Curso de Doctorado
El diario de servicios: la consolidación de un nuevo modelo informativo
Profesores: José Ignacio Armentia Vizuete

Presentación
Contenidos

9. EL PERIODISMO PARTICIPATIVO

1. Periodismo participativo, periodismo ciudadano, periodismo 3.0

Hoy en día, entendemos por periodismo paticipativo aquél en el que el lector deja de ser un sujeto pasivo que se conforma con recibir las noticias que los medios convencionales han seleccionado, jerarquizado y elaborado para él, y pasa a convertirse en mayor o menor medida en co-protagonista activo del proceso informativo. La implicación del lector puede ser muy superficial (contestar a una formulario sobre una cuestión de actualidad o votar una noticia) o puede llegar a la elaboración de algún tipo de material informativo (texto o imagen).

Una de las definiciones más citadas de periodismo participativo es la propuesta por Shayne Bowman and Chris Willis en su informe para The American Press Institute, una obra convertida ya en un clásico del ciberperiodismo, titulada We Media. How audiences are shaping the future of news and information. Según estos autores, entenderíamos por periodismo participativo “el acto de un ciudadano o grupo de ciudadanos que juegan un papel activo en el proceso de recoger, redactar, analizar y difundir información. La intención de esta participación es suministrar la información independiente, confiable, exacta, de amplio rango y relevante que una democracia requiere (2003, 9)”.

Esta implicación de los lectores en la actividad periodística es conocida también como “Periodismo ciudadano”, “Periodismo Digital Interactivo”, “Periodismo 3.0 (Varela)” o incluso “Periodismo cívico”, si bien este último término puede dar pie a confusión al utilizarse mayoritariamente para aludir a la corriente de opinión surgida en un sector de los medios norteamericanos al inicio de la década de los 90 que, entre otras cuestiones, propugnaba una mayor implicación de los mismos en los problemas de la comunidad, tal y como lo define David K. Perry en su obra Roots of Civic Journalism.

Steve Outing (2005) enumera los 11 niveles diferentes en que puede catalogarse el grado de participación del público en este tipo de periodismo, desde un grado básico que consistiría en enviar mensajes de respuesta o valoración a un determinado texto (similar a los post de un blog), hasta una situación de implicación máxima cuya exponente podían ser los wikis, donde de forma cooperativa se puede escribir o modificar un relato (por ejemplo wikinews). Entre estos dos extremos Outing establece una serie de pasos intermedios desde los blogs ciudadanos a la combinación de periodismo participativo y profesional, cuyo caso emblemático es el coreano OhmyNews.com. El 70% de los contenidos de esta publicación, nacida en el año 2000, es aportado por los propios lectores-redactores o citizen reporters. Cualquier persona que se registre y que demuestre tener un elemental dominio del inglés o del coreano escrito puede alcanzar dicha categoría. Además, el diario cuenta con su propia escuela de Periodismo Ciudadano, la OhmyNews Journalism School, ubicada al sur de Seúl, donde por un módico precio (entre 8 y 160 dólares, dependiendo de la duración) cualquier persona puede recibir unas nociones básicas de periodismo.

La posibilidad de un periodismo sin periodistas, o en el que estos tengan un papel secundario, y en el que los tradicionales receptores de las informaciones se conviertan en los principales emisores de las mismas, ha provocado no pocas controversias sobre la verdadera naturaleza de este tipo de actividad.

En su número de 2007, la revista Estudios sobre el Mensaje Periodístico dedicaba su bloque central a “Periodismo y Ciudadanía”. En el mismo, algunas colaboraciones ponían en tela de juicio que pueda recibir el nombre de periodismo un intercambio de materiales, más o menos informativos, en el que los periodistas pierden el protagonismo del proceso o su labor carece casi completamente de importancia.

En este sentido, Real, Agudiez y Príncipe puntualizan, en un artículo titulado “Periodismo ciudadano versus Periodismo profesional” que “el Periodismo posee unas maneras y cualidades que le procuran un carácter  singular y único, que no debe ser asimilado con otras formas informativas y comunicativas ciertamente parecidas pero ni mucho menos idénticas. Así pues, ni todo contenido mediático es periodístico ni todo aquel que sale o comunica a través de un medio de comunicación puede ser investido automáticamente, y por esta simple razón, como periodista (2007: 192)”. En la conclusión de su trabajo los autores se muestran tajantes al asegurar que “no podemos permitirnos un Periodismo sin Periodismo ni Periodistas (2007: 208).

