Carlos Santamaría y su obra escrita

 

Armas ofensivas y defensivas en Ginebra

 

El Diario Vasco, 1985-01-10

 

      Si las actuales esperanzas se confirman, en Ginebra se va a negociar ahora sobre armas ofensivas y también sobre armas defensivas.

      Lo primero todo el mundo lo entiende. Pero ¿qué peligro pueden presentar para la paz unas armas puramente defensivas como lo son los «misiles antimisiles», destinados a detener en el espacio a unos presuntos misiles agresores?

      Esto no está tan claro para la mayoría de la gente y yo quisiera aclararlo un poco en este artículo, por si hay algún lector interesado en el tema de la guerra nuclear.

      El problema hay que relacionarlo con el carácter paradójico de la disuasión. Esta teoría tiene el extraño poder de transformar las armas ofensivas en defensivas y las defensivas en ofensivas. Veamos de qué manera ocurre esto. Como casi todo el mundo sabe, la teoría de la disuasión sostiene que el mejor sistema para hacer frente al peligro de guerra atómica consiste en igualar el poder destructivo de las dos superpotencias creando así una amenaza mutua de destrucción. Es lo que se ha llamado la «Mutual Assured Destruction», la Destrucción Mutua Asegurada. En siglas la MAD. (Digamos entre paréntesis que «mad» en inglés quiere decir «loco» y que en esto se funda el famoso juego de palabras del pacifista E.P. Thompson).

      De esta manera resulta que las dos superpotencias, armándose hasta los dientes de misiles y archimisiles nucleares, están contribuyendo a la paz mundial mientras que el hecho de que una de ellas se retrasase en esta carrera sería altamente desestabilizador.

      Ahora bien, la invención de los misiles antimisiles —los famosos ABM— en los últimos años sesenta, planteó un serio problema a los mantenedores de la estrategia de disuasión. En efecto: si existía un medio de defenderse contra los misiles la represalia no era ya posible y sin amenaza de represalia se acabó la disuasión.

      Así las armas defensivas antimisiles se convertían en un peligro para la paz.

      Por ejemplo, si los americanos se encastillasen ahora en su santuario, estableciendo en derredor suyo un muro antimisil infranqueable para los soviéticos, se colocarían en perfectas condiciones para lanzar un primer golpe tumbativo contra éstos.

      «La defensa antimisil es el paso inicial para el primer golpe nuclear de los USA contra los rusos». Tal es, al menos, lo que afirman varios escritores soviéticos, como, por ejemplo —muy recientemente—, el profesor Guennady Zhukov.

      La cuestión se planteó ya en el año 69, cuando se empezó a negociar el Tratado SALT 1. Pero la cosa se ha complicado ahora mucho más. Ya no son solamente los misiles antimisiles sino también los satélites antimisiles, en los que parece que los muchachos de Reagan van muy adelantados.

      La situación se va pareciendo un poco a la de los años cuarenta, cuando los americanos tenían la bomba atómica pero los rusos no la habían logrado todavía. Vuelve a presentarse una situación de desequilibrio, lo que —según los defensores de la disuasión—, es una de las cosas más peligrosas que puedan pasarle al mundo actual.

      De aquí el interés de los soviéticos en impedir el desarrollo de los antimisiles y el de los americanos en querer conservarlos en exclusiva el mayor tiempo posible... supuesto que los hayan ya conseguido en su dimensión espacial.

      Ciertamente, el anuncio de las negociaciones ha sido recibido con satisfacción en todo el mundo como ocurrió en el 71 en vísperas de los SALT.

      Pero en realidad el arma nuclear es un monstruo y los parches no sirven para combatirlo. Mientras no se logre deshacerse por completo de ella, y que las armas nucleares de todas clases, tanto ofensivos como defensivas, sean destruidas, la humanidad no podrá salir de esta tremenda pesadilla.

 

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