convencernos de que lo mejor es lo que ya tenemos, lo que estamos siempre a punto de perder si no lo conservamos: que no hay nada tan peligroso como el cambio.”

 

NO se necesita mayor comentario. Texto a leer y debatir.

Chernobyl y Fukushima: Tiempo de lobos, de Martin Cruz Smith

Martin Cruz Smith. 2004 (2011). Tiempo de lobos (Wolves Eat Dogs). Ediciones B. Barcelona. 369 pp.

 

Martin Cruz Smith (Reading, Pennsylvania, 1942) es uno de los más conocidos escritores de novelas de suspense. La novela que le hizo famoso, Gorki Park (1981), fue la presentación de su héroe, el comisario de la Milicia de Moscú Arkady Renko. Estamos a finales de los setenta y la Unión Soviética, sin saber que su final se acerca, aparece poderosa y segura a los ojos del mundo y, también, de sus habitantes. Pero en su anteúltima novela de la serie, Tiempo de lobos, publicada en 2004, la Unión Soviética ha desaparecido y el mundo de Arkady Renko ya no es aquel en que nació y creció. Pero, para él es igual, la Rusia de Putin le provoca el mismo desencanto que la Unión Soviética de Brezhnev y, después de Gorbachov. Desesperanza, tristeza y ruina y mafia es la Rusia que vive Renko en el nuevo siglo, aunque todavía es capaz de sentir compasión y de tener fe en algunas personas.

En Tiempo de lobos, el suicidio de uno de esos nuevos multimillonarios rusos, salidos de nada y de la corrupción, llevará a Renko desde Moscú hasta Ucrania, hasta la “zona muerta” y prohibida en el entorno de la semidestruida central nuclear de Chernobyl. Conocerá Pripiat, la ciudad abandonada, y a quienes todavía viven allí: ancianos sin esperanza pero que quieren a su tierra, técnicos y biólogos que vigilan la central y estudian los efectos de la radiación sobre la flora y la fauna, y canallas de todo tipo que hacen contrabando con lo que pillan y lo venden a quien sea sin importar en absoluto que esté contaminado y sea peligroso.

La descripción que el autor hace de la vida en los alrededores de la central es impresionante, y el relato que uno de los que allí viven hace del accidente, de la Incomptencia de técnicos y políticos y del heroísmo de quienes quisieron ayudar y muchos de ellos allí quedaron, literalmente quemados por la radiación. Y, a pesar de todo, la naturaleza, en cuanto desaparece el hombre, se recupera y la flora y la fauna, irrdiada y mutante en muchos casos, crece. Y llegan los lobos. Es Tiempo de lobos.

Es fácil utilizar esta novela como un adelanto de lo que quizçá ocurra en las cercanías de Fukushima. Puede que en unas décadas también tengamos allí una reserva natural que nadie había planificado.

 

Cine y Medio Ambiente. 36. El despertar

1946, USA, 128 minutos, Título original: The Yearling. Dir.: Clarence Brown. Guión: Paul Osborn, según la novela ganadora del Premio Pulitzer de 1939, del mismo título, de Marjorie Kinnan Rawlings. Música: Herbert Stothart. Fotografía: Arthur Arling, Charles Rosher y Leonard Smith (ganadores del Oscar). Intérpretes: Gregory Peck, Jane Wyman, Claude Jarman, Jr.

 

Es una película que utiliza los ingredientes habituales del melodrama de Hollywood para contar la historia, en un paisaje idealizado y a través de una estética tipo Disney, de una pareja de granjeros y de su hijo casi adolescente y de su lucha por sobrevivir en una pequeña granja en los bosques y marismas de Florida. El hijo salva un cervatillo de la muerte, se encariña con él y lo cría. Pero el animal crece y aprende a arruinar, una y otra vez, la cosecha de la que depende la vida de la familia. Al final, el ciervo, ya adulto, debe morir para que la granja prospere. Es “el despertar” del hijo, su duro paso hacia la madurez y la responsabilidad. Y nosotros aprendemos a que, según nos lo explica la película, la naturaleza debe rendirse a los deseos de nuestra especie. Somos sus dueños y nos pertenece.

