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Antes respirar era gratis

Soy de la opinión de que el cambio climático ha empezado a interesar a gobiernos y poderes económicos cuando se ha conseguido que sea un buen negocio. De ahí el título de esta entrada: antes respirar era gratis, ahora hasta el CO2 se vende y se compra. Sobre este asunto, Fernando Barciela acaba de publicar un artículo revelador y muy bien documentado en El País de los Negocios. Leanlo, merece la pena y da claves para entender lo que está pasando en Copenhague y, quizá, hasta se pueda adivinar en que acabará la reunión.

 

 

El CO2 puede ser un buen negocio

La captura y almacenamiento de dióxido de carbono están llamando a convertirse en un nuevo sector económico. Su éxito dependerá en gran medida de los acuerdos que se alcancen en Copenhague

FERNANDO BARCIELA El País de los Negocios 13/12/2009

Copenhague no sólo interesa a los partidarios de frenar el cambio climático. También el mundo empresarial tiene su atención puesta en lo que está pasando estos días, en especial las grandes multinacionales de infraestructuras y equipos eléctricos, que esperan los resultados de la cumbre como agua de mayo. La prosperidad de un nuevo sector de actividad, la captura y almacenamiento de CO2 (CO2 Capture and Storage, o CCS) depende mucho de que los países allí reunidos decidan una fuerte reducción de las emisiones de dióxido de carbono.

De momento, y pese al carácter algo experimental de Kioto y a las dudas sobre la profundidad de los compromisos en Copenhague, la verdad es que el emergente sector no ha estado, que digamos, parado. El apoyo financiero de gobiernos, organismos e instituciones internacionales y la implicación de las propias compañías eléctricas, que han avanzado con proyectos de demostración en la captura de CO2, le ha dado fuelle. Según el Global Carbon Capture and Storage Institute hay en marcha unos 213 proyectos, de los que 55 están en fase de lanzamiento y construcción y otros siete funcionando.

Todo indica que el nuevo sector, que empezó a producir los primeros equipos en 2005 o 2006, tiene el futuro despejado. Su mercado principal son las centrales eléctricas por carbón en funcionamiento, que tendrán que cerrarse a menos que se reconviertan a las nuevas tecnologías de captura, pero también las que se construyan en el futuro, a las que ofrece, con sus tecnologías CCS, una reducción de emisiones de CO2 del 90%. Pese a que se espera que el mercado abarque también las centrales de ciclo combinado, refinerías, cementeras o papeleras, “de momento”, señala Javier Alonso, de CENIT CO2, “nos centraremos en las centrales térmicas, que emiten, cada una, un millón de toneladas de CO2 al año. Claro que, con el tiempo, según suban las exigencias, las demás tendrán también que capturar CO2”.

Un dato decisivo es que las nuevas tecnologías CCS permitirán el uso de una fuente de energía como el carbón, que hace años se consideraba finiquitada, precisamente por su carácter contaminante. Santiago Sabugal, presidente de la Plataforma Tecnológica del CO2 (PECO2), cree que “estas tecnologías de quema limpia del carbón permitirán relanzar este combustible a partir de 2015”. La garantía de que las distintas tecnologías utilizadas en la captura del CO2 van a funcionar ha cambiado ya las perspectivas del carbón en todo el mundo. China, Estados Unidos y muchos países europeos aprovecharán sus enormes reservas.

Ello explica, en parte, la decisión del Gobierno español de asegurar la continuidad del sector español del carbón, una decisión que fue criticada pero que puede ser más verde de lo que muchos creen. “Debemos cuidar el carbón ya que es el único combustible fósil que tenemos en España, un país con una dependencia energética del exterior superior al 80%”, dice Sabugal, quien cita como ejemplo el caso de Alemania, “que ha prorrogado las ayudas al carbón hasta 2018”.

La prueba de este relanzamiento -debido a las tecnologías de captura del CO2- es que se están planificando nuevas centrales termoeléctricas de carbón. Estas centrales, señala Alonso, “sólo deberán ser autorizadas bajo la condición de incorporar plantas de captura”. Esto proporcionará un nicho de actividad específico al sector, aun cuando la reducción de emisiones en Copenhague no sea tan profunda como se desea. El Estado de Queensland, en Australia, acaba de anunciar que ninguna nueva central de carbón será homologada si no ha sido validada como compatible con la tecnología CCS.

Dicho esto, es evidente que el crecimiento del sector será mucho más rápido si hay consenso en Copenhague a favor de una fuerte reducción de emisiones, ya que los precios de los derechos de emisión -en dólares por tonelada- dependen estrechamente de los objetivos de reducción: cuanto más elevados sean, más caro será el precio de los derechos de emisión, que deben ser adquiridos por industrias emisoras de CO2 como las centrales eléctricas de carbón. Si el precio por comprar derechos de emisión es muy bajo, a las eléctricas les resultará más barato adquirir esos derechos que invertir en una costosa planta de captura.

