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FABULARIO: Daniel Tamayo expone en el museo de Bellas Artes de Bilbao

expo tamayo ok

A partir del lunes 14 de marzo va a estar abierta la exposición de Daniel Tamayo titulada Fabulario en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Para tal exposición Daniel  ha escrito  el siguiente Bosquejo autobiográfico

Nací en el atardecer caluroso del 15 de agosto de 1951, festividad de la patrona de Bilbao, Begoña, y así me hubiesen llamado de haber salido a la luz contrariamente a mi condición de varón.

Mi afición por dibujar, me contaron mis mayores, afloró temprano y fue recibida en mi entorno como una rareza más que sumar a mi carácter retraído y mi actitud ausente. La primera noción de la existencia de un universo artístico me la transmite una tía mía en el invierno de 1960. Ella me proporciona libros de maestros clásicos de la pintura, difíciles de  encontrar en aquella época, más aún en un ámbito humilde al que yo pertenecía.

Con doce años visito por primera vez un museo. Una soleada tarde del Domingo de Resurrección de 1964 decido acudir al Museo del Parque. El conserje de la entrada me somete a un apurado interrogatorio preguntándome cuantos años tengo y me advierte que dentro hay cuadros con imágenes inapropiadas para la gente menuda si no va acompañada de sus padres. Al final me deja pasar. Me llama la atención el sonido de las suelas de mis zapatos sobre las pulidas baldosas del suelo. Siento una traviesa emoción al

perderme por las salas solitarias, sin apenas vigilancia. Me estremecí al ver escenas de martirios en la sección de pintura antigua. Me sorprende el tamaño de San Sebastián curado por las santas mujeres de Ribera; ignoraba que se pudiesen pintar figuras tan enormes. Por alguna razón entonces asociaba la calidad de la pintura con cierta negritud tenebrista, con ese alo oscuro de misterio. En ese sentido me fascinó una cabeza de hombre de Jordanes, especialmente el sutil brillo de su mirada. Es la primera vez que advierto que la pintura es materia sobre una superficie física. Lo que yo había visto hasta entonces eran fotografías, no pinturas.

Guardo un especial recuerdo de El paria de Echevarria y  El ciego de Calatañazor de Gustavo de Maeztu a quien mi padre sirvió como modelo en su estudio de la calle Egaña poco antes del inicio de la Guerra Civil.

Ya al final de mi visita descubro emocionado unos paneles repletos de goyas. Creo que son dibujos a plumilla: Ignoraba lo que era un grabado y que esas mismas estampas pudiesen estar en otros museos. Poco antes, frente a La visita inoportuna de Zamacois , creí entender la advertencia moral del conserje.

Tras el bachillerato (1961-1967), comienzo estudios de aparejador, que pronto abandono (1967-1968). Aborrecí entonces el dibujo técnico pero con el tiempo el conocimiento de esta disciplina me aportaría cierta habilidad para dibujar las estructuras geométricas tan habituales en mis obras.  Animado por un amigo mío intento abrirme paso como dibujante publicitario. No lo consigo pero me sirve para experimentar con técnicas relacionadas con la profesión (1968-1969).

Mi hermano me regala un libro de El Bosco. Visitamos juntos las Salas de Arte Flamenco de El Prado en Madrid. La visión de las delirantes figuras del Jardín de las Delicias determina mi pasión por la pintura de contenido fantástico (1966). También compra un libro extraño, de cuyo contenido discute ardientemente con sus colegas; se titula Quosque Tandem. Apenas si retengo el nombre del autor. Las imágenes de Arte Moderno que figuran en el mismo me resultan inquietantes. ¿Es eso Arte? Silencio (1967).

Poco después peregrinamos al monasterio de Aranzazu. Ahí, frente a la entrada, aparecen unos apóstoles tallados en piedra que me gritan a la cara que sí, que eso es arte. Oteiza. Pero mi primera conmoción frente a una obra abstracta se produce instantes después, en el interior del templo, ante el mural de Lucio Muñoz donde la presencia de la materia en estado salvaje se combinaba con una sutil policromía. Con la boca abierta pienso que no puede existir nada más bello.