Con este “despertar” triunfa el mundo moderno, representado por los padres, que quieren dominar la naturaleza y utilizarla papa prosperar, frente a la naturaleza, que defiende el ingenuo adolescente a través de la parábola del cervatillo y que desea que nada cambie, ni la naturaleza que le rodea, ni sus padres ni mucho menos él mismo. No quiere madurar y acaba haciéndolo con la tragedia de la muerte de su mascota. El padre es quien le explica que se debe aceptar el poder de la naturaleza, pero también que hay que aprender a arrancarle lo que el hombre necesita para sobrevivir. Dirá que “la vida es buena pero no es fácil”. Y como justificación de la muerte y destrucción de quien se opone al hombre, afirma que “todo lo que tiene vida, alguna vez tiene que desaparecer”. Los animales, y la naturaleza en su conjunto, no pueden coexistir, y mucho menos prosperar, frente a las demandas y el control que el hombre exige y aplica al entorno.

La película es un melodrama convencional de Hollywood, técnicamente perfecto, muy bien interpretado y con la música y la fotografía contribuyendo eficazmente a evocar el romanticismo tanto de la naturaleza salvaje como de la lucha del hombre contra ella. Pero también es una película lenta a ratos, blanda en personajes y situaciones, y con un final que es un verdadero dramón. Sin embargo, ilustra bien el concepto conservacionista de la naturaleza, tan típico de la época, antes de la aparición del movimiento ecologista. Proporciona argumentos útiles para el debate sobre el enfrentamiento o la integración del hombre con la naturaleza.

 

*Brereton, P: 2005. Hollywood Utopia. Ecology in contemporary American cinema. Intellect Books. Bristol. 270 pp.

 

Cine y Medio Ambiente. 35. Chinatown

1974, USA, 131 min., Dir.: Roman Polanski. Prod.: Robert Evans. Guion: Robert Towne. Fotografía: John A. Alonzo. Música: Jerry Goldsmith. Intérpretes: Jack Nicholson, Faye Dunaway, Johm Houston, Perry Lopez, Johm Hillerman. Oscar 1974 al mejor guion (11 nominaciones).

Los Angeles, hacia finales de los 30. El detective John J. Gittes, especializado en divorcios, recibe la visita de la esposa de Mulwray, el jefe del Servicio de Aguas de la ciudad, que sospecha que su marido la engaña. Al mismo tiempo, Gittes descubre que los agricultores acusan a Mulwray de corrupción por su negativa a construir un pantano que paliaría la sequía que sufren.

Cine negro de los 40 en el color desvaído y desanimado de los 70. Polanski y Towne nos cuentan la historia de un detective privado de Los Angeles, especialista en divorcios, atildado y un poco pijo, que contratado por una infidelidad conyugal acaba descubriendo la corrupción del Departamento de Aguas de la ciudad.

El guion se basa en hechos reales. Es la historia, en 1905, de la construcción del viaducto que llevaría agua a Los Angeles a través del Valle de San Fernando. Pero a la ciudad no llegaría el agua; se quedaría  en el Valle, convirtiendo en ricas tierras de regadío, frutales y hortalizas, los secarrales que los grupos de presión ya habían comprado las tierras a los aldeanos y habían conseguido la construcción del embalse y el viaducto. Era un negocio redondo: compraban tierras a bajo precio, presionaban para construir la presa y el viaducto, los construían  y regaban sus tierras con el agua que se suponía era para la ciudad. Y todo el mismo grupo de millonarios, personificados en la película en Noah Cross y en la magnífica interpretación de John Houston.