De momento, los derechos de emisión están baratos, tanto que no compensaría la construcción de plantas de captura de CO2 a los propietarios de las centrales eléctricas. La tonelada, que estaba sobre los 30 dólares en junio de 2008, se sitúa ahora en torno a los 15, explica Agustín Delgado, director de Innovación de Iberdrola. “A este precio, a menos que se cuenten con ayudas estatales para construir una planta de captura, es mejor pagar los derechos en el mercado”, dice Delgado.

Todo ello explica que el sector esté con el corazón en un puño ante la cumbre. Se trata básicamente de las mismas empresas que ahora participan en el diseño, construcción y gestión de grandes centrales e instalaciones eléctricas -de carbón, fuel, ciclo combinado o nucleares-, desde los grandes constructores de talla mundial a los instaladores, fabricantes de componentes, ingenierías o proveedores de equipos. Entre ellos destacan nombres como Alstom, General Electric, Siemens o ABB.

Alstom se apunta como la líder. “Fuimos de los primeros en apostar por el sector, ya en 2004”, asegura Philippe Paelink, director de CO2 de Alstom, “y ahora tenemos seis plantas piloto en Europa y Estados Unidos. Hay otras empresas trabajando en el sector, pero apenas tienen plantas”. Además, Alstom se ha venido armando para competir mediante la compra de empresas que le aportan tecnologías específicas, como fue el caso de la división de ingeniería de Lummus Global, un suministrador de tecnologías para la industria de procesamiento de hidrocarbonos, o mediante alianzas como la firmada con Schlumberger, especialista en la extracción de combustibles y minerales.

Pero las demás empresas también se mueven. La lista de acuerdos y proyectos empieza a ser larga. Ahí están la alianza de General Electric con BP para construir plantas de captura en EE UU y el desembarco en este país de ABB con el mismo objetivo. El CO2 de la planta de captura operada por ABB en Oklahoma es vendido a la industria de alimentación, después de purificado y licuado.

En España, el Gobierno analizó este viernes el anteproyecto de Ley de almacenamiento geológico de dióxido de carbono. Las primeras iniciativas para crear un sector de captura y almacenamiento, iniciadas en 2006, aún están en fase embrionaria: la PTECO2, promovida por empresas, centros de investigación y universidades con el respaldo de diversos ministerios, tiene como propósito incentivar a las empresas españolas a investigar, diseñar y exportar sus propias tecnologías. Entre las empresas no energéticas que participan en la plataforma están Dragados Industrial, Aries, Duro Felguera, Samca, Masa, Inerco, Técnicas Reunidas o Inabensa. “Tratamos de desarrollar una serie de proyectos con tecnologías españolas, que luego puedan ser utilizados por nuestras empresas, aquí y en el exterior”, apunta Sabugal.

Otro paso fue la fundación del Consorcio Estratégico Nacional en Investigación Técnica del CO2 (CENIT CO2), también en 2006 y con objetivos muy similares a los de la PTECO2. Financiado en parte por el CDTI (47,5%), el consorcio está liderado por Endesa con la colaboración de Unión Fenosa y la participación de 12 socios industriales y 16 organismos de investigación.

De momento, España cuenta ya con dos proyectos en marcha, uno de ellos en El Bierzo (León), promovido por la Fundación pública Ciudad de la Energía (CIUDEN) con la colaboración de Endesa. La Comisión Europea anunció el jueves que financiará el proyecto con 180 millones de euros. Se prevé que esta planta de captura y almacenamiento, junto a la central térmica de carbón de Compostilla, de Endesa, se inaugure la próxima primavera. A las ayudas comunitarias se sumarán entre 280 y 450 millones en derechos de emisión. La otra iniciativa es de Elcogas: una planta piloto de captura de CO2 y producción de hidrógeno en su central de ciclo combinado de Puertollano, que empezará a operar en 2010.

Estos desarrollos son decisivos. Las eléctricas españolas empiezan a interesarse por la captura de CO2. Dada la presencia internacional de Iberdrola, Endesa o Unión Fenosa, ello podría suponer una oportunidad de negocio para las firmas españolas de ingeniería, componentes o equipos. Pero, de momento, las empresas que están participando en estos programas son escasas, pequeñas y actúan en segmentos muy parciales del proceso de captura. España no posee ahora mismo ninguna empresa como Alstom o ABB, capaz de integrar todas estas tecnologías y vender esas plantas llave en mano.

