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Parque Jurásico, sólo en el cine

Un mosquito fósil que contenía  restos de la sangre de un dinosaurio al que había picado instantes antes de quedar atrapado en una gota de ámbar, daba inicio al argumento de la novela y película tituladas  “Parque Jurásico”. En el guión, unos “aventajados” científicos conseguían obtener,  a partir del mosquito “picador”, DNA del dinosaurio picado, de suficiente calidad como para utilizarlo para realizar un proceso de clonación y llegar a conseguir varios ejemplares “resucitados” de varias especies de dinosaurios. Estos ejemplares de dinosaurios recuperados de la extinción constituían un parque temático pensado para el disfrute, que finalmente sucumbía a la inteligencia y la voracidad de algunos de sus ejemplares más espectaculares. Sabemos que se trata de ciencia ficción, pero algunas personas se preguntan si la recuperación de los dinosaurios sería técnicamente posible.

Veamos: para conseguir clonar un dinosaurio, necesitaríamos (además de mucho dinero) una muestra no degradada de DNA de dinosaurio, un oocito “compatible” en el que introducir ese DNA (no tengo claro qué especie actual podría ser candidata para recibir el DNA de un dinosaurio), y un sistema de gestación adecuado para que el desarrollo del dinosaurio-embrión suceda adecuadamente.

Un trabajo realizado por un grupo de investigadores dirigidos por Morten E. Allentoft y Michael Bunce, ambos de la Universidad de Murdoch (Australia), y que ha sido publicado en la revista Proceedings of the Royal Society el 16 de Octubre del 2012, ha indagado sobre la primera de las limitaciones (la calidad del DNA) y han llegado a la conclusión de que un DNA de más de 6,8 millones de años estaría completamente degradado. Dado que los dinosaurios se extinguieron en el Cretácico, hace aproximadamente 65 millones de años, según los resultados alcanzados por estos investigadores sería improbable obtener DNA de buena calidad como para crear los “dinoparques”. Pero veamos qué es lo que han analizado y concluido los investigadores australianos.

El grupo de investigación parte del conocimiento ya existente de que el DNA se degrada de manera natural en un organismo vivo, y aún más en uno muerto. Es natural que en un organismo vivo se produzcan roturas en el DNA: se trata de una larga molécula con dos hebras enrolladas una sobre otra, como si de una gran escalera de mano se tratase; cuando el DNA es utilizado como fuente de información o como molde para su replicación, las dos hebras se separan y se usan. Fruto de su  uso, es frecuente encontrar roturas en algunos travesaños de la escalera (frecuentes pérdidas de bases púricas) e incluso roturas en el esqueleto (en los laterales de la escalera). En un sistema vivo, estos desperfectos son habitualmente reparados por enzimas de reparación que existen en las células. Sin embargo, cuando las células mueren las enzimas de reparación dejan de existir y la acción de agentes químicos y físicos (como el pH, la radiación ultravioleta, la presencia de agua, etc) o de agentes biológicos (como la acción de microorganismos que actúan durante la descomposición), genera constantes roturas en la molécula y su progresiva degradación. Pero, ¿cuánto tiempo tarda en degradarse en DNA fósil?

Grabado de una moa gigante (delante) y referencia respecto a la altura de un humano

El trabajo que han llevado a caboel equipo australiano intenta responder a esta pregunta. Para ello, utilizando la técnica de la qPCR, han analizado el número de copias relativas que se obtienen a partir de un pequeño fragmento de la región de control del genoma mitocondrial (un fragmento de 242pb) en muestras de moas fósiles (las moas son unas grandes aves, de unos 3 metros de alto, que vivían en Nueva Zelanda y que se extinguieron hace unos 500 años). Los investigadores han analizado 158 muestras de tibias izquierdas de fósiles de moas que se encuentran en 3 yacimientos de Nueva Zelanda, separados entre sí por apenas 5 km. El equipo ha estimado la edad de cada fósil mediante el método de datación del C14 y ha llegado a la conclusión de que los fósiles analizados provienen de hace 600 a 8.000 años. Como la ubicación de los 3 yacimientos es muy cercana entre sí, suponen que todos los restos han estado sometidos a las mismas condiciones ambientales y, por tanto, utilizan los 158 fósiles como si la única variable diferente entre ellos fuese el tiempo que llevan como tales.

Con los resultados de la qPCR, han estimado los valores relativos del número de copias “completas” que había en cada fósil y han establecido una fórmula matemática que explicaría la cinética de degradación del DNA fosilizado. Sus conclusiones han sido que, a una temperatura de 13ºC, la vida media del DNA es de 521 años (en 521 años, la mitad de los enlaces del DNA estarían rotos; en los siguientes 521 años, la mitad de los que habían quedado intactos se habrían roto; y así sucesivamente). Según esta estimación sería prácticamente imposible (altamente improbable) encontrar DNA intacto tan pequeño como 174 bp de largo en fósiles del Cretácico. Matemáticamente estiman que, sin embargo, a -5ºC (en los hielos de Groenlandia, por ejemplo) se podrían conseguir muestras de DNA de unos 30 pb de largo (fragmentos bien pequeños!), de hace 450.000-800.000 años.

Así pues, parece improbable que el DNA de fósiles extinguidos hace cientos de miles de años pueda utilizarse para clonar esas especies, aunque quizás sí sería posible analizar pequeños fragmentos de DNA para conocer su secuencia. Según este grupo de investigación, en especies extinguidas hace más de tiempo (como los dinosaurios), ni eso.

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