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ETA CARINAE: 17 de Septiembre. Raisa Alava y Ander Sagastiberri exponen en la Sala de exposiciones de las Juntas Generales de Bizkaia

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Este jueves 17 de Septiembre, a las 19.oo, va a tener lugar la inauguración de la exposición de Raisa Alava y Ander Sagastiberri

titulada “ETA CARINAE”, en la Sala de Exposiciones de las Juntas Generales de Bizkaia

Borja Tundidor nos habla de esta manera de los dos artistas:

RAISA

A Raisa la conocí en el desierto, en una noche en que no hacía falta levantar la cabeza para ver las estrellas. Fue un viaje súper largo; ¡recuerdo que hasta tuvimos que atravesar una base de prácticas militares! Todo esto mientras en la radio sonaban unos versos que hablaban de cómo los infinitos bloques que conforman la ciudad nos vuelven, poco a poco, locos. Fue un viaje iniciático a un lugar primigenio, lejos de la contaminación lumínica que impide vernos el color de las auras. He conocido otros artistas a lo largo de los años pero nunca de este modo. Y, sobretodo, nunca ha sucedido que cuando, semanas después, la obra de ese artista es descubierta, haya remitido a ese día, a ese primer encuentro. Raisa no se anda con rodeos, en cada una de sus piezas se puede ver un pedazo de sí misma.

 

No nos vamos a engañar, contemplar los dibujos de Raisa puede infundir a veces cierto respeto. Yo, que soy un poco cobarde, ante alguna de sus láminas cargadas de alegorías prefiero no preguntar nada y dejar para más adelante cualquier posible debate sobre el apocalípsis. Otras veces, en cambio, te encuentras con afables criaturas en busca de atención que te roban siempre una sonrisa. Te mueves por la galería descubriendo el gozo y el tormento que supone estar vivo. Joder, si han habido ocasiones en las que tuve que esconder el impacto emocional que supuso el paseo por el espacio expositivo.

 

Raisa es como una rapsoda que ha visto el otro lado, que mezcla en sus dibujos la realidad que percibimos y la que da un poquito más de miedo descubrir. Su universo, tan rico y tan preciso, es compatible con innumerables adjetivos que habrá motivado en más de una ocasión que los más profanos busquen puntos en común en productos ya existentes. Estoy seguro que muchos de ellos ya la habrán comparado con Tim Burton o con la imaginería de otras culturas como pueden ser la japonesa o la africana (por eso de las máscaras y los fantasmas). Yo mismo le dije un día que me había encontrado con un monstruo que tenía unas manos que me recordaban un poco a Picasso. Creo que esto es lo peor que se puede decir de su trabajo, pero, hay que entender que el sistema de etiquetas ayuda en tiempos que, como este, llevamos una dieta de pastiches y refritos. Será cuestión de tiempo que esto se dé al revés y comparen las obras futuribles de otros artistas con el trabajo puro y autóctono de Raisa Álava. Aunque, jo, quien no pagaría por ver una reimaginación suya de, pongamos, “Fantasia”; con sus motivos vegetales, demonios y objetos animados. Pero bueno, lo mejor es que dejemos las palabras y permitamos a Raisa que nos sorprenda como quiera.

 

ANDER

Recuerdo una tarde en la que hablaba con Ander, en un bosque, bajo un árbol con forma de ostra, acerca de la estructura molecular de las cosas, de la vida. Lo cierto es que yo poco sé de física o química, pero supongo que Ander apreciaría otras cosas de aquella discusión. Puestos a adivinar apostaría por el arrojo y la emoción. Ander me ha enseñado que, sin importar cuantas leyes se rompan, el valor, a veces, es mucho más importante. Al fin y al cabo, él es el encargado de dar caza a las alimañas que se presentan en nuestros viajes, y, creo que, es la única persona que consiguió que me sentara sobre un nido de arañas tan grande como la tierra misma. Pero, volviendo a aquella tarde en el bosque, hasta que no vi los nuevas pinturas en las que Ander trabajaba, aquel chapurreo sobre dios y las partículas, era algo que recordaba como una merendola al estilo Courbet. La nostalgia y el amor siempre funcionan mejor con cierto romanticismo de “época”; pero, Ander me recordó, con su pintura, que aquello no era un bosque sino un parque en el centro de la ciudad. Me recordó que hace mucho tiempo que somos hijos de nuestro tiempo; un tiempo que tendremos que aprender a amar, a pesar de que los ladrillos suden alquitrán y nos resbalemos con el ácido que emana de los desagües.