Urbanización, poder y corrupción, la tríada que ha destruido y expoliado el entorno de las grandes (y pequeñas) ciudades. En la película, sin fecha definida, quizá los 30 ó quizá los 40, la corrupción existe como enquistada en la vida de la ciudad, fuera del tiempo. La historia tiene su origen en 1905; cuando se estrenó la película, en 1974, la ciudad de Los Angeles intentaba anexionarse el Valle de San Fernando pues el suministro de agua era común; y ahora, en 2010, un nuevo escándalo sobre la privatización del suministro de agua está ante los tribunales de California en lo que la prensa ha bautizado como “Chinatown II”.  En la película dicen “O me traes el agua a L.A. o llevas L.A. hasta el agua”, argumento falaz que utilizaron en 1905 y repiten en el film y que, seguro, siguen utilizando en la actualidad. Es por todo esto que ninguno de los personajes de la película se sorprende por la corrupción. Intentan detener y castigar a los corruptos, eso sí, pero aceptan la corrupción como algo inevitable y como parte sustancial de toda relación entre personas. Todo el mundo se puede corromper, según las circunstancias, y, además, como se ve en la película, los “malos” (Noah Cross) ganan y se quedan con todo.

La película es excelente, con un buen trabajo de director y guionista. Y el trío de actores principales, Jack Nicholson, Faye Dunaway y John Houston, están extraordinarios; aconsejo la versión original. Muy recomendable.

*Grossi, M. 2010. “Chinatown II”? Wells go to dry; water bank faces suits Kern Co. districts, others say key deals were illegal. The Fresno Bee, Sep. 05.

*Ingram, D. 2000. Green screen. Environtemtalism and Hollywood cinema. University of Exeter Press. Devon. 230 pp.

*Scott, I.S. 2007. “Either you bring the water to L.A. or you bring L.A. to the water”. European Journal of American Studies vol. 2. http://ejas.revues.org/1203

Cine y Medio Ambiente. 34. Flow: Por amor al agua

2008, 83 min., Título original: Flow: For love of water, Dir.: Irene Salina. Productor: Steven Starr. Música: Christophe Julien.

Desde la primera cita (“Miles han vivido sin amor, pero nadie sin agua”), este documental deja clara la importancia del agua para la vida en general, y para la supervivencia de nuestra especie en particular. Película a menudo muy densa, llena de datos y entrevistas con expertos y ecologistas, está recorrida por una ideología ecologista, quizá mística e influida por la filosofía panteísta oriental. Con metáforas que nos acercan a Gaia (“el océano es el corazón de la Tierra” y a él van los ríos que son sus “arterias y venas”), nos muestra el ciclo del agua, con un cierto trasfondo catastrofista.

Estupendas imágenes, buena fotografía, montaje ágil y buena música, como corresponde a un documental de este tipo, tan populares algunos de ellos. Recomendable, pero para ver con calma. No debe verse a la hora de la siesta; sería un desperdicio.

Cine y Medio Ambiente. 33. Earth: La película de nuestro planeta.

Documental, USA-Gran Bretaña, BBC Natural History Unit – Discovery Channel, 2007, 95 min. Dir.: Alastair Fothergill & Mark Linfield. Música: George Fenton. Narrador: James Earl Jones (Constantino Romero en la versión española).

Documental clásico al que hay que añadir espectaculares imágenes obtenidas con la más alta tecnología de helicópteros, aviones, satélites, visión nocturna, alta resolución, … Pero por su guión y montaje sólo es, y ya es suficiente, como un documental sobre la naturaleza de los sesenta y setenta. El hilo conductor son tres grupos de animales que nos llevan a todo el planeta siguiendo las estaciones. El cambio estacional o, como precisa el guion desde las primeras frases, aquel meteorito gigante que chocó con la Tierra en sus inicios e inclinó el eje planetario marcó todo el desarrollo posterior así como la aparición de vida y en cómo ésta evolucionó. Y termina con una apelación a cambiar las cosas para detener el cambio climático.

Documental recomendable por sus imágenes y por su amenidad e interés general. Además de una música espectacular interpretada por la Filarmónica de Berlín.

