Curso de Doctorado
El diario de servicios: la consolidación de un nuevo modelo informativo
Profesor: José Ignacio Armentia Vizuete

Presentación
Contenidos

2. EL PERIODISMO DE SERVICIO. CONCEPTO Y ANTECEDENTES

La profesora María Pilar Diezhandino define el periodismo de servicio como “la información que aporta al receptor la posibilidad afectiva de acción y/o reacción. Aquella información, ofrecida oportunamente que pretende ser del interés personal del lector-oyente-espectador; que no se limita a informar sobre sino para; que se impone la exigencia de ser útil en la vida personal del receptor, psicológica o materialmente, mediata o inmediatamente, cualquiera que sea el grado y el alcance de esa utilidad. La información cuya meta deja de ser ofrecer datos circunscritos al acontecimiento, para ofrecer respuestas y orientaciones” (Diezhandino, 1994: 89).
El concepto de diario de servicios emerge en el contexto de unas sociedades occidentales del bienestar, en las que el individuo dedica una atención creciente al ocio y a aspectos tales como la calidad de vida. Frente a unos periódicos en cuyas agendas temáticas las informaciones relacionadas con las grandes cuestiones socio-económicas y políticas ocupan una posición preponderante, a partir de la década de los 80 cada vez va a ser más habitual que los medios impresos (y posteriormente también los audiovisuales) presten una atención creciente a aspectos ligados a las cuestiones cotidianas de sus lectores: la salud, el medio ambiente, la alimentación, viajes, etc.
El periodismo de servicio busca en sus inicios cubrir una serie de necesidades concretas de sus lectores fundamentalmente ligadas a una situación de carencia y necesidades. Dicha variante informativa, conocida en Estados Unidos como “Service Journalism”, va a tener sus antecedentes en las revistas surgidas en el siglo XIX dedicados a las familias y al hogar en general. Como señala Diezhandino, 1994: 66), “aquellos magazines de vieja tradición en América, con el acento puesto en áreas de interés especial, cuyo contenido atendía a servir de utilidad a sus lectores”.
Uno de los citados magazines fue el Ladies Home Journal, que apareció y en 1833 y que se convirtió en una referencia insoslayable en el hogar medio norteamericano. Esta publicación ofrecía consejos a las amas de casa para solventar cualquier problema doméstico cotidiano, desde la eliminación de una mancha a la redecoración de una habitación, incluyendo asimismo consejos sobre el cuidado y educación de los hijos. Incluso propugnó una moda femenina propiamente norteamericana, que se alejase de los dictados de la moda de París.
Dentro de la tradición del Service Journalism hay que situar también a las denominadas Farm Magazines, revistas dirigidas a los habitantes de los núcleos rurales que recogían informaciones útiles para la mejora de la agricultura, horticultura o el buen gusto en general.
Sin embargo, el verdadero y definitivo desarrollo del periodismo de servicio se produce según Diezhandino, de la mano de la Compañía Meredith, editora fundada en 1902 para el lanzamiento de una revista para granjeros, Succesfull Farming, a la que siguieron otros magazines, tales como Fruit, Garden and Home, Better Homes and Garden, etc. Todos ellos ofrecían como denominador común la búsqueda de respuestas a las necesidades cotidianas de sus lectores, ofreciéndole soluciones prácticas y útiles.
Precisamente la editora de Better Homes and Garden, Jean LemMon, definía en un artículo aparecido en la publicación digital Journalism.org el periodismo de servicio como “un tipo de periodismo que va más allá de la información estricta. Es el periodismo (se diseña para conducir a la acción) de acción. Periodismo de servicio es periodismo de acción. Como tal, debe incluir la inspiración para que el lector desee hacer algo, y entonces la salvaguardia editorial debe ayudar al lector a ir realmente a la acción y hacerlo”. Better Homes and Garden nació en 1922 bajo el nombre de Fruit, Garden and Home y fue en 1924 cuando adquirió su actual denominación. Este magazine mensual constituye la publicación enseña del grupo Meredith, con una circulación en 2002 de 7,6 millones de copia, lo que la situó como la quinta revista con mayor difusión de los Estados Unidos.
Cabe destacar que estas publicaciones pioneras en el periodismo de servicio están muy ligadas al concepto de “hágalo usted mismo”. Es decir, se trataría de buscar una utilidad a los lectores a través de ofrecerle a éste las claves para conocer y sobre todo resolver los más variados problemas cotidianos.
