La innovación suele representarse como una línea recta que conecta un descubrimiento científico con un producto que llega al mercado. Sin embargo, quienes han participado alguna vez en procesos reales de transferencia tecnológica saben que el camino es mucho más complejo. Entre una patente y una empresa existe un territorio lleno de incertidumbres, decisiones estratégicas, validaciones técnicas, búsqueda de alianzas y modelos de negocio todavía por construir.
Precisamente en ese espacio intermedio se desarrolló una de las experiencias más enriquecedoras que ha vivido recientemente el Máster en Emprendimiento y Dirección de Empresas (MBAe3) de la Euskal Herriko Unibertsitatea. Una experiencia que demuestra cómo la formación en gestión empresarial puede convertirse también en una herramienta de transferencia de conocimiento y cómo la colaboración entre investigadores y futuros profesionales de la empresa puede acelerar la llegada de tecnologías disruptivas al mercado. Comencemos por el principio.
Cuando la ciencia encuentra un problema de transferencia
En verano de 2023, Jorge Dolado, científico titular del Centro de Física de Materiales (CSIC-UPV/EHU), se puso en contacto con la dirección del MBAe3. El motivo era tan prometedor como desafiante. Tras años de investigación y gracias al proyecto europeo MIRACLE, financiado por la Comisión Europea con más de tres millones de euros, su equipo había logrado desarrollar una tecnología con potencial para contribuir a uno de los grandes retos de nuestro tiempo: la mitigación del efecto “isla de calor” asociadas a la industria del cemento y la construcción. El trabajo había dado lugar a una patente basada en un nuevo cemento fotónico desarrollado mediante nanotecnología, una innovación capaz de abrir nuevas vías para combatir el calentamiento global.
Sin embargo, como sucede con frecuencia en los proyectos científicos de alto impacto, el éxito de la investigación planteaba nuevas preguntas. El conocimiento había sido generado. La propiedad intelectual estaba protegida. Los resultados científicos eran sólidos. Pero ¿cómo convertir esa tecnología en una solución que pudiera llegar realmente al mercado?
La situación es bien conocida en los ecosistemas de innovación. Los equipos científicos suelen dominar los procesos asociados a la investigación básica y aplicada, pero el tránsito hacia la explotación comercial exige capacidades diferentes y plantea enormes interrogantes a esos científicos. Empieza a ser necesario identificar clientes potenciales, analizar mercados, comprender a los competidores, diseñar estrategias de entrada, construir alianzas industriales y desarrollar modelos financieros viables.
En definitiva, se trata de pasar de la ciencia a la empresa. Nos sentimos perdidos. ¿Qué hacemos?
El desafío de atravesar el “valle de la muerte”
Los estudios sobre transferencia tecnológica suelen referirse a esta etapa como el “valle de la muerte”. Es el momento en que una tecnología ha demostrado su validez científica, pero todavía no dispone de las condiciones necesarias para convertirse en una actividad económica sostenible. El marco de los Technology Readiness Levels (TRL) ayuda a comprender esta transición. A medida que una tecnología avanza hacia niveles superiores de madurez, aparecen necesidades que van mucho más allá de la investigación: prototipado, pruebas en entornos reales, validación industrial, análisis regulatorio, desarrollo comercial y captación de financiación privada.
Numerosos informes como el de Draghi (2024) (1) han identificado este punto como uno de los principales retos de los sistemas de innovación europeos. Europa produce ciencia excelente, pero sigue encontrando dificultades para transformar parte de ese conocimiento en empresas tecnológicas capaces de escalar globalmente. La cuestión, por tanto, no es únicamente financiera. También es organizativa, cultural y competencial. Los investigadores necesitan apoyo para imaginar cómo sus descubrimientos pueden convertirse en soluciones de mercado. Necesitan también interlocutores capaces de traducir el lenguaje de la ciencia al lenguaje empresarial.
Fue precisamente en ese contexto cuando surgió la colaboración entre el equipo científico liderado por Jorge Dolado y el MBAe3.