Otros análisis, como el de Yolanda Martínez Solana advierten de los peligros que puede tener para las audiencias una forma de información, no sometida a los controles deontológicos y profesionales del periodismo convencional: “el problema del periodismo digital independiente podría residir en que, en su deseo de romper convencionalismos, no participe en la infraestructura profesional y deontológica del periodismo tradicional, obviando normas fundamentales de este último: firma de crónicas y contraste de fuentes, por ejemplo. Por esta razón sería una vuelta al mal llamado periodismo amarillo (no debería ser considerado como periodismo): publicación directa de rumores, desprofesionalización de las redacciones, falta de verificación, informaciones propagandísticas y publicitarias, servilismo hacia intereses ideológicos, políticos y empresariales no confesados, etc. (2007: 149)”.

Carlos Maciá Barber, por su parte, subraya que “entre las bondades del reporterismo ciudadano destaca la implicación de la ciudadanía en el proceso informativo, que le permite sentir al medio como algo suyo, no sólo en la teoría. (…) Otra gran virtud es la ruptura de la agenda tradicional de los medios y la aparición de fuentes informativas alternativas, más frescas, cercanas e incondicionadas (2007: 139)”. De cualquier forma, este autor reconoce la dificultad para que este tipo de periodismo pueda desarrollar determinados géneros, como puede ser el reportaje interpretativo (2007: 141).

Otro punto de vista es el que considera que el periodismo participativo no supone la eliminación o el ninguneo del rol del periodista profesional, sino un cambio o adaptación en las funciones del mismo. Este es el punto de vista de vista defendido por Alejandro Rost: “El rol del periodista cambia en un PDI (Periódico Digital Interactivo). Ya no sólo debe ser un buen recolector y redactor de noticias sino que ahora se agregan otras misiones: chequear información proporcionada por desconocidos, moderar o metamoderar los debates, editar foros, escuchar y mantener una relación estrecha con los lectores, tejer posibles cibercomunidades y pensar y actuar en red (2007: 383)”.

Naturalmente, no faltan voces que enfatizan las ventajas del nuevo periodismo participativo. Una de las más conocidas en España es la del consultor y blogger Juan Varela. En su opinión “la revolución de los medios sociales, los que permiten participar al público y lo convierten en creador, transformador y distribuidor del mensaje informativo, está cambiando para siempre a los medios y al periodismo. La comunicación es ahora una conversación. (…) Un nuevo paradigma ha surgido: de muchos a muchos, y los viejos depositarios del negocio y la autoridad son los más amenazados al diluirse en un sistema de redes.

La revolución del público facilitada por las herramientas digitales se subleva contra la mediación y el periodismo como autoridad y depositario del derecho a la información de los ciudadanos (2006: 36-37)”.

En una línea similar, García de Madariaga señala que “el impacto más profundo de la colaboración digital no es el que se deja ver en los movimientos sociales ya formados y consolidados, sino el que abre un camino muy sugestivo para la participación ciudadana y la formación de nuevas iniciativas (2006: 211)”.

2. La participación de las audiencias

La participación de las audiencias, en mayor o menor medida, en los medios de comunicación es algo casi tan antiguo como los propios medios. Esta participación ha sido en muchos casos promovida por los propios emisores y facilitada por el avance de las tecnologías de la comunicación.

En la prensa escrita el embrión de este periodismo participativo habría que buscarlo en las “Cartas al director”, sección en las que los lectores pueden opinar sobre diversos temas pero en la que también pueden ofrecer informaciones o denunciar ciertos hechos. Algunos diarios incluso han venido estableciendo espacios específicos para las denuncias de dichos lectores (generalmente referidas a problemas en alguna infraestructura o espacio público).

La radio ha sido otro de los medios en donde en mayor medida se ha estimulado la participación de la audiencia. De hecho, los programas dedicados a los servicios (salud, gastronomía, inversiones, etc.) han estado tradicionalmente abiertos a las preguntas que pudiesen plantear los oyentes.

No son pocas las tertulias que aceptan llamadas de la audiencia, o al menos su participación vía SMS o a través de un contestador habilitado para tal fin.