Ken Metzler (1986, 43) habla de “espíritu de servicio” al aludir a este tipo de periodismo. Se trataría, en definitiva, de ofertar la información que el lector puede usar en su vida cotidiana. Dicho autor subraya el cambio de actitud de los medios a la hora de enfrentarse al público, pasando de una postura “arrogante” de ofrecer lo que ellos consideran interesante a preguntarse qué es lo que el lector puede encontrar atractivo y de su gusto.
Hay que tener en cuenta que estamos hablando de un nuevo usuario del periódico que está diseñado más como un cliente/consumidor que como un lector/público tradicional. El objetivo del periodismo de servicio es llegar al público y una de las estrategias para captar su atención es ofrecerle información útil de la forma más atractiva. Hoy en día, en una sociedad donde el individuo se ve de una u otra manera representado como consumidor, los problemas, las dudas, o los inconvenientes que se le plantean como tales, han dado pie a una demanda de información concretada en gran parte en la ayuda a dicho consumidor.
Según explica Trudy Liberman (1994 ), el denominado periodismo del consumidor cuenta con una larga tradición en Estados Unidos que se remonta a la primera década del siglo XX, si bien ha ido cambiando en los últimos 30 años. Dicha autora recuerda que ya a principios del siglo XX la prensa norteamericana descubre las escandalosas condiciones de las fábricas de empaquetamiento de comida y se revelan los excesos de las grandes corporaciones. En los años 40 aparecen muchas noticias dedicadas a ofrecer al lector información sobre cómo obtener mayores beneficios de su dinero en el período de guerra. En los años 60 y 70 este movimiento en favor del consumidor se acentuó cuando en 1962 el presidente Kennedy proclamó los cuatro derechos del consumidor: derecho a ser oído, a ser informado, a la seguridad y el derecho a elegir. Este ímpetu se vería frenado cuando en 1978 la legislación para crear una agencia federal de protección al consumidor fue rechazada y nunca realmente volvió a afianzarse.
En realidad este tipo de periodismo tuvo su época dorada en los años 70 gracias a una economía optimista que izó a los negocios menos sensibles a las críticas y a los editores menos temerosos de los inversores publicitarios. Los editores, en ese momento, se sintieron libres para publicar, por ejemplo, las listas de aquellos negocios que, según las agencias estatales, se citaban por haber violado ciertas leyes o regulaciones. Así en 1970 The New York Times, por ejemplo, ofreció las listas de los restaurantes que no habían pasado los controles del Departamento de Salud o presentaban alguna deficiencia. Los periódicos de Lousiville, Dayton y Wichita hicieron públicos los informes de los departamentos locales de salud.
En ese mismo período, The Detroit Free Press editorializaba contra las prácticas injustas en los contratos de crédito. Asimismo la revista Sales Management daba cuenta de la existencia de al menos 50 periodistas a tiempo completo dedicados a los temas de consumo y al menos 25 periódicos que regularmente publicaban alguna columna dedicada a estos asuntos.
El periodismo de consumo se identificó con aquellas informaciones dedicadas a destapar los nombres de los negocios que se dedicaban a prácticas fraudulentas o engañosas. Los periodistas criticaban frecuentemente a las Agencias estatales que, desde su punto de vista, hacían muy poco por proteger al consumidor y, en ocasiones, fueron los instigadores de la creación de nuevas leyes que corregían los excesos del mercado. El foco de atención era siempre el consumidor individual y vulnerable que se enfrentaba a fuerzas económicas de gran alcance que le sobrepasaban.
Sin embargo, este tipo de periodismo ha ido cambiando con los años, al menos en Estados Unidos, y en gran medida los problemas a los que se enfrentó dan la medida de los límites y frenos del periodismo de servicio.
Una de las mayores cortapisas a este tipo de periodismo fue y es en la actualidad el interés publicitario. El periódico se ve sujeto a los intereses de la publicidad que son una de sus mayores fuentes de ingresos. A partir de los años 70, en Estados Unidos, estos intereses se vieron enfrentados con las informaciones al consumidor, ya que en ocasiones ponían en cuestión la legitimidad o el buen hacer de algunos anunciantes. Esto provocó un giro en este tipo de informaciones que empezaron a tomar un cariz más cercano al actual periodismo de servicio. Con un marcado objetivo de no tocar a la Santa Trinidad de los publicistas en los medios de comunicación norteamericanos –distribuidores de coches, supermercados, o corredores de propiedades inmobiliarias– comenzaron a abundar las informaciones referidas a la obtención de mejoras en las cuentas de ahorro, consejos para invertir mejor el dinero o elegir correctamente una hipoteca, etc.