Resido durante el curso 1969-1970 en Barcelona. Descubro la gran ciudad y la cultura. Acaba de inaugurarse el museo Picasso. Lo visito a menudo. También frecuento el museo de Arte Moderno de la Ciudadela y diversas galerías de arte; en ellas veo por primera vez obras de Miró y Tapies. La arquitectura de Gaudí, su sentido del espacio orgánico, deja una profunda huella en mí.

Estudio Diseño, Dibujo y Pintura en la Escuela Massana.

El verano de 1970 lo paso en Londres donde acudo con frecuencia museos y galerías. Soy asiduo de la Nacional Gallery, y, de La Tate Gallery que en ese momento recoge una muestra de Claes Oldenburg. Brasil gana el mundial de fútbol; Pink Floyd estrena Atom Heart Mother en Hide Park; Los Beatles nos han dejado definitivamente.  

En otoño de ese mismo año descubro que quiero ser artista y decido irme a París a trabajar. En esas estamos cuando me entero de que se va a crear una Escuela de Bellas Artes en Bilbao. Apruebo el ingreso. Mis experiencias en los dos primeros cursos 1971-1972 son fundamentales en mi formación estética. Descubro el arte vasco del momento y abrigo el propósito de ser un digno legatario suyo. Convivo por vez primera con artistas, les veo trabajar y estoy atento a sus opiniones.

Tras mi paso por la escuela entre1970-1975 he compatibilizado las actividades docente y artística. Doy clases, primero en colegios, luego en centros públicos de bachillerato y, desde 1980 hasta la actualidad, como profesor de Pintura en la Facultad de Bilbao. Compartir estas dos actividades, la de enseñante y pintor, es una suerte; siento que mi relación con los alumnos me ha enriquecido como persona. Una de las satisfacciones más plenas me la aporta la gratitud del alumno, aunque ésta casi nunca se manifiesta de manera explícita.

A lo largo de mis años como artista he expuesto en múltiples ocasiones. Dentro del apartado individual señalaré Paisajes (Bilbao, sala de arte Gran Vía 21 de la Caja de Ahorros Vizcaína, 1981), Dibujos 78-82 (Aula de Cultura de la Caja de Ahorros Municipal de Bilbao, 1983), Proyecto (Bilbao, sala de exposiciones BBK, 1990), Las flores del Limbo (Bilbao, Windsor Kulturgintza, 1990; Madrid, Galería Miguel Marcos, 1991), Escenas del Purgatorio (1994), Txingoteak (Bilbao, Aula de Cultura BBK, 1995), Archipiélago (Zara- goza, Galería Antonia Puyó, 1996), Iconesia (Bilbao, Windsor Kulturgintza, 1997), Imaginarias (Bilbao, Aula de Cultura BBK, 2005), Bambalina (Bilbao, Ilustre Colegio Oficial de Abogados del Señorío de Bizkaia, 2007) y Lamiaren ametsa (Bizkaia, Kultur Leioa, 2009).

He pintado hasta el día de hoy porque he creído que merecía la pena hacerlo. A veces pienso que, ante todo,  la pintura ha sido un refugio donde guarecerme, un laboratorio en el que construir mundos de fantasía repletos de juguetes y mostrarlos cuadro a cuadro. Me siento protagonista de una gran aventura, única y trascendente, donde los pinceles sustituyen a los remos en el espacio del cuadro, como un Odiseo enfrentado a la incertidumbre del inmenso océano.

No sé que rumbo tomaré tras Fabulario. La fantasía siempre nos tienta con nuevos territorios que explorar. Por mi cabeza fluyen estructuras geométricas que me evocan momentos  muy  intensos de mis primeros pasos artísticos, cuando me acerqué al formalismo escultórico, al que tal vez prematuramente, dejé  pronto de lado. Es como volver a un paisaje amado que redescubres con otra mirada, más serena, a un lugar del arte que te acoge con ternura y que te invita a quedarte a vivir en él.

Casi medio siglo después de aquella mi primera visita como tierno infante tengo la satisfacción de acudir a este entrañable museo para mostrar mi trabajo Fabulario. Será el espectador quien a partir de este momento y a través de su mirada, reanime los colores, recree las formas y construya su propia ficción, completando así el ciclo creativo de la pintura.

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