Pero es que en la radio, el público se convierte muy frecuentemente en una fuente directa de información e incluso en el relator de lo que está aconteciendo. Este oyente-testigo-narrador (que en cierta medida suplanta, con mayor o menor acierto, la labor del periodista) resulta especialmente familiar en los espacios destinados a hablar del estado de las carreteras, accidentes de tráfico, etc.

También en la televisión ha contado con la participación de los lectores en tareas informativas, especialmente tras la popularización de las videocámaras domésticas y más aún con la generalización de los teléfonos móviles que permiten la grabación y el envió de todo tipo de imágenes.

Mucho antes de que Internet fuese un elemento cosustancial de nuestras vidas, los videoaficionados protagonizaron auténticos scoops televisivos. Uno de los más sonados, por las posteriores protestas que se produjeron, fue el denominado “caso Rodeny King”. Nombre de un motorista de color que tras circular a alta velocidad por una de las autopistas de Los Ángeles el 3 de marzo de 1991 y hacer caso omiso a cuantas indicaciones le hizo la policía, fue finalmente detenido y brutalmente apaleado por cuatro agentes. La paliza fue filmada por un videoaficionado y dio la vuelta al mundo. La posterior absolución de los policías implicados en el incidente por un tribunal californiano provocó graves disturbios en el barrio de South Los Ángeles, en los que falleció medio centenar de personas y se produjeron daños cercanos a los 1.000 millones de dólares. En este caso la iniciativa de un ciudadano (grabación del incidente y envío a los medios de la cinta) dio pie a una noticia con unos importantes efectos.

En otras ocasiones, la presencia del videoaficionado o del turista-fotógrafo de turno ha servido para que tengamos constancia visual de un determinado hecho. A bote pronto me vienen dos ejemplos a la cabeza. Uno es el de Mathias Rust, el joven e intrépido piloto alemán, de 19 años, que en mayo de 1987 (dos años antes de la caída del muro de Berlín), aterrizaba con una avioneta alquilada en la Plaza Roja de Moscú, tras burlar los sistemas de vigilancia aérea soviéticos.Las primeras fotografías que dieron la vuelta al mundo fueron obtenidas por turistas que se encontraban en la plaza.

El segundo caso es el del accidente del avión Concorde tras su despegue del aeropuerto Charles de Gaulle de París el 25 de julio de 2000. En este caso, el video que se pudo ver en la mayoría de las televisiones fue grabado por la pareja de un camionero riojano. Algunas de las fotografías que sirvieron para ilustrar las portadas de los diarios de medio mundo fueron obtenidas por un ejecutivo japonés desde la ventanilla de otro avión.

Sirvan estos ejemplos para ilustrar la participación que han venido teniendo las audiencias en la elaboración de determinadas informaciones, con anterioridad a la popularización de Internet, o cuando menos previamente a la aparición del concepto de Web 2.0 (Youtube, por ejemplo, no fue creado hasta 2005).

3. El fenómeno participativo en Internet

¿Por qué a pesar de que las audiencias han estado presentes en el proceso de elaboración de la información en los medios, el concepto de Periodismo Participativo aparece ligado especialmente a Internet y sobre todo a la filosofía de Web 2.0?

Desde mi punto de vista, habría que aludir fundamentalmente a dos factores. Por un lado, la red dota por primera vez al ciudadano de herramientas que le permiten poner en circulación sus contenidos de una manera rápida y tremendamente sencilla. Youtube y la blogsfera podían ser ejemplos de esta afirmación.

Por otro lado, por vez primera, el nuevo lector-redactor puede asumir ciertos papeles que hasta ahora estaban prácticamente restringidos a los periodistas profesionales. Así, las audiencias puede entrevistar directamente a personajes, seleccionar las noticias más interesantes, valorarlas, comentarlas o interpretarlas, crear contenidos propios, etc. Es decir, podemos encontrar la presencia de las audiencias en todos los niveles del proceso informativo. Recogiendo los planos a que se refiere Núñez Ladevéze (1991, 47-49), podemos encontrar la actividad de los lectores en el nivel contextual (identificando, comparando y evaluando las noticias), en el nivel textual (utilizando un determinado lenguaje en los textos) e, incluso, en el nivel estilístico (mostrando una determinada capacidad expresiva).

