Carlos Santamaría y su obra escrita

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Crisis del lenguaje

 

Documentos, 2 zk., 1949

 

      El ilustre canónigo de Lovaina J. Leclercq en una interesante nota publicada en DOCUMENTOS (cuaderno 1) ha indicado su extrañeza al ver que no todos se hallaban de acuerdo, en las Conversaciones de San Sebastián, sobre la noción misma de tesis. «Je la croyais parfaitement claire —añade— il eut fallu pouvoir en parler longuement et le temps a fait défaut»[1].

      Este comentario de persona tan autorizada suscita un problema semántico, cuya solución podría acaso evitar muchas confusiones y ciertas discrepancias puramente aparentes. Padecemos hoy una «crisis del lenguaje», que se hace notar de un modo especialmente sensible en aquellas esferas que más directamente se relacionan con la organización de la vida social. Cuando se habla, por ejemplo, de Derecho, de Justicia, de Civilización, de Progreso, cabe utilizar estos vocablos con diferentes y aun contrapuestos sentidos. Evidentemente tales palabras no pueden tener el mismo significado en boca de Stalin que de Truman y cuando el Santo Padre las emplea lo hace también en un sentido propio, extraordinariamente sutil y concreto.

      El lenguaje se muestra hoy, en esta como en muchas otras ramas del saber humano, notoriamente insuficiente e incapaz de reflejar el gran número de matices que aportan a nuestro inquieto vivir las diferentes tendencias y concepciones sociológicas. Esto nos conduce, en algunos casos a controversias estériles, que se pierden en una maraña de verbalismos y logomaquias. Al emplear las mismas palabras con sentidos diferentes, los interlocutores pretenden ponerse de acuerdo sobre realidades concretas, sin comprender que ni siquiera han llegado a plantearse las mismas cuestiones.

      Las palabras «tesis» e «hipótesis» constituyen un excelente ejemplo de cuanto venimos diciendo. Un simple examen de los textos en que han sido empleadas últimamente dichas palabras, nos muestra la diversidad de los conceptos que con ellas se intenta expresar. Llega un momento en que la confusión es tal que resulta preferible abandonarlas por completo y emplear un vocabulario nuevo...

      Observemos, de paso, que la utilización misma de estas palabras en relación con los problemas de libertad religiosa, tiene un origen poco claro. Mientras M. Leclercq señala que la distinción entre la tesis y la hipótesis, se debe a Mgr. Dupanloup[2], Chénon recuerda la opinión de Boistel de que tales términos «están tomados de autores alemanes y que no ensamblan muy bien entre sí»[3].

      La palabra tesis tiene, por de pronto, un significado que pudiéramos llamar clásico, del que sin duda ha sido luego más o menos separada, pero que debe servirnos como punto de partida. Chénon[4] define la tesis en los siguientes términos: «Doctrina integral aplicable donde haya unidad dentro de la fe católica».

      Vemos pues que la tesis comporta dos cosas: una doctrina y una situación en la que aquella doctrina ha de aplicarse íntegramente[5]. Ahora bien, prescindiendo por el momento de la doctrina, vemos que concretamente en lo que se refiere al significado que en su lenguaje dan a la expresión situación de tesis no existe uniformidad, ni siquiera homogeneidad, entre diversos escritorios católicos. Ello explica el hecho de que mientras unos, como el R.P. Eustaquio Guerrero, afirman que determinados países se hallan en situación de tesis, otros, como Leclercq, aseguran que la «tesis no se realiza jamás»[6] o, como Maritain, que «la tesis se halla instalada en un mundo separado de la existencia»[7].

      ¿Existe contradicción entre unos y otros en esta cuestión? Aparentemente sí. Realmente no, puesto que la tesis que Guerrero declara existente no es la misma que la que Leclercq y Maritain consideran irrealizable.

      Bajo la expresión «situación de tesis» se esconden, en efecto, nociones muy diversas y esta diversidad fundamental conduce a posiciones totalmente distintas. Hablando lenguajes dispares no es posible entenderse sin una previa discriminación terminológica. Mientras unos piensan en situaciones ideas e irrealizables, es decir, en situaciones utópicas (tesis de primer orden: Leclercq), otros fijan la atención en situaciones realizables y realizadas, con realidad actual, en unos casos (Guerrero) e histórica, en otros (Congar) o, en fin, en situaciones ideales realizables, pero no realizadas (Maritain, ideal histórico concreto; Leclercq, tesis de segundo orden). Cuando Leclercq dice «la tesis no se realiza jamás», se refiere a su tesis de primer orden, que es una concepción utópica. En cambio, cuando Guerrero dice que determinado país se halla en situación de tesis, aplica el concepto clásico de tesis jurídica el cual no sólo puede darse sino que se da efectivamente en diferentes naciones en la hora presente. Veamos pues lo que dentro de cada una de estas tres categorías debe entenderse por situación de tesis.

