El Modus Apparendi: propuesta de una delimitación taxonómica de la Firma del criminal.

Móvil y motivación

Para entender adecuadamente el concepto de Modus Apparendi (MA) sería preciso distinguir, en primer lugar, entre el móvil de un crimen, definido como el objetivo que se pretende alcanzar, normalmente económico y, por otro lado, la motivación, entendida como la fuerza tractora de carácter emocional que le impulsa a un individuo a cometer un delito. Pueden ser fuerzas tractoras el narcisismo, el deseo de venganza, los celos, determinadas fantasías sexuales, u otros aspectos psicológicos que el delincuente necesita expresar o satisfacer. En este sentido, igualmente podemos considerar variables motivacionales las impulsadas por diversas patologías, en virtud de las cuales, algunos individuos pueden llegar a mostrar claras tendencias criminales, como pudiera ser en algunos casos de esquizofrenia paranoide, la gerontofilia, el trastorno antisocial de la personalidad, etc.

Desde este punto de vista, el modus operandi (MO), entendido como el conjunto de estrategias orientadas a culminar con éxito un crimen, va estar fundamentalmente vinculado al móvil del delincuente. Sin embargo, hay una serie de comportamientos y acciones llevadas a cabo en el contexto de la acción delictiva que, en contraposición a la funcionalidad del modus operandi, revelarían esa fuerza tractora emocional a la que aludíamos. De hecho, las podríamos considerar como un factor de riesgo en la comisión del delito, toda vez que el criminal suele necesitar un tiempo adicional para expresar sus emociones, una determinada fantasía o dar rienda suelta a las inclinaciones desencadenadas por el trastorno que padece. Este catálogo de comportamientos se conoce genéricamente como la “firma” del delincuente, pero en no pocas ocasiones se solapa con otras manifestaciones, como pueden ser los elementos rituales o la escenificación. Con el fin de aclarar y acotar conceptos nuestra intención es proponer como categoría genérica un nuevo epígrafe que denominaremos modus apparendi y que englobaría el ritual, la firma, la escenificación y la sintomatología.

Etimología del modus apparendi

Lo hemos denominado de tal forma atendiendo a la acepción que el diccionario Vox ofrece del verbo de la 2ª conjugación appareo-ui-itum que significa aparecer, ser visible, mostrarse. Morfológicamente, apparendi, es un gerundio en caso genitivo que funciona como complemento del nombre, acompañando en nuestra propuesta a “modus“, y que tiene mucha tradición con expresiones como “ars dicendi”, ‘el arte de hablar’ o nuestro criminológico modus operandi.

Veamos un ejemplo de cada una de estas expresiones de la motivación criminal.

Elementos rituales

A lo largo de la historia algunas sociedades han buscado el favor de los dioses mediante el sacrificio de seres humanos o, hasta nuestros días, se han hecho valer de la tortura para diferentes propósitos. Estas macabras técnicas y procederes, por alguna oscura razón, emergen con crueldad en las fantasías asesinas de algunos criminales.

Sin duda sobrepasó con creces el guion más abominable, el ritual asesino con el que Antonio Anglés y Miguel Ricart torturaron a las niñas Miriam, Antonia y Desiree en la localidad valenciana de Alcasser. En una casa abandonada, fueron atadas a un poste situado en el centro de la estancia. Una vez inmovilizadas, y según se detalla en el epígrafe de “hechos probados” de la sentencia, arrojaron a Antonia al suelo para violarla repetidamente anal y vaginalmente. La misma suerte corrieron las otras dos menores en momentos diferentes mientras las otras chicas contemplaban horrorizadas la escena atadas al poste. Además, fueron sometidas a golpes y toda suerte de vejaciones llegándole a arrancar a Desiree su pezón derecho con unos alicates. La terrible tortura acabó cuando les dispararon un tiro en la cabeza junto a la fosa donde fueron enterradas. En casos como este no hay ninguna otra pretensión por parte del criminal, salvo satisfacer su inhumano y macabro deleite a costa del sufrimiento de la víctima.

Análisis del crimen de Alcasser en el programa de ETB “El lector de huesos”

Por otro lado, en ocasiones, los elementos rituales en un asesino en serie no están directamente relacionados con comportamientos externos observables, sino que tienen más que ver con mecanismos internos de preferencia en relación a la elección de la víctima: un color de pelo, una profesión, una apariencia, etc.

Escenificación

Vamos a entender este componente del modus apparendi como el conjunto de conductas llevadas a cabo por un asesino, orientadas a manipular y disponer en determinadas posturas el cuerpo de la víctima. Por regla general, son dos tipos de intenciones las que le llevan a un criminal a realizar este tipo de intervenciones en la escena del crimen. Por un lado, imaginarse que la víctima no está realmente muerta, solo durmiendo. Esta disposición suele revelar que existía algún tipo de vínculo familiar o afectivo entre la víctima y su asesino o asesina. Entrecruzar las manos, depositar el cadáver en una cama o adornarlo con algún tipo de complemento usado en vida por la víctima suele ser el reflejo psicológico de un posible remordimiento por parte de la persona que ha cometido el crimen. Nótese que con esta escenografía se presentan los cadáveres a los familiares en los ritos de duelo en la mayor parte de las culturas.

