Crítica: Tempestad

Por Nerea Oliban Lizarraga

Tempestad muestra los tormentos que puede vivir un cualquiera en México. La delincuencia organizada crea más víctimas de las que quizá debería haber con “pagadores”, aquellos que el Gobierno acusa para dar resultados, en lugar de los auténticos delincuentes.

Hay cárceles con auto-gobierno donde se encuentra un trozo de infierno. Carteles de “vosotros que entráis aquí abandonad toda esperanza”, torturas, posesión de expedientes familiares adquiridas por la policía, desnudos crudos, tasaciones altas que los que viven con miedo pagan para comprar seguridad semanal, una pintada de la muerte cargada con la hoz… Es un sitio demasiado cruel para que tengas prohibido llorar. Una jaula donde los supervivientes creyeron morir allí; sabiendo incluso de qué forma podía pasar.

Pero esta lucha fuerte y dolorosa no ocurre solo dentro de la prisión. Las autoridades mienten y extorsionan también fuera de esas paredes. Enfrentamientos todos los días, toques de queda o de repente no ver a tu hija volver. Eso también es apresar.

El film muestra dos mujeres oprimidas que a pesar de no tener nada en común, no han sentido el tiempo cohibidas por el miedo. Y cómo el amor por sus hijos es motivo de fuerza, negándose a que su daño llegue hasta ellos.

El guión son los testimonios de ellas mismas, recuerdos de su memoria que lo hacen personal. Al mismo tiempo, tras un sonido de grillos, enseña un autobús repleto donde parece que el que habla puede ser cualquiera.

Es alegórico y está muy bien pensado: un relámpago cae tras una frase dolorosa, la carpa de un circo se zarandea después de un mal recuerdo… Es un documental personal, en cuanto a que las narradoras son personas específicas y a la vez que universal, pues cualquier mexicano puede tener una historia así tras el rostro. Pero la visión principal es una carretera que se recorre, con altos policiales en las gasolineras. Los planos del parabrisas tienen lluvia y ventisca porque a pesar de que queda camino por recorrer éste no va a ser fácil. Entre telas y actuaciones coloridas la gente deja el tramo recorrido atrás, riéndose de lo más absurdo.

La película es un recordatorio de que un amor puede tenerte cuerdo e incluso asustarte o soñar. Es evidencia de cómo algo más grande puede hacer llover sobre una cabeza y cómo el dinero trae respeto y éste, poder y seguridad. Tiene un buen cierre, está lleno de metáforas y de acústicos suaves y preciosos. Diría casi que es poesía visual. Una proyección completa y llena de detalles, que a pesar del optimismo que puede dejar entrever entre las nubes no me dejó un buen sabor de boca. No me arrepiento de haberla visto pero creo que es de verla solo una vez.

Erantzuna idatzi

 

 

 

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