 

Sus últimas pinturas remiten más que nunca a la psicodelia, al lo-fi, al glitch; ya sea retratando la derrota de un guerrero o una mascota lamiéndose los genitales. Azares, al fin y al cabo, que desembocan en resplandores de plasticidad. Tampoco se olvida de preocupaciones como el misterio, la mitología, y el humor, que ya infundió en proyectos pasados como los de su serie “Zentxandio”. Parece que ahora la distopía está más presente, pero, una vez más, el motor de todo esto son las presencias y sus historias. El paisaje no se entiende sin el amor, la fraternidad, y el conflicto de estos seres que hacen suya la ciudad, que son su sangre, que viven, saltan y bombean plasma por las articulaciones de la metrópoli. Estas pinturas hablan de la vida, de la juventud, de un problema del siglo 21 o del 32. ¿Cómo se supera la ciudad?

 

Quizá sea que, desde su experiencia como fotógrafo, elogia y critica el poder de la imagen publicitaria, del espectáculo orquestado, de la forma que tiene nuestro periodo de ven-dernos un estilo de vida en este momento en el que las portadas de los discos y revistas han perdido su fisicidad y ya no existen. Ahora somos nosotros quienes ocupamos ese lugar. Ahora que la imagen ya no es un objeto predispuesto al culto y la adoración, hemos encontrado en internet nuestro medio adecuado: en la imagen desechable nos sentimos cómodos. Y esta es nuestra forma de dejar la huella de la vida: con las imágenes que tomamos y nos toman por la ciudad; separado cada grupo, cada historia, por su muro favorito.

 

Bacon estaba obsesionado con la carne, y seguramente estuvo en muchos mataderos. Nosotros, los del siglo 21, puede que no hayamos percibido tan de cerca el olor y los colores de la muerte que fascinaron a los artistas pretéritos, pero, permitidme que insista, tenemos Internet. ¡Somos los primeros! ¿Los primeros en qué? Los primeros que podemos consultar un tutorial de nudos de corbata y una decapitación a cuchillo en los 15 minutos que faltan para las campanadas de fin de año. El glamour y la masacre. Es lo que se ve en muchas de los rostros que Ander dibuja y, sobretodo, en los colores que hierven en el fondo; como una amenaza silente que duerme a un click de distancia.

 

El siglo 21 nos da la opción de convertirnos en lo que queramos, y, en Internet, hemos encontrado un armario sin fondo donde elegir las máscaras que prefiramos; ya estemos a la búsqueda de estilo o de conocimiento. Ahí creo que radica el compromiso psicológico con su tiempo que puede verse en las pinturas del señor Sagastiberri. Pinta a todas las personas con armaduras. Con sus guerreros medievales lleva este concepto a su forma más literal. Pero lo mismo ocurre con los tipos duros apoyados sobre sus coches o la gente corriente detrás de sus trajes de fiesta. Barreras para digerir el mundo, entenderlo y formar parte de él. Puedo decir que, después de verme en su obra, sin los conflictos que forman solo parte de mí, he descubierto la trágica broma que es la identidad.