Por otro lado, y con una intención diametralmente opuesta, el asesino puede resolver colocar el cadáver en una posición vejatoria o humillante con el macabro propósito de provocar, ofender, desafiar y herir la sensibilidad de la sociedad. En el trabajo de Douglas y colaboradores (1986)[1] relata el caso de una mujer cuyo cuerpo desnudo fue descubierto en el rellano del edificio donde vivía. Había sido golpeada brutalmente en la cara y estrangulada con la correa de su bolso. Sus pezones habían sido cortados después de muerta y colocados sobre su pecho. En el interior de su muslo el asesino había escrito “No puedes detenerme”, además de introducir un paraguas en la vagina y colocar un peine en el vello púbico de la víctima. Espeluznante.

 

En resumen, la primera opción de la escenificación tiene fundamentalmente un carácter simbólico, puede revelar un vínculo entre víctima y asesino y tiene una función introspectiva, al contrario que la segunda opción que tendría una intención depravadamente exhibicionista.

Analizando la escenografía de un crimen en la serie True Detective. [2]

Sintomatología

Con esta nueva forma de modus apparendi nos estamos refiriendo a aquellas huellas psicológicas que son reflejo de una patología, un trastorno o una desviación comportamental. La gerontofilia, la piromanía, la pedofilia, la psicopatía, etc. son manifestaciones psicológicas desviadas y con relevancia clínica, que expresan las motivaciones más oscuras y perversas de la mente humana y que pueden verse reflejadas en la elección de las víctimas, en la perversidad de las acciones llevadas a cabo o la gratuita brutalidad de la violencia empleada. Cabe decir, no obstante, que existe una cierta tendencia a encorsetar en un diagnóstico clínico la atrocidad de algunos crímenes, pero lo cierto es que, en su mayoría, están perpetrados por individuos, sin duda desviados de las normas sociales, pero plenamente conscientes de sus actos y con capacidad para no haber elegido ese camino.

Firma

Entendemos la firma del delincuente como una forma de mostrarse ante la sociedad, la opinión pública o ante los agentes responsables del caso. Desde esta perspectiva, a su vez, podemos identificar dos versiones diferentes de firma: Por un lado, lo que podríamos entender como una “tarjeta de presentación” con la que, de alguna forma, el criminal reclama la “autoría” de su “obra”. En este sentido, la correspondencia mantenida con la prensa por el conocido como asesino del Zodiaco es una clara manifestación de esta suerte de “tarjeta de visita” del delincuente. Este asesino escribió tres cartas casi idénticas que envió a otros tantos periódicos en las que reconocía sus tres últimos crímenes hasta ese momento e incluía un criptograma de 360 caracteres en el que, supuestamente, desvelaba su identidad. Sin embargo, hoy día todavía se desconoce quién fue el asesino del Zodiaco.

Símbolo utilizado como firma por el asesino del Zodiaco.

 

La segunda categoría de firma la podríamos denominar “seña de identidad” ya que, en este caso, el delincuente no tiene un afán ni propósito de reivindicar su autoría, pero la podemos reconocer mediante sus acciones. Si nos encontramos en el contexto de una investigación policial una serie de asesinatos en serie en los que, a las víctimas, todas mujeres, se les ha introducido un objeto por vía vaginal post mortem, después de amputarles un dedo de la mano izquierda, parece bastante obvio que todos los crímenes han sido obra del mismo autor si atendemos a la peculiar secuencia de elementos rituales detallados.

 

Algunas aclaraciones finales

Llegados a este punto cabe subrayar algunas consideraciones relevantes. La primera de ellas es que el modus apparendi no tiene por qué permanecer invariable en el tiempo. Efectivamente, en algunos casos de violación en serie se ha observado que el agresor aumenta progresivamente el grado de violencia empleada. En otros casos de semejante naturaleza se ha podido comprobar que las ataduras que comienzan simplemente como una forma de inmovilizar a la víctima, acaban convirtiéndose en una deseada perversión.

Por otra parte, cabe destacar que algunos elementos del crimen pueden funcionar tanto como MO, como MA. Efectivamente, en otro caso de violador en serie referido por Hazelwwood y Warren (2003) [3], el atacante controló a punta de pistola y en sus propios hogares a numerosas parejas. Una vez se hacía dueño de la situación, obligaba a las mujeres a atar las manos y los pies de sus esposos con cordones. Dicha conducta se categorizaría correctamente como MO, ya que ayudó al autor a asegurar el control de dos adultos simultáneamente. Sin embargo, el hecho de que la esposa neutralice al “protector” masculino también es probable que sirviera como un rasgo ritual del crimen que excitaba sexualmente al perpetrador de estos hechos.

Finalmente, también puede darse la circunstancia de que una serie de crímenes estén desprovistos totalmente de manifestaciones propias del MA al tratarse de delincuentes impulsivos que actúan con poca o ninguna planificación y para los cuales las fantasías juegan un papel irrelevante en sus delitos.

Sea como fuere, tras el análisis de estas opciones estaremos en disposición de inferir una hipótesis sobre el motivo del crimen, su temática: el poder, la ira, la venganza, los celos…o nada de esto, y todo responda a esos casos en los que el asesino quería únicamente saber “qué se siente al matar”.

 

Para saber más: San Juan, C. & Vozmediano, L. (2018). Psicología Criminal. Madrid. Editorial Síntesis.

[1] Douglas, J.E, Ressler, R., Burgess, A. y Hartman, C. (1986). Criminal profiling from crime scene analysis. Behavioral Sciences & the Law, 4 (4), 401-421.

[2] No es mi intención infringir los derechos de autor de las imágenes utilizadas.

[3] Hazelwood, R. y Warren, J. (2003). Linkage analysis: modus operandi, ritual and signature in serial sexual crime. Aggression and Violent Behavior, 8 (6), 587-598.

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