Delgado, de Iberdrola, atribuye en parte el menor dinamismo del sector en España a que “si bien aquí hay ayudas para I+D, no los hay en la misma medida que en el Reino Unido para montar plantas experimentales”. Estas instalaciones son muy caras. Una planta como la de Iberdrola en Escocia cuesta por encima de los mil millones de euros. De hecho, la construcción y puesta en marcha de la planta de El Bierzo -72 millones de euros- ha sido contratada con dos empresas no españolas: Foster Wheler Energía y Praxair. Estas insuficiencias explican que Iberdrola haya contratado la construcción de su planta de captura y almacenamiento de CO2, que está desarrollando a través de su filial Scottish Power en su central térmica de Longannet, la tercera más grande de Europa, con una empresa no española, Ackermann. Los objetivos de Iberdrola en Escocia son ambiciosos. Scottish Power ha sido preseleccionada por el Gobierno británico (entre nueve candidatos, reducidos a tres) para operar una planta de captura y almacenamiento de CO2 a escala comercial en el Reino Unido a partir de 2014. La eléctrica ha establecido, además, en el Reino Unido su centro global de excelencia para las tecnologías de captura y almacenamiento de CO2. “En Escocia confluyen características interesantes, como una fuerte industria de crudo y gas, y la exploración de petróleo en el Mar del Norte, los que nos facilita el tema del almacenamiento y el transporte”, explica Delgado. “Hay empresas habituadas a trabajar en el mar, a transportar fluidos del mar a tierra”.

Pero no todas las tecnologías se limitan a la captura del CO2. Otros dos ejes de negocio serán el transporte y el almacenamiento del dióxido de carbono. El problema es que si bien las tecnologías de captura empiezan a estar maduras, las de almacenamiento -en el que participarán empresas constructoras, ingenierías, firmas de equipamientos, de estudios geológicos y hasta mineras y petroleras- presentan desafíos sin resolver. Las condiciones para almacenar el CO2 (en tierra o en el mar) están aún en discusión. En España, Hunosa está estudiando la posibilidad de almacenar CO2 en algunas de sus minas abandonadas, una opción que es cuestionada por algunos académicos, entre ellos Stuart Haszeldine, de la Universidad de Edimburgo, quien considera que las formaciones rocosas de arenisca bajo el lecho marino son la única alternativa para almacenar el carbono. Delgado también lo piensa: “Los yacimientos terrestres son limitados. Sólo pueden guardar una pequeña parte del CO2 producido”.

Por eso Iberdrola se ha decantado por el mar. La eléctrica acaba de firmar, a través de Scottish Power, un acuerdo con Shell para almacenar el CO2 en el fondo marino. La elección no es casual. Las petroleras son expertas en trabajar offshore y además disponen de yacimientos de crudo ya explotados en donde almacenar el dióxido de carbono. También ABB está estudiando fórmulas para almacenar CO2 en el mar, en su caso en el Pacífico. BP, sin embargo, va a almacenar cerca de un millón de toneladas de CO2 al año en sus campos petrolíferos de Argelia. Alonso, de CENIT CO2 advierte que, en efecto, el tema del almacenamiento “puede ser un tapón para el desarrollo del sector, si no lo resolvemos. Y, de momento, no sabemos qué va a pasar. España es un país cuyo subsuelo no ha sido muy explorado”.

Luego está, por último, el tema del transporte, otro nicho que se augura rentable. En España se desconoce qué modelo de negocio se utilizará para gestionar lo que los expertos han bautizado ya como ceoductos, tuberías por las que se desplazará el CO2 licuado desde las plantas de captura a los almacenamientos. Algunos creen que al tratarse de una actividad muy similar a la del transporte de gas o gasolina, podría ser encomendada a los transportadores actuales. En el Reino Unido, National Greed, la empresa líder de transporte de gas y otras energías, está muy interesada en el tema del transporte y de hecho está colaborando ya con Iberdrola. Otra opción, apunta Sabugal, “sería la creación de una empresa nacional de transporte, regulada por el Estado, como ocurre ahora con el gas o el crudo”.

Todo está, pues, a punto para que se estrene un nuevo sector. Cuándo cogerá velocidad es lo que no se sabe. Aun cuando se cree que pueda empezar a moverse a partir de 2015, nadie se arriesga a hacer vaticinios precisos. Quedan muchos imponderables, entre ellos el grado de compromiso sobre reducciones que se alcance en Copenhague.

Los expertos creen que los altos niveles contaminantes de algunas industrias y centrales suscitan el rechazo de sectores cada vez más amplios de las poblaciones de Europa o Estados Unidos. La captura de CO2 supone también una forma de aprovechar los enormes yacimientos de carbón aún por explotar (sobre todo fuera de Europa) y, además, el nuevo sector cuenta con el apoyo de la Agencia Internacional de la Energía y de la Comisión Europea, deseosa de posicionar su emergente industria de captura, transporte y almacenamiento de OCO2 en todo el mundo. “Europa cree que podrá ser líder en estas tecnologías, de ahí que Bruselas presione en esa dirección”, apunta Alonso, de CENIT CO2. El ambiente tiende más al optimismo que al pesimismo. “Creo que entre los compromisos que se tomen en Copenhague, el fin de la crisis y la recuperación de la demanda eléctrica, habrá un aumento del precio de la tonelada de CO2, y ello asegurará el futuro del sector”, asegura Delgado, de Iberdrola.

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