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Albert Camus, “La belle époque”, RUA journal, 15 avril 1953:

“Car, après beaucoup d’années où le monde m’a offert beaucoup de spectacles, ce que finalement je sais sur la morale et les obligations des hommes, c’est au sport que je le dois, c’est au RUA que je l’ai appris.”

Pierre Hadot:

“Se ha perdido el aspecto personal y comunitario de la filosofía. Además, la filosofía se ha hundido cada vez más en una vía puramente formal, en la búsqueda, a todo precio, de la novedad en sí misma: se trata para el filósofo de ser lo más original posible, si no creando un sistema nuevo, sí, al menos, produciendo un discurso que, para ser original, se quiere muy complicado. La construcción más o menos hábil de un edificio conceptual se convertirá en un fin en sí mismo. De este modo, la filosofía se ha ido alejando cada vez más de la vida concreta” (Hadot 2001: 94-95)

“Desde la estrecha perspectiva de las universidades, como se trata de preparar a los alumnos para el estudio de un programa escolar que les permitirá obtener un título de funcionarios y les abrirá una carrera, la relación personal y comunitaria desaparece necesariamente para dar lugar a una enseñanza que se dirige a todos, es decir, a nadie. Desgraciadamente, pienso que es extremadamente difícil en nuestros días resucitar el carácter dialógico de la filosofía antigua. Me parece que esta forma dialógica de la enseñanza no se puede realizar más que en las comunidades al estilo de las escuelas antiguas, organizadas para vivir la filosofía en común (symphilosophein, como se decía entonces). Quizá esto sería posible en comunidades que fueran de tipo monástico. Pero creo que, en la vida cotidiana y en la vida universitaria, sería muy artificial.” (Hadot 2001: 95)

“Quien estudia un texto o microbios o las estrellas ha de deshacerse de su subjetividad. Gadamer y Raymond Aron dirán: es imposible, pero pienso que al menos éste es un ideal que hay que intentar alcanzar por medio de una determinada práctica. Así, los sabios que tienen el raro coraje de reconocer que se han equivocado en tal caso particular o que intentan no dejarse influir por sus propios prejuicios hacen un ejerci­cio espiritual de desprendimiento de sí mismos. Digamos que la objetividad es una virtud, de hecho, muy difícil de practicar. Hay que deshacerse de la parcialidad del yo in­dividual y apasionado para elevarse a la universalidad del yo racional. Siempre he pensado también que el ejercicio de la política democrática, tal como debería ser practica­do, debería corresponder a esta actitud. El desprendi­miento de sí es una actitud moral que se le debería exigir tanto al político como al sabio.” (Hadot 2001: 108-9)