En las siguientes líneas vamos a tratar de analizar algunas de las variantes de periodismo participativo observadas en los cibermedios españoles desde la segunda mitad de la década de los 90 hasta la actualidad.

3.1. Un primer paso: la personalización de contenidos.

En 1995 el director del Media Lab del MIT de Massachussetts, Nicholas Negroponte, publicaba Being Digital (traducido al español como El Mundo Digital), en donde mencionaba el concepto de Daily-Me o Diario Yo: “Imaginemos un futuro en que nuestro agente de interfaz puede grabar todos los noticiarios por cable, leer todos los periódicos y sintonizar todas las cadenas de radio y televisión del planeta para luego elaborar un sumario personalizado. Esta clase de periódico saldría en ediciones de un ejemplar único (Negroponte, 1995: 185)”.

Los cibermedios españoles asimilaron con prontitud el concepto de la personalización de contenidos para sus lectores. Según una tesis doctoral realizada por Monica Ramírez, entre los años 2002 y 2004 la práctica totalidad de los principales diarios digitales españoles permitían a sus lectores personalizar determinados contenidos (envío de titulares por e-mail, alertas, recordatorios, newletters, ofertas comerciales, etc.). Cabe recordar que la personalización de contenidos fue uno de los retos de los primeros portales-buscadores tipo Yahoo, Lycos, excite y otros.

En la actualidad, gracias a los denominados agregadoras de noticias y a formatos como Atom o RSS, cualquier usuario puede disponer, de forma actualizada de los titulares de los medios y secciones que le interesan en su programa lector de noticias (tipo FeedREader, Rss REader o similares) o en las aplicaciones de la web (iGoogle, Windows Live, MyYahoo, etc.) que posibilitan disponer en nuestro portal personalizado de los titulares que más nos puedan interesar.

El lector actúa en cierta forma como un guardabarreras que deja pasar únicamente los contenidos de las secciones y de los medios que puedan interesarle. El problema es que este método le sume en la ignorancia de lo que sucede en otros ámbitos temáticos.

3.2. El lector opinador

Ya desde el inicio del ciberperiodismo, los medios trataron de sondear la opinión del lector frente a determinados temas. Quizá se trataba de potenciar, por un lado, la interactividad del nuevo medio; y, por otro, de comprobar que las ediciones digitales realmente contaban con lectores, en un momento en el que el grado de penetración de Internet era todavía ínfimo entre la población española.

Ya en 1999 los formularios en los que se le solicitaba al lector su punto de vista ante diversas cuestiones eran frecuentes en los diarios digitales españoles. Elperiodico.com sigue incluyendo cada día una encuesta de este tipo en la portada de su web.

Otra de las primeros utilidades para recoger el punto de vista de los lectores ha sido los foros, presentes hoy en día en la mayor parte de los cibermedios. En los foros es el propio medio el que plantea la cuestión sometida a debate y es el público el que escribe sus puntos de vista al respecto.

Una variante de los foros, lo constituyen los comentarios que pueden añadirse tras una noticia concreta, tal y como sucede en los blogs.

En una primera época, algunos cibermedios incluyeron también la posibilidad de que los lectores participasen en chats, pero esta utilidad ha caído en desuso en los últimos años (aunque algunas publicaciones como El Periódico o los diarios de Vocento los mantienen).

De cualquier forma, el medio a través del cuál cualquier internauta puede no sólo dar sus puntos de vista, sino incluso aportar sus propias informaciones, es el blog o bitácora. Aunque se considera que el término weblog fue acuñado ya en 1997 por el escritor estadounidense Jorn Barger; la popularización de estos diarios personales se produjo con la llegada del nuevo siglo, gracias en gran medida a la aparición de herramientas como Blogger, Open Diary, Live Journal y otras, que posibilitaban la puesta en marcha de una bitácora para cualquier persona que no tuviera excesivos conocimientos informáticos.

Ante las dimensiones que va alcanzando la blogsfera, algunos cibermedios han optado por ofrecer a sus lectores la opción de que creen sus propias bitácoras desde la propia edición digital del periódico. Es lo que viene haciendo, por ejemplo, ElPais.com o El Diario Vasco). En estos casos los blogs de los lectores coexisten con los de los columnistas y  colaboradores habituales de los medios. Como es habitual en este tipo de textos, los lectores pueden añadir sus propios comentarios.

