Psicopatía de la vida cotidiana

Quizás uno de los temas más interesantes en el campo de la Psicología sea el estudio de la maldad. Obviamente existen diversos grados de maldad de tal forma que, desde un punto de vista psicométrico, nadie sería absolutamente bueno, ni probablemente, absolutamente malo.

Esta dimensión cuantitativa de la maldad la podemos observar, por ejemplo, analizando el coche de la fotografía.

 

 

Si estamos buscando una plaza de aparcamiento en un lugar donde escasean, toparse con la solución propuesta por este ciudadano puede resultar ciertamente irritante. Pero, desde un punto de vista psicológico, cabe preguntarse ¿qué le mueve a una persona a hacer algo así? Son pocas las respuestas posibles a esta cuestión y podrían resumirse en las siguientes tres opciones.

  1. Ha recibido una llamada telefónica de una banda de secuestradores albano-kosovares. Tienen retenida a su hija menor de edad y debe personarse a pie en una iglesia cercana para depositar en una bolsa de deporte una cantidad de dinero X. Por razones obvias, ha tenido que desprenderse del vehículo en el primer parking que ha encontrado.

Siendo esta la situación, se entiende perfectamente la fotografía. Pero hay otras opciones.

  1. Se trata de un individuo cuyo narcisismo y ensimismamiento le impiden asumir que vive en un planeta con otros seres humanos con los que tiene que convivir y, aparcando en esa posición, evita el riesgo de rayar la puerta de su coche con el del vecino.
  2. Es un individuo consciente que vive en un planeta con otros seres humanos, pero obtiene un oscuro placer en complicar o incluso amargar la vida al resto del mundo.

 

Tras estas consideraciones, parece claro que un rasgo de personalidad clave en el análisis de la maldad es la empatía. Y no debemos olvidar que la empatía implica, no solo reconocer e identificar las emociones que experimenta tu prójimo; también implica que su experiencia emocional te importe. Cabe decir que la segunda opción revela una total falta de empatía, pero no así el tercer caso en el que estamos hablando de un sujeto muy empático, pero que orienta esta competencia al sufrimiento y la destrucción del otro.

Para un análisis más profundo de la empatía, la conducción vial nos ofrece incontables ejemplos de lo que yo he denominado: la psicopatía de la vida cotidiana.

Quién no se ha visto dentro de un automóvil en una vía de un solo carril esperando a que una plaza de la calzada sea desocupada por un individuo que, con toda la parsimonia del mundo se toma un tiempo desesperadamente largo para arrancar su vehículo y salir mientras hace caso omiso al atasco que estás provocando tú durante la espera.  En estos casos, prevalece el psicólogo que llevo dentro y mi fantasía es aplicarle al individuo en cuestión, o al dueño del Mercedes de la fotografía, la escala de psicopatía.

Con dicha escala, para ser diagnosticado de psicópata, se necesita alcanzar una puntuación entre 25 y 30 (según los autores), de un total de 40. Lo cierto es que puede darse la circunstancia que nuestros protagonistas no alcancen dicho punto de corte, pero tiene que obtener una puntuación en todo caso muy superior a la mía, que ocupo en los parkings el espacio de plaza que me corresponde y me apresuro angustiado si compruebo que, por mi culpa, alguien a quien no conozco de nada está provocando un atasco de circulación.

Claro que, en honor a la verdad, yo puntuaré más alto en psicopatía que aquellos individuos escrupulosamente respetuosos con la cola del autobús ya que esta norma básica de urbanismo no es una de mis virtudes. Y, en fin, todos los citados puntuaremos más bajo que el banquero despiadado que saquea la entidad para la que trabaja antes de pedir su rescate y este, a su vez, probablemente puntúe más bajo en psicopatía que depredadores como Niels Högel, alias “el enfermero de la muerte” el mayor asesino en serie alemán desde la segunda guerra mundial.

Llegados a este punto, podemos concluir que la psicopatía es un rasgo de la naturaleza humana que lo vemos manifestarse en múltiples gestos de la vida cotidiana, pero en aquellos individuos que superan cierto umbral se convierte en un grave problema para las personas de su entorno social y familiar.

¿Podemos cambiar la naturaleza humana? …ojalá todo se redujera a la proclama de Tolstoi: “No hagáis el mal y no existirá”.

 

Para saber más: San Juan, C. & Vozmediano, L. (2018). Psicología Criminal. Madrid. Editorial Síntesis.

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