      En la terminología clásica se define como situación de tesis algo que podríamos llamar la situación de tesis canónica, es decir, la de un pueblo en el que la mayoría de los ciudadanos se hallan bautizados y no habiendo apostatado o renunciado expresamente a pertenecer a la Iglesia, son considerados por ésta jurídicamente como miembros suyos y de hecho forman parte de ella, sea cual sea su actitud frente a la vida y a los problemas sociales y políticos. Este caso se realiza en varias naciones europeas y americanas. Es por tanto una situación con realización actual. Corresponde a la noción menos estricta, definida por el sistema de condiciones mínimas.

      Colocándose en otro terreno, el P. Congar[8] da a la tesis una significación fundamentalmente histórica. En su vocabulario, la tesis «representa, históricamente, el régimen considerado ideal, en que la Iglesia ha podido desarrollar y aplicar hasta el fin y de manera universal las consecuencias o las exigencias de sus principios, haciéndose, para esto, servir por las sociedades temporales». Congar usa, por tanto, la palabra tesis para designar una estructura que se ha aplicado en determinadas situaciones históricas y más concretamente en «el mundo antiguo o medioeval». Llega sin embargo a universalizar el concepto, definiendo la situación de tesis como «la de un mundo en el que las actitudes de los hombres coinciden con las determinaciones objetivas de la verdad en sí». Es decir, un mundo en el que «se profesa que existe la verdad objetiva, se sabe dónde está y quién la detenta y se somete a ella». Aparece aquí la noción de la tesis ligada a una situación histórica determinada, construida sobre ella y en torno a ella.

      Se reconoce pues aquí como nota característica de una situación de tesis lo que el Santo Padre en un luminoso texto[9] califica como la clave de la civilización medioeval, y de toda civilización digna de este nombre, es decir «el hecho de que la religión y la vida forman una misma cosa». Si para distinguir de la anterior convenimos en llamar a una situación de este género situación de tesis histórica (sin que la palabra histórica quiera expresar aquí que esta situación no pueda darse en el mundo contemporáneo, pues no prejuzgamos nada sobre este punto), es evidente que sólo es concebible allí donde la totalidad práctica del pueblo profesa ser católica, es decir, que toda situación de tesis histórica lo es también de tesis jurídica. Pero estos dos conceptos no se identifican. En efecto, aunque la mayoría de los ciudadanos de un país sean «de jure» católicos, pueden no serlo «de facto» y en grado suficiente para hacer reinar en la Sociedad el «adherere Deo», el «prope Deum esse», es decir, para que se produzca esa síntesis de la religión y de la vida social que es tan necesaria para una convivencia justa y auténticamente cristiana. Independientemente de la apostasía formal cabe una apostasía práctica. Resulta, por tanto, que los conceptos de situación de tesis canónica y situación de tesis histórica tal como más arriba quedan definidos, son dos conceptos distintos.

      Hasta aquí hemos considerado las situaciones de tesis realizables. Con frecuencia se encuentra la palabra tesis empleada en un sentido utópico para representar situaciones puramente ideales. La utopía máxima es la de la sociedad perfecta, constituida por ciudadanos no sólo cristianos, sino inteligentes, virtuosos, etc., etc. M. le Chanoine Leclercq nos presenta esta situación ideal en los siguientes términos[10]: «Cuando se habla de tesis se supone un hombre teórico, el hombre del que hablan todas las ciencias, porque una ciencia abstrae necesariamente. El hombre del tratado de anatomía no existe; es un hombre teórico que tiene los miembros y los órganos tal como deberían ser, pero de un modo que no se presenta exactamente en ningún hombre. Cuando se habla de tesis en materia de libertad política y social se habla de un homo politicus que no existe, como tampoco existe el homo economicus clásico, un hombre teórico que sería un hombre perfecto. Este hombre teórico, el hombre tesis, sería por de pronto perfectamente inteligente; comprendería pues, todo lo que el hombre puede comprender. En todas las materias conocería, sin pena, la verdad. Conociendo la verdad tendría el deber de adherirse a ella. Pero esto no originaría ningún problema, porque se adheriría a ella espontáneamente. Vería de manera evidente que el bien, su bien tanto como el bien, se encuentra en la verdad. En la comunidad política, compuesta de hombres-tesis, la verdad reinaría sin disputa: no habría ningún problema desde este punto de vista». Análogamente se expresa en «L'Église et la Liberté en 1948»: «Comenzamos a darnos cuenta de que la tesis forma un todo que es simplemente la perfección del hombre. El hombre debería ser perfecto, claro está. El hombre perfecto sería plenamente inteligente y virtuoso. Como tal comprendería la verdad y se adheriría al bien: ningún problema se originaría. Los hombres agrupados en comunidades adaptarían éstas a las exigencias de la verdad y del bien. Pero los hombres reales, los hombres hipótesis tienen inteligencias deficientes y una virtud frágil. Pretender construir una sociedad de tesis con hombres de hipótesis es contradictorio. ¿Es decir que la tesis no sirve para nada? Es indispensable, porque ella sola da una regla de acción, fijando el fin que debe ser alcanzado, fin que no se alcanzará jamás pero al cual se debe tender». Nos hallamos pues, ante una situación ideal e irrealizable, a la cual podría denominarse situación tesis ideal de primer orden. Es lo que un amigo mío denomina, un poco humorísticamente, arquetesis.