3.3. El lector creador de contenidos

Una de las características del periodismo participativo es que las audiencias pueden pasar de ser meros receptores a participantes activos del proceso informativo. Esto es, pueden llegar a crear sus propias informaciones y ponerlas a disposición de otros lectores utilizando el soporte de los cibermedios.

La creación de contenidos puestos a disposición de audiencias globales es lo que caracteriza a Internet. Prácticamente desde el nacimiento de la web en 1991 cualquiera, al menos teóricamente, podía colgar su propia página y compartir sus contenidos. Sin embargo no ha sido hasta la aparición de las herramientas propias de lo que se ha venido en llamar Web 2.0 cuando los internautas han alcanzado  un verdadero protagonismo en la generación y distribución de contenidos de todo tipo.

La paternidad del término Web 2.0 se le otorga a Dale Dougherty, de O’Really Media, quien en 2004, en una sesión de intercambio de ideas con Craig Cline de MediaLive empleó dicho concepto para referirse a las utilidades que iban apareciendo en la red que suponían no sólo un cambio en los modelos tradicionales de negocio, sino en la propia relación entre el usuario de Internet. Éste va dejando de ser un sujeto pasivo que símplemente consume los contenidos de la web y cada vez en mayor medida pasa a participar en la creación de dichos contenidos. La primera conferencia sobre la Web 2.0 fue celebrada en octubre de 2004 en San Francisco. Un año después, en la segunda conferencia sobre Web 2.0, Tim O’Really aludía a herramientas como Flickr, Google AdSense, los blogs, o wikipedia como representativas de este nuevo concepto de Internet, más centrado en las utilidades de plataforma, que en las aplicaciones de ordenador.

Precisamente Flickr, un sitio para compartir imágenes creado en 2004, fue una de las plataformas que más contribuyó a distribuir fotos del atentado ocurrido en Londres el 7 julio de 2005.

En dicho año fue fundado YouTube (adquirido en 2006 por Google), un sitio que revolucionó el intercambio de vídeos en la red. Cualquier usuario puede, de una manera sencilla subir sus grabaciones a esta web y, mediante un sistema de etiquetado, puede ser buscada por otro internauta.

El que los cibermedios “convencionales” incorporasen estos fenómenos participativos a sus páginas era cuestión de tiempo. En noviembre de 2006 ElPais.com pone en marcha la sección “Yo, Periodista”. A través de este espacio, los usuarios pueden enviar sus propias noticias, imágenes, o vídeos, tanto desde un móvil como desde un ordenador. Un equipo de periodistas del medio comprueba la veracidad del material recibido antes de su publicación en la web.

También los diarios digitales de Vocento ofrecen un espacio para la expresión del lector, bien enviando sus imágenes o vídeos o escribiendo sus textos en un blog. También El Periódico ofrece un nivel similar de creación de contenidos (imágenes y videos) a sus los lectores.

Uno de los ejemplos extremos en la creación de contenidos por parte de los lectores lo tendríamos en el ya antes mencionado Ohmynews coreano, en el que la audiencia es autora del 70% de los textos que publica este medio.

En España ciberdiarios como Lavanguardia.es animan a sus lectores que viven en el extranjero a que se conviertan en lectores-corresponsales.

Fenómenos como el podcasting (creación de archivos de sonido para su distribución por Internet) o videocasting (variante del anterior pero enfocada al vídeo) figurarían también entre los nuevos ámbitos en el que los lectores pueden crear contenidos.

3.4. El lector intermediario

Uno de los papeles tradicionales del periodista es el de actuar de intermediario entre los hechos informativos y las audiencias. Uno de los géneros donde el papel de intermediario del periodista queda más cláramente de manifiesto es la entrevista. En este caso, el profesional de la información plantea al entrevistado aquellas preguntas que, desde su punto de vista, pueden interesar a los lectores.

Con la llegada del ciberperiodismo han ido apareciendo nuevos géneros y uno de ellos es la denominada “entrevista de los lectores”, en las que los propios internautas pueden plantear directamente sus cuestiones al personaje que se somete a las preguntas.

