La «inopinable» opinión pública de los doctrinarios

María Cruz Mina

Resumen


El propósito de este trabajo es poner en cuestión la revisión historiográfica que atribuye al doctrinarismo francés, y más concretamente a Guizot, los conceptos de opinión pública y publicidad como conceptos normativos de la modernidad. El origen del error parece estar en la utilización por parte de Koselleck y Habermas de categorías morales subjetivas, procedentes de la Ilustración alemana, para explicar el concepto fisiocrático de opinión pública inspirado en una Ilustración inglesa preocupada por establecer una moral social objetiva que diera estabilidad a la nueva sociedad comercial. Y era ese orden social natural y racional descubierto por los ingleses lo que los doctrinarios pretendían que «reinase en el mundo» y no una opinión pública, que si tenía valor normativo, era porque representaba la inteligencia correcta de las cosas y no la conciencia de las personas. Lo público no era para los doctrinarios esa esfera autónoma mediadora entre la sociedad y el Estado, sino el mismo orden social o público considerado como algo determinante. Por eso la opinión sobre lo público no podía ser «opinable».


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