      Todavía puede emplearse la palabra tesis en un sentido diferente. M. le Chan. Leclercq lo hace así, al considerar la Tesis de segundo orden como conjunto de «principios de aplicación universal para el hombre tal cual es». En este caso nos referiríamos a situaciones reales aunque, sin duda, algo esquematizadas. Esto es lo que hace el profesor de Lovaina al estudiar su tesis de segundo orden[11].

      Nos trazaríamos, pues, un tipo del hombre hoy existente, procurando abstraer lo menos posible para no caer en lo irreal, y sobre él construiríamos la tesis: esta tesis no sería ya la tesis ideal de primer orden, sino algo intermedio entre la tesis y la hipótesis clásicas.

      El ideal histórico concreto de Maritain es también una tesis «ideal de segundo orden». Es una imagen perspectiva que representa el tipo específico de civilización al cual tiende una cierta edad histórica». El mismo Maritain afirma que el ideal histórico concreto «no es un ente de razón, sino una esencia ideal realizable»[12]. Tanto la Tesis de segundo orden de Leclercq como el Ideal histórico concreto de Maritain, son hipótesis de gran extensión histórica, que abarcan, por tanto, cielos o climas históricos que no pueden reducirse a simples instantes ni se rigen por las leyes de una oportunidad momentánea. Dando por supuesta la mentalidad de una familia histórica de hombres, estos autores se plantean el problema de saber cómo pueden obtenerse con ella los resultados más favorables para el Cristianismo. Se trata, pues, de mitos o ideales menores adaptados a una realidad de cierta extensión histórica.

      En resumen. Este sencillo análisis que el lector puede completar por su cuenta examinando los textos que se publican en este mismo cuaderno, prueba que la expresión «situación de tesis» ha sido empleada modernamente al menos en cuatro sentidos diferentes para designar: 1º Una situación de tesis canónica, en la que la mayoría de los ciudadanos están bautizados; 2º Una situación de síntesis entre la religión y la vida, en la que la creencia católica tiene plena vigencia social, caracterizada históricamente por el mundo medioeval; 3º Una situación ideal, de una sociedad perfecta constituida por ciudadanos perfectos; 4º Una situación ideal dentro de determinado marco de civilización y de realidad histórica a plazo extenso.

 

 

[Notas]

 

[1] Thése et hipothése. DOCUMENTOS. Cuad. 1.

[2] Jacques Leclercq: («L'Église et la liberté en 1948). La Revue Nouvelle 15-X-48.

[3] Émile Chénon: «El papel social de la Iglesia».

[4] Ibid.

[5] «Se llama tesis a los principios, lo que debe ser y, al mismo tiempo una situación correspondiente a los principios». J. Leclercq. «État chrétien et liberté de l'Église», La Vie Intelectuelle, 2-1949.

[6] (Op. cit.).

[7] «Du Rég. Temp. et de la Lib.» Pag. 131. Ed. Desclée de Brouwer, Paris 1933.

[8] Lettre sur la liberté religieuse en la Revue Nouv., 15-V-48.

[9] Discurso con motivo de la Canonización de Nicolás de Flüe.

[10] «Note sur la liberté politique et sociale», a las Conversaciones de San Sebastián.

[11] «État chrétien et Liberté de l'Église». Vie Intellectuelle, 2-1949. «Thése et Hipothése», DOCUMENTOS (cuad. 1).

[12] «Humanisme integral». En «Du régime temporal et de la liberté», insiste en esta idea: «Es un ideal realizable —más o menos difícilmente— puede ser que con dificultades extremas, pero hay una diferencia de naturaleza entre la dificultad extrema y la imposibilidad».

 

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