Cargar con el pasado

Por Xabier Britt

Todos recorremos un camino, un camino del que podemos estar más o menos orgullosos, pero uno que nos acompaña. Ese es un peso con el que debemos cargar, el peso del pasado. Condena, bendición o indiferencia puede significar algo distinto para cada uno, incluso podemos intentar olvidarlo o enterrarlo, pero acaba volviendo.

Soinujolearen semea (2019), Fernando Bernués nos trae la adaptación de la novela de Bernardo Atxaga del mismo nombre. Película que causará sin duda un remolino de emociones y recuerdos en cualquiera que la vea. El director trae a la pantalla, más allá de otra perspectiva de lo que supuso el conflicto armado en el País Vasco, una reflexión sobre el pasado.

Por un lado, tenemos la dimensión histórica de la lucha armada durante la dictadura y lo que esto supudo. No podemos, ni debemos olvidar las atrocidades sucedidas tras la dictadura. De todas maneras, la historia que se nos narra es la de una familia y un grupo de amigos, es el relato de cómo afectan los conflictos y los duros golpes de algo tan terrible como la dictadura y la lucha armada en la relaciones y las vidas de las personas.

Me gustaría utilizar una metáfora que el propio Bernardo Atxaga utiliza para describir la naturaleza y el objetivo de su obra, ambas respetadas y plasmadas de manera brillante por el director en la película. Cuenta Atxaga que un día vio en Bilbao como derruían un edificio con una bola de demolición, situación que le generó mucha curiosidad. Por ello, cuando acabaron, ya por la tarde decidió volver al edificio para ver cómo había quedado. Pero no se quedó fuera, quiso entrar, y lo hizo. Se puso a inspeccionar la cocina y se dio cuenta de que todo había cambiado de lugar. La mesa se encontraba en lugar en el cual solía estar el frigorífico, el frigorífico estaba en la otra esquina de la habitación, las sillas del comedor estaban ahora tiradas por el suelo de la cocina,… La enorme bola de acero golpea en repetidas ocasiones al edificio cambiándolo por completo. Tanto por fuera, que es lo que solemos ver, como por dentro, visión que por lo general no solemos obtener. Cada golpe cambia la manera en la que las habitaciones del edificio están ordenadas, para el escritor, lo más habitual es que recibamos la imagen del edificio por fuera, el como quedó, qué se rompió, qué grietas aparecieron o qué cimientos colapsaron, pero rara vez se nos muestra el estado de las habitaciones por dentro. Y eso es lo que cree que ocurre con la mayoría de historias que hemos recibido sobre el conflicto armado, que se nos muestra la parte de la acción, de lo que ocurre con la lucha, pero no como afecta esto a los interiores: las relaciones, la familia y las amistades. Esto es lo que pretenden enseñarnos, cómo afectan los golpes en una escala menor, pues en definitiva la película podría entenderse como una conversación entre dos viejos amigos.

Otro aspecto que hace de esta obra algo digno de ver es que la metáfora no se limita sólo al conflicto narrado en cuestión, sino que es ampliable a la vida normal de cualquier persona. Todos somos golpeados a lo largo de nuestras vidas ya sea por la muerte de un ser querido, por un cambio repentino, por la pérdida de un amor, por una decepción; y estos golpes a veces solo son visibles por fuera, pero no debemos olvidar que cada golpe nos sacude por dentro, cambiando la manera en la que ordenamos nuestras vidas y la manera en la que interactuamos con el mundo. Algo que en ocasiones no se ve con tanta facilidad.

Por otro lado, y para finalizar, me gustaría rescatar una reflexión sobre el pasado que la película generó en mí. He de admitir que es una cuestión que siempre ha sido de gran interés personalmente, por lo que fui fácilmente atraído por este tema de la película. ¿Debemos deshacernos del pasado?¿podemos hacerlo? Esta es una de las ideas que recorren toda la obra. Nuestro protagonista, David, huye a Estados Unidos por culpa de un pasado que lo atormenta y que quiere olvidar, pues no supone más que dolor para él. Pero al final, cuando la hora de su muerte se acerca, el pasado le hace una visita en forma de su antiguo amigo Joseba. Podría ser coincidencia, una metáfora, pero la cuestión es que el pasado siempre vuelve. David parece haberse deshecho del pasado durante cierto tiempo, pero la realidad es que nunca a dejado de ser una carga en su maltrecho y débil corazón. Por lo que, ¿cuál debería ser nuestra actitud hacia este? Debemos aceptar la carga. Esto no significa que debamos torturarnos con él o aceptar que sea algo que cause un sufrimiento constante. Es una carga más, un peso a aceptar, el camino recorrido. Si intentamos deshacernos de ese peso o de enterrarlo, lo que antes era una carga, ahora son dos: el pasado y el miedo y la incertidumbre de no saber cuándo regresará. El protagonista, por suerte, pudo hacerse cargo de dicha carga al final de su vida, pero quizá tú no tengas esa suerte. Afrontemos el pasado, aceptemos su peso, seamos conscientes de que una vida sin peso no deja un camino detrás. Los errores, las historias, las relaciones, las amistades y los recuerdos, todos forman parte de ese peso que hace que podamos dejar huella. El pasado no es más que otro peso que marca nuestro camino.

Erantzuna idatzi

 

 

 

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