Previamente el medio anuncia a través de su web quién va a ser la persona que va a poder ser entrevistada directamente. Algunos diarios como El País.es han llegado incluso a mantener una sección fija denominada “Los internautas preguntan” en donde se recogen este tipo de entrevistas de la audiencia. Marca hace algo similar en su sección “Charlas” y El Mundo las denomina “Encuentros digitales”. Aunque, teóricamente, desaparece la figura del intermediario, lo habitual es que persista la del moderador que cuida la pertinencia de las preguntas y evita la reiteración de las mismas.

Podemos dividir el tipo de entrevista que realizan los lectores en dos tipos, la de personaje y la de actualidad realizada a un redactor del medio. En el primer caso, como su nombre indica, una persona conocida se somete a las cuestiones que pueda plantearle la audiencia. En el segundo es un redactor del medio el que entabla un intercambio de mensajes con sus lectores, generalmente para comentar cuestiones de actualidad. Un ejemplo de esta segunda modalidad lo tenemos en las charlas deportivas de Santiago Segurola con sus lectores primero en elpais.es y actualmente en Marca.es

Mientras que en el primero de los casos, la entrevista de los lectores estaría más cercana al género interpretativo habitual en la prensa escrita, pero con una suplantación por éstos del papel que habitualmente juega el periodista; en el segundo caso tendríamos una variante mediática más cercana a una tertulia, ya que el periodista está presente e incluso trata de ayudar a su audiencia a entender determinados acontecimientos de la actualidad.

3.5. El lector-jerarquizador

Otro de los ámbitos en los que el lector está asumiendo funciones que eran exclusivas de determinados periodistas es la jerarquización de las noticias. Además los propios cibermedios están promoviendo este “tasación” de los contenidos por parte e las audicencias mediante dos vías. Los enlaces de valoración de noticias y los consiguientes ránkings de noticias más valoradas o de portadas de los lectores; y mediante la inclusión de botones a las denominadas webs de promoción social de noticias, tipo Digg, Menéame o Fresqui.

En el primer caso, se pide a la audiencia que vote la noticia si ha sido de su interés. El lector, previamente, sabe los votos que ha recibido dicho tema. En función de los votos recibidos, los diarios elaboran un ranking con las noticias más valoradas por los internautas. Junto a la clasificación de las noticias más valoradas, es habitual que aparezca la correspondiente a las más leídas y a las más comentadas. En estos casos puede resultar significativo comparar la jerarquía informática establecida por el medio con el interés y la valoración expresados por los lectores.

Las audiencias pueden también conceder una mayor o menor importancia a las noticias mediante su envío a las denominadas webs de promoción social de noticias. Eva María Ferreras las define de la siguientes manera: “Son una herramienta más de este nuevo ecosistema digital, en el que se prima la contribución de los usuarios y cuyo fin es que los lectores envíen noticias u otros contenidos y aparezcan ordenados en la web en función de las votaciones de los propios internautas (Ferreras, 2008: 74-75)”.

La promoción social de noticias permite que los usuarios seleccionen sus noticias de interés y, a su vez, las sometan a la jerarquización de otros usuarios. Lugares pioneros en estas prácticas han sido Slashdot, creado en 1997 para las noticias de tecnología (su equivalente en castellano, Barrapunto, fue creado en 1999) y, especialmente Digg, fundado en 2004. En España, las webs de promoción social de noticias más conocidas son Menéame, fundada en 2005, y Fresqui, aparecida en 2006. Ambas se inspiran en el modelo de Digg. Como explica Ferreras, “se trata de webs, webs a las que los usuarios envían contenidos, noticias, post... para ser votadas por el resto de la comunidad. Dependiendo de su votación acabarán en la portada del site o no (2008: 75).

En la votación o valoración que reciben las noticias remitidas (normalmente rebotadas desde otros cibermedios) no todos los votos tienen el mismo peso. El valor de los votos va en función del karma de los usuarios registrados. Se trata de “la medida cuantitativa con la que se establece el valor o prestigio de un individuo para la comunidad. Se obtiene karma mediante las contribuciones, la calidad de los comentarios, las votaciones a los mismos y con las metamoderaciones (Ferreras, 2008: 76).

La mayoría de los cibermedios ubican junto a sus informaciones botones a este tipo de páginas para que el usuario que lo desee las rebote a dichas webs. Así, por ejemplo El País y El Mundo incluyen los de Digg y Menéame, mientras que La Vanguardia y El Periódico incluyen junto a los anteriores el de Fresqui.