Alimentos modificados genéticamente: La televisión

En general y en cualquier país del Primer Mundo, el público tiene escasos conocimientos sobre qué son y cómo se producen los alimentos genéticamente modificados (GMF, de las siglas en inglés). Nos cuentan Mary Nucci y Robert Kubey, de la Universidad Estatal de Nueva Jersey en Rutgers, que en 2003 sólo el 19% de los encuestados recuerda alguna noticia sobre este asunto. En otra encuesta de 2004, entre el 7% y el 36% recuerdan alguna historia sobre los GMF, incluyendo algunas falsas difundidas por Internet.

Estos conocimientos llegan al público, sobre todo, a través de los medios de comunicación. En los ochenta, los medios resaltaban los beneficios de los GMF para la salud. A los noventa, la oveja Dolly, las vacas locas y otras historias semejantes, asustaron al público y promovieron un enfoque más bien negativo de los GMF. Ahora, el debate sobre ética, riesgos, ciencia, tecnología y economía en relación con los GMF se ha intensificado.

Nucci y Kubey plantean un estudio sobre el tratamiento de los GMF en televisión, teniendo en cuenta la importancia cada vez mayor y más intensa de este medio en la conformación de la opinión pública. Estudian los programas informativos de las cadenas de televisión nacionales de Estados Unidos: ABC, CBS y NBC. Lo hacen entre 1980 y 2003, años críticos en la introducción y debates sobre los GMF.

Los resultados sobre el número total de noticias referidas a los GMF, el tiempo que se les dedica, y la ideología y función de las personas entrevistadas a las que se permite dar su opinión se utilizan para llegar a conclusiones sobre el tratamiento de los GMF por la televisión. En general, se les dedica poco tiempo, sin una línea de exposición coherente, lo que a su vez indica que no existe una política en la redacción establecida y firme sobre este asunto.

La cobertura es esporádica y sin profundidad, excepto en relación con sucesos puntuales. Esta desorientación de los medios, y más de la televisión, ha conseguido llegar a la audiencia y ha desconcertado a la opinión pública.

*Nucci, M.L. & R. Kubey. 2007. “We begin tonight with fruits and vegetables”. Genetically modified food on the evening news 1980-2003. Science Communication 29: 147-176.

Cine y Medio Ambiente. 32. ¿Quién mató el coche eléctrico?

USA, 2006, Documental, 92 minutos, Título original: Who killed the electric car? Dir.; Chris Paine, Narrador: Martin Sheen.

Esta es la historia del EV1, un coche eléctrico en los años 90 fabricado por la General Motors, que tuvo un cierto éxito en California, éxito obligado por su legislación ambiental que obligaba a las empresas automovilísticas a ofertar, dentro de su gama, productos que no dañaran el medio ambiente. La General Motors lo fabricó y ofertó unas 1000 unidades, pero nunca lo vendió, sólo lo alquilaba. Su interés era, sobre todo, cambiar la legislación, y después retirar el coche. Y eso es lo que hizo.

En fin, entre las empresas del automóvil, el gobierno Bush y, podo después, el gobierno en California del Gobernador Shwarzenegger, el EV1 desapareció de las carreteras. El director Chris Paine expone al espectador los oscuros intereses que se mueven en estas grandes empresas, y donde no resulta una coincidencia el hecho de que en los últimos años el precio del combustible en Estados Unidos se haya triplicado o de que la General Motors, a la vez que se desprendía del EV1, compraba la fabricación de los Hammer, el 4×4 que más combustible consume. Y tampoco es casualidad que, en la actual crisis económica, sea la General Motors, que se dedicó a fabricar automóviles de alta gama y mucho consumo, una de las empresas que ha estado a punto de desaparecer.

Documentales y programas de conservación

No vamos a discutir aquí, en este momento, los efectos que las películas, de ficción o documentales, producen en los conocimientos, las actitudes y la conducta de las personas. Es un tópico en los estudios sobre los medios y la comunicación audiovisual. También es algo evidente la influencia que los documentales sobre la naturaleza tienen sobre la conducta de las personas en relación con los programas de conservación, aunque la mayor parte de los datos provengan de anécdotas personales. Y, dentro de este campo, los documentales sobre primates constituyen un apartado importante por la cercanía de estos animales a nosotros y, por ello, por la facilidad con que llegan e influyen en los espectadores. Sin embargo, Julie Wright, de la ONG Great Apes Film Initiative, de Cottingham, en Inglaterra, nos dice algo evidente, pero que no se tiene en cuenta: la mayor parte de las veces estos films sobre primates se proyectan en países lejanos a donde viven los monos y ante espectadores que, es obvio, no los tienen a la puerta de casa, no los ven como un peligro evidente, o, incluso, tampoco los ven como un componente de la dieta.

