Carlos Santamaría y su obra escrita

 

¿Unamuno actual?

 

El Diario Vasco, 1986-11-03

 

      Murió don Miguel de Unamuno el 31 de diciembre de 1936 en una Salamanca desolada y gélida —más aún en lo moral que en lo físico— que ya no era la suya ni tenía nada que ver con él.

      En los últimos días las tribunas vascas se han hecho ampliamente eco de este cincuentenario, en conferencias y mesas redondas de gran interés, destinadas fundamentalmente a reactualizar su recuerdo.

      Diversas cuestiones, concernientes a la noble figura de Unamuno han sido evocadas por unos u otros en el curso de estas sesiones; si amó al euskera o lo odió; si en los últimos penosos meses de su vida fue o no fiel a su vocación republicana; si vivió la vida de la fe o profesó, por el contrario, la del más profundo agnosticismo; si fue una especie de teólogo camuflado o más bien, un campeón de la antiteología...

      Pero en realidad todo esto tiene una importancia muy relativa, porque para Unamuno sólo había un único problema verdadero en el que parece que pensaba constantemente: el problema de tener que morirse.

      «Cada día creo menos en la cuestión social, y en la cuestión política, y en la cuestión estética, y en la cuestión moral, y en la cuestión religiosa, y en todas esas otras cuestiones que han inventado las gentes para no tener que afrontar resueltamente la única verdadera cuestión que existe: la cuestión humana, que es la mía y la tuya y la del otro y la de todos. Es la cuestión de saber qué habrá de ser de mi conciencia, de la tuya, de la del otro y de la de todos, después de que cada uno de nosotros se muera».

      Pesimistas palabras que nos sumen en la tristeza y que revelan el lado patológico de la mente unamuniana. Para muchos de nosotros —los adictos y viejos lectores de Unamuno— éste llega a convertirse en una incómoda pesadilla de la que debiéramos quizás deshacernos.

      En estas condiciones yo me pregunto si las teorías de Unamuno pueden interesar efectivamente al hombre actual. Si pueden ser trasmitidas útilmente a las nuevas generaciones.

      Tal vez reman contra corriente quienes se empeñan en «re-presentar» a Unamuno con aire de modernidad. Acaso fuese mejor reconocer paladinamente que se trata de un hombre de otros tiempos que ya no tiene prácticamente vigencia para nuestro mundo.

 

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