Crítica: Skin

Por Iker Hervás

Posiblemente estemos ante el cortometraje que más ha conmocionado al público; el detonante de que muchos se hayan llevado las manos a la cabeza y se hayan retorcido en las butacas del mismísimo teatro Victoria Eugenia. Hablamos ni más ni menos que de Skin, un corto que nos arrastra y atrapa con la dura realidad que a día de hoy es vivida en el mundo, llegando a lo más sensible de nuestro ser con un atroz y desgarrador final.

Siendo el hábito algo que nos constituye, esto marcará tanto el comienzo como el final de la obra en la que el hijo de nuestro protagonista, juega un papel fundamental. Siguiendo los pasos de su padre, el cual hace evidente su dominio tanto en la casa como fuera de ella, y siendo éste quien toma la última decisión, involucra al joven en un ambiente nada apropiado para él. Este entorno repleto de armas y demás, dejan entrever la ideología y postura a la que el padre y sus amigos pertenecen; a la cual el joven es arrastrado haciéndole partícipe de ello desde la total y absoluta ignorancia.

Tras acertar disparando el niño, y tras apostar dinero a si éste lo haría o si no, apreciándose aquí ciertas conductas y pautas de comportamiento, éstas darán lugar a diversos conflictos y discriminaciones tales como la xenofobia y el racismo. Este tipo de morales no reflexivas en la que estos pandilleros se encuentran inmersos y en la cual tienen una forma de ser en la que no todo les da igual, provoca que sigan este tipo de valores y normas decadentes que comentábamos antes; algo que se hace palpable tras la excursión y llegada al supermercado en la que un hombre negro sonríe y hace reír al chaval.

El padre, tras increpar e insultar al hombre, agrede al sujeto junto con su banda a la salida, dejando al desfavorecido de él inconsciente en el aparcamiento, donde su mujer y su hijo son testigos desde dentro del habitáculo del vehículo. Pese a que la mujer de éste primero trató de evitar la disputa convenciendo a su marido de que dejara estar el asunto, no es algo que sirviera de mucho en un ambiente en el que la mujer ocupa un segundo plano y en el que no es poseedora de autoría alguna. Emprendiendo la marcha a casa, ambos niños cruzan la mirada, y se da pie a una gran reflexión ética, donde no es lo mismo hacer algo por ignorancia que ignorando lo que se hace; pues una postura puede llegar a exculpar mientras que la otra no.

Tras continuar coaccionando el agresor a su joven hijo con indecentes actividades, es secuestrado en su llegada a casa. Se infiere que los secuestradores son conocidos del agredido anteriormente, a los cuales el hijo de éste habría llamado para vengar a su padre. Esto hace nuevamente suscitarnos y preguntarnos sobre el valor que la justicia y la equidad tienen, junto con la importancia de los valores de los cuales las personas somos poseedoras.

Centímetro a centímetro es tatuado de color negro el cuerpo entero del susodicho protagonista de esta historia, donde tras ser arrojado de nuevo a su casa, y no siendo éste reconocido por su mujer, provoca que la tragedia se masque. Tanto un disparo como la muerte aguardan a manos de su hijo; sus propias ideologías y hábitos habían marcado su final.

 

Erantzuna idatzi

 

 

 

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