Categorías

Sostenibilidad

Seguimos con la serie de artículos sobre energía que publicó el suplemento Dinero de El Correo del 24 de mayo de 2009. Ahora toca un comentario de Ignacio Marco-Gardoqui sobre el uso, a veces rutinario, del término sostenibilidad. Recuerda a la moda, que ya dura varios de años, de utilizar el prefijo bio- o el término ecológico casi para cualquier cosa o asunto, a menudo sin el menor rigor.

El mantra de la sostenibilidad

Ignacio Marco-Gardoqui El Correo Dinero 24 mayo 2009

Ahora que la crisis campa a sus anchas se intensifican las urgencias del cambio de modelo. La construcción y el consumo nos han mantenido a flote durante una década, pero también han engendrado un monstruo, en forma de endeudamiento masivo, que ha terminado por socavar los cimientos del sistema financiero y por arruinar la demanda. Ahora no toca consumir y los ciudadanos recuperan la olvidada virtud del ahorro. En esta nueva coyuntura, la palabra mágica es «sostenible». Todo tiene que ser sostenible. Las empresas, el consumo de energía, las ciudades, el transporte, la vivienda y todo aquello que se les ocurra.
El cambio hacia un modelo basado en la innovación, la exportación y la sostenibilidad carece de opositores, pero se plantea como un mantra sin concreción. No es algo que se pueda inducir sólo con eslóganes lanzados desde el púlpito del Congreso a unos políticos inermes y ante una opinión pública poco involucrada. Necesita una auténtica regeneración social; exige un movimiento de sensibilización que llegue a todas las capas de la población; requiere una clase empresarial dispuesta a aceptar el reto y unos sindicatos preparados para acomodarse al nuevo orden.
La preocupación por la sostenibilidad de nuestra economía, del conjunto de nuestro sistema de vida es oportuna y conveniente. Pero convendrán conmigo en que sería necesario debatir la cuestión con mayor profundidad y orden y fijar las prioridades con cierta precisión. Estas carencias se aprecian con nitidez cuando hablamos de la energía y, en concreto, de la que tiene origen nuclear. La cuestión es tan importante y conlleva tales consecuencias que no podemos dejarla, exclusivamente, en las manos de los políticos. Es imprescindible que se abra un debate público, sin demagogias, enfriando las pasiones y prestando más atención a los expertos.
La energía nuclear despierta temores a causa de su enorme potencial destructivo y a los irresueltos problemas de localización de los residuos. Pero tiene también ventajas indudables. Las centrales diseñadas, construidas y controladas con sistemas occidentales avanzados no han causado, hasta ahora, ningún daño. Ayudan a la sostenibilidad gracias a sus bajas emisiones de CO2, y favorecen a la economía, en general, por efecto de sus bajos costes.
Los grupos de defensores y detractores están entremezclados en medio de las siglas políticas y de las organizaciones sociales. Por eso es necesario utilizar información científica contrastada, debatir el asunto con publicidad y calma y tomar decisiones que cuenten con el mayor apoyo posible. Nos jugamos mucho en el envite. Nos jugamos tanto que no podemos obviarlo.

Deje una respuesta

 

 

 

Puedes utilizar estos tags HTML

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>