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Chernobyl y Fukushima: Tiempo de lobos, de Martin Cruz Smith

Martin Cruz Smith. 2004 (2011). Tiempo de lobos (Wolves Eat Dogs). Ediciones B. Barcelona. 369 pp.

 

Martin Cruz Smith (Reading, Pennsylvania, 1942) es uno de los más conocidos escritores de novelas de suspense. La novela que le hizo famoso, Gorki Park (1981), fue la presentación de su héroe, el comisario de la Milicia de Moscú Arkady Renko. Estamos a finales de los setenta y la Unión Soviética, sin saber que su final se acerca, aparece poderosa y segura a los ojos del mundo y, también, de sus habitantes. Pero en su anteúltima novela de la serie, Tiempo de lobos, publicada en 2004, la Unión Soviética ha desaparecido y el mundo de Arkady Renko ya no es aquel en que nació y creció. Pero, para él es igual, la Rusia de Putin le provoca el mismo desencanto que la Unión Soviética de Brezhnev y, después de Gorbachov. Desesperanza, tristeza y ruina y mafia es la Rusia que vive Renko en el nuevo siglo, aunque todavía es capaz de sentir compasión y de tener fe en algunas personas.

En Tiempo de lobos, el suicidio de uno de esos nuevos multimillonarios rusos, salidos de nada y de la corrupción, llevará a Renko desde Moscú hasta Ucrania, hasta la “zona muerta” y prohibida en el entorno de la semidestruida central nuclear de Chernobyl. Conocerá Pripiat, la ciudad abandonada, y a quienes todavía viven allí: ancianos sin esperanza pero que quieren a su tierra, técnicos y biólogos que vigilan la central y estudian los efectos de la radiación sobre la flora y la fauna, y canallas de todo tipo que hacen contrabando con lo que pillan y lo venden a quien sea sin importar en absoluto que esté contaminado y sea peligroso.

La descripción que el autor hace de la vida en los alrededores de la central es impresionante, y el relato que uno de los que allí viven hace del accidente, de la Incomptencia de técnicos y políticos y del heroísmo de quienes quisieron ayudar y muchos de ellos allí quedaron, literalmente quemados por la radiación. Y, a pesar de todo, la naturaleza, en cuanto desaparece el hombre, se recupera y la flora y la fauna, irrdiada y mutante en muchos casos, crece. Y llegan los lobos. Es Tiempo de lobos.

Es fácil utilizar esta novela como un adelanto de lo que quizçá ocurra en las cercanías de Fukushima. Puede que en unas décadas también tengamos allí una reserva natural que nadie había planificado.

 

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