¿Qué es ser un italiano de verdad?

Por Xabier Britt

La xenofobia es una de las sombrías manos que nos acechan desde los rincones más oscuros de nuestras sociedades. Poco a poco, y sin que nos demos casi cuenta, ha empezado a tomar control sobre nuestros cuerpos al igual que una serpiente que rodea y estrangula a su presa. Un depredador que saca partido de los miedos de aquellos que buscan en las palabras de odio una solución a sus problemas.

El cortometraje Giovani italiani (2018) nos muestra de manera “cómica” una situación que todos hemos sido capaces de ver últimamente. La cinta tiene como objetivo ridiculizar los clichés que rodean la idea de pertenecer a una nación. Y nos lo muestra con la intervención de un funcionario en una clase de niños italianos de origen inmigrante, reflejo de una realidad social que ya es incontestable: la multiculturalidad. El funcionario incapaz de comprender que dichos niños sean italianos, a pesar de haber nacido en Italia y considerarse a sí mismos como italianos, trata de convertirlos en verdaderos italianos dictandoles las características que un verdadero italiano debería tener:

  • Comer pasta dos veces al día
  • Animar a la selección de fútbol
  • Considerar a Italia el sitio más bonito
  • Amar todo lo italiano

Sí, es absurdo y una hipérbole, evidentemente, pero apunta a cómo se ensalza  lo propio y se desprecia lo ajeno. Pretende que los niños abandonen toda su herencia cultural y adopten toda la italiana para así poder considerarlos italianos. Este proceso de homogeneización choca frontalmente con la realidad que vivimos, un mundo globalizado y multicultural, y sociedades en las que múltiples culturas conviven. Muchos ven esto como una amenaza para su estilo de vida, otros asocian la llegada de inmigrantes con un peligro ya sea por prejuicios racistas o por la información que reciben de los medios. Y siendo Italia un país de llegada para muchos inmigrantes y refugiados, la preocupación de los ciudadanos aumenta y se vuelve un objetivo fácil para aquellos que pretenden propagar la xenofobia. Los políticos tratan de sacar rédito de esta situación y dichos miedos para hacerse con el poder, dejando en el camino una sociedad cada vez más racista y más llena de prejuicios.

Por un lado, están el racismo, los prejuicios y los motivos por los que los políticos intentan movilizar a los ciudadanos y convertir sus miedos en un rechazo a los otros; pero podemos ir más allá. Bajo todo esto podemos encontrar un debate sobre lo que consideramos una nación o lo que significa pertenecer a esta. ¿Qué significa pertenecer a una nación? Si lo vemos desde la visión romántica de la nación diríamos que es italiano aquel que viva y haya nacido en Italia o viva dicha cultura; y si lo viéramos desde la visión revolucionaria o ilustrada, diríamos que ser italiano es producto del acuerdo, de haber acordado pertenecer a una nación y asumir un contrato. Es un debate que tiene vigencia, y es importante. Pero el mundo ha cambiado mucho, vivimos en una época marcada por la comunicación, la mezcla, la globalización y la multiculturalidad. La realidad es complicada y tiene muchas capas, una respuesta totalizante difícilmente puede responder de manera adecuada a dicha realidad. La homogeneización cultural no es el camino a seguir, nos lleva a absurdos y a la discriminación además de cegarnos y no dejarnos ver el privilegio que supone poder compartir tantas culturas al mismo tiempo.

El cortometraje cumple de maravilla su objetivo, hay momento en los que arranca una carcajada de toda la sala, pero esta desaparece en cuanto una sensación familiar nos recorre el cuerpo. La risa es sustituida por la preocupación y la reflexión cuando nos damos cuenta de que hay algo familiar es las absurdas palabras del funcionario. Efectivamente, hemos escuchado esto antes. Por muy increíble que parezca estamos rodeados de ideas que nos recuerdan a las del funcionario. Todos las hemos escuchado en las tertulias, en la calle, en las cafeterías,… Once minutos, once minutos nos bastan para darnos cuenta de que algo está mal, para darnos cuenta de que lo absurdo que suena dicho funcionario debería poder existir solo en la ficción. Es hora de que arrojemos luz y espantemos la sombra del racismo.

Erantzuna idatzi

 

 

 

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