 

Borja Tundidor

 

 

RAISA

Raisa basamortuan ezagutu nuen, izarrak ikusteko burua altxatzea beharrezkoa ez den gau horietako batean. Oso bidaia luzea izan zen; gogoratzen dut praktikak egiteko base militar bat zeharkatu behar izan genuela! Hori guztiori irratian bertso batzuk entzuten genuen bitartean, hirian dauden bloke amaigabeei buruz hitz egiten zuten bertsoak, eta zelan bloke horiek, pixkanaka, zoratu egiten gaituzten. Iniziazio-bidaia izan zen jato-rrizko leku batera, auraren kolorea ikustea eragozten ez duen argi-kutsadura gabeko toki batera. Beste artista batzuk ezagutzeko aukera izan dut urteetan zehar, baina inoiz ere ez modu horretan. Eta, batez ere, ez da inoiz pasa, aste batzuk gerorago, artista horren obra aurkitzerakoan, lehen topaketa hori isladatuta agertzea. Raisa zuzenean doa mamira, eta bere obra bakoitzean beraren zatitxo bat aurkitzen da.

 

Argi geratu bedi, Raisaren marrazkiak begiratzeak batzuetan nolabaiteko errespetua so-rrarazi dezake. Ni, pixka bat koldarra naizenez, alegoriaz beteriko bere irudien aurrean nahiago dut ezer ez esatea eta gerorako uztea Apokalipsiaren inguruko eztabaidak. Beste batzuetan, ostera, arreta bila dabiltzan izaki xaloekin topatzen gara eta irribarre bat lapurtzen digute. Galeriatik mugitzen zara, bizitzeak dakarren gozamenaz eta oinazeaz jabetuz. Arraioa, erakustaretoan zehar nabilela inpaktu emozionala ezkutatu beharra ere izan dut zenbait unetan.

 

Beste aldea ikusi duen rapsoda moduko bat da Raisa; ikusten dugun errealitatea eta beldur pixka bat gehiago ematen duen haratago dagoena nahasten ditu bere marrazkietan. Bere unibertsoa, hain aberatsa eta zehatza, bateragarria da zenbatezinak diren adjektiboekin, eta batek baino gehiagok partekatu egingo du existitzen diren beste produktu batzuekin komunean dituzten gauzak. Ziur nago horietako askok konparatu izan dutena Tim Burtonekin edota beste kultura batzuetako imajinariarekin, hala nola japoniarrarekin edo afrika-rrarekin (maskarak edota mamuak direla eta). Nik neuk behin aitortu nion bere mounstruo baten eskuak Picassorenak ekarri zizkidala burura. Uste dut bere lanaz esan daiteken gauzarik txarrena dela, baina ulertu beharra dago pastiche eta nahasketa dieta daramagu garai honetan etiketa-sistema lagungarria dela. Hori alderantziz izatea denboraren kontua izango da, eta konparatu egingo dituzte etorkizuneko beste artista batzuren obrak Raisa Álavaren lan garbi eta autoktonoarekin. Baina, zeinek ez luke ordainduko bere be-rrirudimen bat ikusteagatik, esaterako “Fantasia”rena, motibo begetalekin, deabruekin eta objektu animatuekin. Baina beno, utz ditzagun hitzak eta laga dezagun Raisak berak nahi duen modura gu harritzea.

 

ANDER

Oroitzen dut arratsalde bat Anderrekin hizketan nintzela zuhaizti baten, ostra itxurako zuhaitz baten azpian, gauzen egitura molekularrari buruz, bizitzari buruz. Egia esan, ezer gutxi dakit fisikaz edota kimikaz, baina suposatzen dut Anderrek beste gauza batzuk aintzat hartuko zituela eztabaida hartatik. Zerbait izatekotan, emozioa eta ausardia hartuko zituen aintzat. Azken finean, bera da gure bidaietan azaltzen diren piztien ehiztaria, eta bera izan da, uste dut, lurraren beraren tamainako armiarma habi baten gainean ni esertzea lortu izan duen pertsona bakarra. Baina, zuhaiztiko arratsalde hartara bueltatuz, Couberten “askaria”-ren antzerako zerbait oroitzen zidan harik eta Anderren pintura berriak ikusi nituen arte, jainkoaren eta partikulen lardasketa antzekoa zirena. Nostalgia eta maitasuna hobeto dabiltza beti nolabaiteko “garaiko” erromantizismo pixka batekin, baina Anderrek, bere pinturekin gogora ekarri zidan geunden tokia ez zela baso bat, hiri erdian zegoen parke bat baizik, hain zuzen ere. Gogorarazi zidan aspalditik garela gure denboraren semeak; bizi dugun garaia maitatzen ikasi jakin behar dugula, nahiz eta adreiluak alkitran izardia bota eta isurbideetatik irteten den azidoarekin irrist egin.