La autora revisa el uso de estas películas en los países en los que viven estos animales y en los que se desarrollan programas de conservación. Está claro que tener a la población local a favor es un punto de partida esencial. Wright nos dice que los documentales deben proyectarse con la ayuda de educadores locales bien entrenados que, a su término, provoquen el debate entre los espectadores. Deben ser parte de un programa de educación para la conservación más amplio y, como objetivo, tienen que trasmitir un mensaje claro y definido. Las películas tratan de la propia de los espectadores o de personas muy cercanas y, por tanto, no deben hacerles sentir mal, desilusionados, deprimidos o, incluso, culpables por su tradicional relación con el entorno. Y, más adelante, hay que recordar y reforzar lo que se ha transmitido.

Entre los documentales que menciona Wright están Serengeti Shall Not Die (1959), Ape Hunters (2002), Congo: Footprints in the Forest (2001), Losing Tomorrow (2005) y Dear Mr. President (2005).

*Wright, J.H. 2010. Use of film for community conservation education in primate habitat countries. American Journal of Primatology 72: 462-466.

Cine y Medio Ambiente. 31. Las aguas bajan negras

España, 110 minutos, Director: José Luis Sáenz de Heredia. Guión: Carlos Blanco, según la novela La aldea perdida, de Armando Palacio Valdés. Fotografía: José F. Aguayo, Alfredo Fraile y César Fraile. Música: Jesús García Leoz y Manuel Parada. Intérpretes: Mario Berriatúa, Tomás Blanco, Julia Caba Alba, Raúl Cancio, Mary Delgado, Fernando Fernández de Córdoba, Félix Fernández, Rosario Granados, José Jaspe, José María Lado, Adriano Rimoldi, Antonio Riquelme

Asturias, 1839. Durante la guerra entre carlistas e isabelinos, Beatriz, la hija de un coronel isabelino, casada en secreto con un capitán carlista, se ve metida en una dramática aventura en la que se enfrentan su padre y su marido. Años después, la tranquila vida de la aldea se ve alterada por la llegada de una empresa minera que pretende comprar tierras para explotar el carbón del subsuelo.

Filme español realizado en Asturias en 1948 sobre una adaptación de Carlos Blanco, de la novela de Armando Palacio Valdés La aldea perdida. Romance dramático de la aldea ganada y engrandecida por el «oro negro» de la mina. En el filme, prevalece en la trama el conflicto que se planteó en el siglo pasado entre la bucólica Asturias campesina y la nueva Asturias minera. Cuando llegan los mineros, en rápida sucesión, la película nos muestra como caen árboles, explotan barrenos, las vacas enloquecen, y los vertidos de carbón llegan al río: las aguas bajan negras. Como ya se nos dice desde la introducción, “la aldea sucumbió porque Dios lo quiso”; así, los mayores partidarios del progreso son el ingeniero de la mina y el cura.

El guión técnico fue confeccionado por José Luis Sáenz de Heredia, que también asumió la responsabilidad de la dirección. Fraile y Aguayo consiguen recoger con sus cámaras la difícil y sugestiva luz de los maravillosos paisajes de la región asturiana. Los principales papeles fueron encomendados a Charito Granados y al italiano Adriano Rimoldi, que figuraban entre las primeras estrellas de la cinematografía nacional de los años cuarenta.

Un melodrama quizá algo tedioso que tiene mucho de western y, si se quiere, algo de documento antropológico, de mundo desaparecido. Plantea una cuestión todavía no resuelta en los conflictos ambientales, ¿defender el medio ambiente es oponerse a todo cambio?