Es decir, se intentaba ofrecer un compendio de opciones financieras que colocar en un lugar de privilegio al consumidor. Las revistas financieras, así como las páginas de los periódicos dedicadas a estos temas, se vieron claramente incrementadas.
Esta no sería sino una vertiente más del periodismo de servicio, que para Trudy Lieberman, derivaría de este aligeramiento y en cierta medida banalización del periodismo del consumidor. Este tipo de informaciones encajarían muy bien en el concepto de noticias que el lector puede usar «News can you use».
Aunque la utilidad parece un concepto intrínsecamente ligado al periodismo de servicio y el término que mejor lo define, lo cierto es que la inmensa variedad de denominaciones que recientemente se han acuñado en torno al periodismo nos empujan a matizar y considerar las relaciones entre éste y otros modelos.
Si ahondamos en los nuevos modelos periodísticos que se barajan actualmente observaremos que su variedad, lejos de dibujarse como campos acotados de definición, nos brindan un juego de muñecas rusas donde los límites a veces son tan difusos que nos impiden dirimir las fronteras entre unos y otros. Probablemente esta confusión teórica se puede deber a que no existen referentes reales en la prensa o la información diaria que se ajusten sólo y exclusivamente a uno de los modelos que académicamente se han ido perfilando.
Desde una visión amplia, incluso el periodismo de precisión podría ser contemplado como una variante especializada del periodismo de servicio. José Luis Dader entiende por periodismo de precisión “la información periodística que, sobre cualquier asunto de trascendencia social, aplica o analiza sistemáticamente métodos empíricos de investigación científica, de carácter numérico o no numérico, con especial inclinación al campo de las ciencias sociales. En dicha actividad el énfasis corresponderá a la validez y fiabilidad del método de análisis, por encima de la mayor o menor espectacularidad de los resultados” (Dader, 1997: 20).
Uno de los grandes estudiosos del periodismo de precisión, como es Philip Meyer, alude a diversos estudios realizados en la década de los 80 en los Estados Unidos para explicar la pérdida general de lectores por parte de la prensa. La razón más frecuentemente esgrimida esgrimida era la de la falta de tiempo. Al respecto, Meyer señala que “en el ajetreo de la era de la información, el coste en tiempo que supone extraer información de un relato periodístico ha de ser uno de los aspectos considerados durante la preparación del reportaje. La contribución del USA Today en los ochenta ha consistido en mostrar cómo un periódico puede presentarse como alguien que ayuda a ahorrar tiempo. Logró esto diseñando y editando un periódico con tal cálculo y precisión que permite a sus lectores colmar su necesidad de vigilancia y exploración del mundo ante posibles riesgos y oportunidades personales, con una mínima dedicación de tiempo” (Meyer, 1993: 32).
Siguiendo el razonamiento de Meyer el concepto de utilidad aplicado al periodismo de servicio no hay que entenderlo exclusivamente como fruto de la elección de unos temas que resulten eficaces para la resolución de los problemas cotidianos de los lectores; sino también como consecuencia de un esfuerzo por ayudar a estos a “digerir” las informaciones, dentro de un contexto de escasez general de tiempo para el estudio del periódico. Desde este punto de vista se justifican los famosos snaphots del USA Today, como una propuesta para facilitar al lector medio la visualización de datos cuantitativos, cuya comprensión con la única ayuda de un texto convencional a menudo plantea serias dificultades.
El diario de servicio se fundamenta básicamente en dar al consumidor lo que éste desea y éste desea llenar su tiempo libre, saber cómo llegar a la farmacia de guardia más próxima, conocer la forma en que los avances científicos pueden afectar directamente a su salud o, simplemente, estar al corriente de los problemas de infraestructura a los que se va a enfrentar los próximos veinte días a la hora de ir a trabajar.
Sin embargo, y como veremos, este tipo de diario tiene su partida de nacimiento en Estados Unidos, y sólo en los últimos años podemos hablar de su establecimiento en España. En esta larga travesía, el diario de servicio norteamericano se ha ido impregnando de diversas particularidades que tienen mucho que ver con la tradición de la prensa en Europa, y las propias peculiaridades de una sociedad que a pesar de la globalización todavía conserva algunos rasgos autóctonos.