 

Anderren pinturak psikodeliara garamatzate, inoiz baino gehiago, lo-fi-ra, glitch- ra; bai gudari baten porrota irudikatuz edota sexu-organoak miazkatzen dituen maskota bat erakutsiz. Zoriak, azken finean, plastizitate dirdiretatsuetara irteten direnak. Ez da bere beste ardurez ahazten, misterio, mitologia eta umorea direnak; iraganeko proiektuak diren “Zentxandio” saila, adibidez. Ematen du distopia ageriagoan dagoela orain, baina, berriro ere, presentziak eta bere istorioak dira guzti horren motorra. Paisaia ez da ulertzen amodio barik, senidetasuna, hiriaz jabetu egiten diren izaki horien gatazkak, bere odol propioak direnak, metropoliaren artikulizazioetatik plasma bonbardatzen dituztenak. Pintura hauek bizitzaz hitz egiten dute, gaztetasunaz, XXI edo XXXII. mendeetako arazo batez. Zelan garaitzen da hiria?

 

Argazkilari bezala duen esperientziatik abiatuta, izan daiteke goraipatu eta kritikatu egiten duela aldi berean irudi publizitarioen boterea, orkrestatutako ikuskizuna, gure garaiak momentu honetan bizimodu bat saltzeko duen era, non diskoak eta aldizkariak haien gorputza galdu eta jadanik existitzen ez direnak. Orain irudia ez da aldez aurretiko objektu bat, gurtu egiten dena, interneten aurkitu dugulako gure baliabide egokia: erabili eta botatzeko irudiekin eroso sentitzen gara. Eta hori ez da bizitzan aztarna uzteko daukagun modua: hirian zehar hartzen gaituzten eta hartzen ditugun irudiak; talde bakoitza, istorio bakoitza, bere gustuko hormarekin banatuta.

 

Bacon haragiarekin itsututa zegoen, eta hiltegi askotan egon zen seguruenik. Gu, XXI. mendekoak, iraganeko artistak liluratu zituzten heriotzaren usainak eta koloreak ez ditugu horren hurbiletik ezagutu, baina, barkatu hainbeste nabarmentzeagatik, internet daukagu. Daukagun lehenak gara! Lehenak zertan? Lehenak gabon zaharretako kanpaietarako 15 minutu bakarrik falta direnean gorbataren korapiloa zelan egiten den tutorial bat kontsultatu dezakegunak edota norbaiten buru-mozketa ikus dezakegunak. Glamourra eta sarraskia. Hori da Anderrek marrazten dituen aurpegietan ikusten dena, eta bereziki, atzealdean irakin egiten duten koloreetan, lotan dagoen mehatxu isil baten modura klik baterako distantzian.

 

XXI. mendeak gura dugun edozertan bihurtzeko aukera ematen digu, eta interneten sako-nera gabeko armairu batekin egin dugu topo, non nahi ditugun maskarak hautatzeko aukera daukagun; berdin estilo edo ezagutzaren bila egon. Hortxe uste dut dagoela Sagastiberri jaunaren pinturetan ikus daiteken bere denborarekiko konpromiso psikologikoa. Burdin jantziekin marrazten ditu pertsona guztiak. Ertaroko gudariekin kontzeptu hori hitzez-hitz adierazten du. Baina gauza bera gertatzen da kotxeen ondoan jartzen diren tipo gogor horiekin edo jaietarako jantziko jende arruntarekin. Bere obran nire burua ikusi ondoren esan dezaket, nire baitan azaltzen diren gatazkei so egin barik, aurkitu dudala zoritxa-rreko txantxa dela nortasunaren esanahia.

 

Borja Tundidor

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