Incluso están apareciendo webs de promoción social de noticias en un ámbito más local. Este es el caso de zabaldu.com en el ámbito del euskara, o de aupatu.com, promovido desde EITB. En este caso el lector que entre en eitb24.com siempre conoce cuáles son las noticias más votadas en aupatu. Es decir, en cierta medida, se contrapone la jerarquización del medio con la de los propios usuarios.

4. La participación se traslada de los micromedios a los macromedios

El periodismo participativo en Internet está dejando de ser algo exclusivamente característico de los denominados “micromedios” y está dando el salto a las ediciones digitales de los principales diarios. De una manera muy genérica, podíamos denominar micromedios a todos los soportes informativos e incluso comunicativos existentes en Internet, al margen de los grandes mass media. Fenómenos como los weblogs, los podcast y el videocast formarían parte de dicho fenómeno.

Si muchos weblogs se han convertido en auténticas fuentes informativas escritas, el podcast supondría, en cierta medida, una alternativa a la información radiofónica tradicional, de la misma forma que el videocast lo es a la televisión. Juan Varela, en un artículo titulado “Micromedios diez años después de los blogs” se refería a estos soportes de la siguiente manera: “Micromedio. Eso es lo que será Sociedad Cableada. ¿Qué es un micromedio? Lo que pueden llegar a ser algunos blogs diez años después de que Jorn Barger inventara la palabra weblog (con permiso de David Winer). (…) Diez años después de los blogs las redes sociales son más importantes. Jorn Barger lo ha vuelto a decir hace poco para conmemorar la invención de la gran palabra de los últimos años. Lo que hay que construir es una malla de enlaces para relacionarnos en la red como antes lo hacíamos en el café, en la plaza del pueblo (Varela, 2007)”.

Los grandes cibermedios están tratando de incorporar algunos de estos micromedios para atraer a unas audiencias que ya no tienen como único referente los medios tradicionales. La prensa en papel ha venido realizando algo similar durante la última década con los contenidos de las revistas. Hay que recordar que en el periodo 1995-2005 los diarios de la Unión Europea perdieron 10 millones de ejemplares. Una de las fórmulas empleadas para hacer frente a esta sangría de lectores ha sido “vampirizar” los contenidos de éxito en otros soportes. Así, hoy en día los diarios cuentan con suplementos o páginas dedicadas a Internet, a la Salud, a los Viajes, a la Gastronomía, a la Ciencia, es decir, a los ámbitos que hasta ahora venían siendo abordado por las revistas especializadas.

Las ediciones digitales de estos diarios en papel están llevando a cabo una estrategia similar respecto al “Periodismo Participativo”. Se trata de asimilar las iniciativas que están teniendo éxito en la red, al margen de dichos ciberdiarios. Ello explicaría la incorporación de los blogs, la posibilidad que se ofrece a los lectores de colgar fotos, vídeos, textos, etc. La blogsfera ha consituido un excelente caldo de cultivo en el nacimiento de experiencias como la de Público y especialmente la de Soitu.es.

La pregunta de si puede haber periodismo sin periodistas para más bien formulada para los profesionales de la información que para las audiencias. Desgraciadamente, en la historia reciente de los medios en España sobran ejemplos en los que la participación de periodistas profesionales en la elaboración de informaciones no ha sido siempre sinónimo ni de veracidad, ni de ausencia de manipulación, ni de contraste de las fuentes. Por ello, es dudoso que las audiencias vayan a desconfiar, a priori, de unos contenidos por el mero hecho de que no hayan sido realizados por profesionales del periodismo.

Ello nos lleva a replantearnos la ya clásica definición de noticia que formulaba el profesor Martínez Albertos: “un hecho verdadero, inédito o actual, de interés general, que se comunica a un público que pueda considerarse masivo, una vez que ha sido recogido, interpretado y valorado por lo sujetos promotores que controlan el medio utilizado para la difusión (Martínez Albertos, 1974: 88)”.

Estas tres últimas tareas que hasta fecha reciente se consideraban exclusivas de los periodistas de los medios han comenzado ya a ser desempeñadas también por las propias audiencias.

