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Ecología socialista

René Dumont (1904-2001) fue un adelantado del movimiento ecologista. Inegniero agrónomo, trabajó en las colonias francesas de Indochina y conocía a fondo los problemas de los campesinos africanos. En 1974, a la muerte del presidente francés Georges Pompidou, se presentó como candidato a la presidencia apoyado por una serie heterogénea de organizaciones que, más adelante, darían lugar a los movimientos político-ecologistas que ahora denominamos Los Verdes. Sólo obtuvo el 1,32% de los votos pero su programa electoral supuso una carga de profundidad para la Francia que había salido del mayo del 68. Por ejemplo, proponía eliminar los subsidios a las familias con más de dos hijos, multiplicar por cinco el precio de la gasolina, suprimir las amnistías y aumentar drásticamente las multas de tráfico (odiaba los coches y siempre iba en bicicleta), los camiones limitados a una velocidad máxima de 120 km/h y los coches particulares de 80 km/h, o, finalmente, no comer más de 125 gramos de pescado o carne al día. Todo su programa y, más adelante, su preocupación vital se reducía a cuatro puntos: control demográfico, ahorro energético, cooperación internacional con los países en desarrollo y protección contra la erosión del suelo. Como es evidente, de 1974 a la actualidad no hemos adelantado mucho.
En 1977, publicó el texto Seule une écologie socialiste…, traducido y editado en España con el título de Ecología socialista. En el libro narra su trayectoria vital y su acercamiento paulatino primero a la ecología y, depués, al socialismo. Su libro termina con este párrafo:

La ecología socialista va pues mucho más lejos que todos los programas comunes de la derecha e incluso que los de la izquierda. Se sitúa muy lejos de la izquierda de la izquierda, en un enfoque totalmente nuevo. Por tanto, no es apolítica, ya que ante todo es anticapitalista. Exige mucho más de nosotros, una revolución interna de nuestras concepciones, de nuestra mentalidad, de nuestras relaciones. Nos obliga a intentar ser más, no a tener más. La asociación de las legítimas reivindicaciones del tercer mundo actual y de las necesidades para sobrevivir, de las exigencias de las generaciones futuras, nos permitirá establecer las bases. Los más explotados del mundo rico deben aproximar sus reivindicaciones a las de los hambrientos del tercer mundo, más legítimas aún.

Como antes decía, treinta años después, seguimos en el mismo programa que proclamó René Dumont.

*Dumont, R. 1980. Ecología socialista. Ed. Martínez Roca. Barcelona. 225 pp.

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