5. Conclusiones

El denominado Periodismo Participativo o Periodismo Ciudadano está modificando las tradicionales relaciones entre los medios y las audiencias. El lector deja de ser un sujeto pasivo en el proceso informativo y puede participar de él de una manera activa, creando contenidos, transmitiéndolos a otros receptores, valorando las informaciones e, incluso, estableciendo su propia jerarquía informativa. Las audiencias están asumiendo papeles que hasta ahora parecía ser exclusivos de los periodistas.

Este hecho está provocando dudas y críticas sobre el verdadero carácter periodístico de ciertas iniciativas que vienen surgiendo en la red y que comienzan a ser agrupadas bajo la denominación de micromedios: blogs, podcast, videocast, wikis, etc. Dichas críticas se resumen en la pregunta de si puede existir verdadero periodismo sin periodistas. Los interrogantes sobre la verificación de los temas abordados, contrastes de las fuentes y limitación de géneros empleados son algunos de los inconvenientes que se plantean respecto al periodismo participativo.

Otras voces, en cambio, señalan que estas nuevas iniciativas en el ámbito comunicativo lo que realmente suponen es una redefinición del rol del periodista, que pierde su monopolio en la creación de contenidos, pero cuya importancia como moderador o editor de temas abordados por las audiencias puede adquirir una nueva dimensión.

La participación de las audiencias en los medios no es algo nuevo y en soportes como la radio cuenta incluso con una larga tradición. Lo que posibilita Internet es que dichas audiencias accedan a la transmisión de contenidos sin necesidad de tener que recurrir a los media convencionales. Cualquiera puede crear sus textos, sus programas de radio (podcasting) o incluso sus contenidos televisivos (videocasting).

Ante la irrupción de este tipo de iniciativas, los grandes cibermedios están adoptando la misma actitud que protagonizaron en sus versiones en papel frente a la aparición de nuevos contenidos en el ámbito de las revistas: una integración en sus páginas. Así, nos encontramos con que los principales ciberdiarios ofrecen a sus lectores la posibilidad de que cuelguen su blog, sus fotos o vídeos, o que envíen sus propias historias. Nos encontramos, por lo tanto, con nuevo lector-redactor que transciende el ámbito de los micromedios y se asienta también en los macromedios.

Nos encontramos en un interesante momento de transición entre el tradicional paradigma comunicativo que establecía una clara distinción entre emisores y receptores y otro nuevo en el que cualquiera puede asumir el papel de receptor, y donde la diferencia estará no en la asunción de un rol u otro, sino en la calidad y el interés de los contenidos que puedan ofertarse.

El periodista profesional seguirá manteniendo su protagonismo en la generación y transmisión de información en Internet en la medida en que sepa adaptarse a las nuevas demandas de la audiencia.

Probablemente, por primera vez en la historia, los lectores pueden estar informados de sus temas de interés sin tener que recurrir a los grandes medios. Existe toda una red de micromedios a la que las audiencias pueden acudir para informarse. Bien es verdad, que mucho de los contenidos de dichos micromedios tienen como fuente los diarios convencionales.

Ya en el pasado surgieron teorías e iniciativas sobre el poder comunicativo del individuo frente a la empresa periodística. La propia invención de la radio ofrecía esta posibilidad. Sin embargo, el colectivo de radioaficionados sólo en casos puntuales de catástrofes naturales han supuesto una alternativa real a los media.

Otras iniciativas alternativas comunicativas, como las radios libres o los fanzines, cuya elaboración se facilitó enormemente con la aparición de la autoedición en la década de los 80, fueron finalmente absorvidos por los grandes media.

Internet aparece ahora como la gran panacea del ciudadano  ávido de comunicar. ¿Conseguirá este nuevo periodismo participativo online con una gran dosis de amateurismo, desplazar o relegar a un segundo término a los medios tradicionales? ¿Iniciativas nacidas como un hobby se convertirán en actividades profesionales? ¿Existirá sufiente financiación para ello? Según los informes de Infoadex, en 2007 la inversión publicitaria en medios convencionales destinó un 43,3% a la televisión, un 23,7% a diarios, un 8,49% a la radio, y un 6,04% a Internet. En la medida en que estos porcentajes se equilibren podremos hablar de un verdadero periodismo participativo como alternativa de futuro.

Bibliografía

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