El aula como laboratorio de transferencia
Coincidiendo con el inicio de la edición 2023-2024 del Máster en Emprendimiento y Dirección de Empresas (MBAe3), se planteó una oportunidad excepcional: convertir un proyecto real de transferencia tecnológica en un proyecto de aprendizaje. Uno de los equipos de estudiantes dedicó el curso académico completo a trabajar sobre la futura iniciativa empresarial que posteriormente daría lugar a Photokrete.
El reto no consistía en elaborar un caso ficticio ni en resolver un ejercicio académico convencional. Los estudiantes debían enfrentarse a preguntas reales para las que todavía no existían respuestas definitivas: ¿Qué mercados early adopter podían mostrar una mayor receptividad hacia la tecnología? ¿Qué segmentos de clientes resultaban prioritarios? ¿Qué propuesta de valor diferenciaba la innovación respecto a otras soluciones existentes? ¿Qué competidores podían surgir? ¿Qué alianzas industriales serían necesarias? ¿Cómo podrían estructurarse los primeros escenarios financieros?
A lo largo del curso se desarrolló un trabajo exhaustivo de análisis estratégico y empresarial. Los estudiantes elaboraron propuestas de modelos de negocio, estudiaron la competencia internacional, analizaron oportunidades de mercado, diseñaron posibles redes de colaboración y construyeron las primeras proyecciones financieras. La experiencia permitió que los participantes trabajaran sobre un desafío auténtico, con incertidumbres reales y consecuencias potenciales más allá del entorno académico. Desde una perspectiva docente, difícilmente puede imaginarse un contexto de aprendizaje más valioso.
De proyecto académico a empresa real. Reflexiones finales
Quizá el aspecto más significativo de esta historia es que los resultados trascendieron ampliamente el ámbito formativo. Hoy Photokrete es una realidad empresarial. La tecnología desarrollada en el entorno científico ha comenzado su camino hacia el mercado mediante una iniciativa empresarial creada específicamente para impulsar su desarrollo y escalado.
Pero el impacto de la experiencia va más allá de la creación de la empresa. Una de las personas que ejerció la codirección del MBAe3 durante aquella etapa, nuestra compañera María Saiz, ocupa actualmente la posición de CEO de Photokrete. Asimismo, uno de los estudiantes que cursó el máster forma hoy parte del equipo en el área financiera. Este es otro de los aspectos que queríamos destacar: la capacidad del MBAe3 para formar profesionales que comprenden la naturaleza empresarial de proyectos de base tecnológica e innovadora y que pueden incorporarse a equipos con necesidades de talento en áreas clave para su crecimiento, especialmente en finanzas, marketing, ventas y desarrollo de negocio.
Pocas experiencias docentes permiten observar una continuidad tan clara entre aprendizaje, emprendimiento y creación de valor. Lo que comenzó como un trabajo de máster terminó convirtiéndose en una oportunidad profesional real y en un proyecto empresarial con capacidad para generar impacto económico, tecnológico y medioambiental.
Las instituciones insisten cada vez con mayor intensidad en que las universidades deben desempeñar un papel protagonista en la construcción de ecosistemas de innovación. Ya no se trata únicamente de generar conocimiento ni de formar profesionales. También se espera que contribuyan activamente a transformar descubrimientos científicos en soluciones que respondan a los grandes desafíos sociales. En este contexto, experiencias como la desarrollada entre el Máster en Emprendimiento y Dirección de Empresas (MBAe3) y Photokrete muestran una vía especialmente prometedora.
La transferencia tecnológica debe entenderse como un proceso multidisciplinar en el que personas investigadoras, especialistas en gestión, emprendedoras e instituciones colaboran para generar impacto. No depende exclusivamente de laboratorios, patentes o financiación. Requiere personas capaces de construir puentes entre la ciencia y el mercado.
Esta experiencia constituye un ejemplo de cómo la universidad puede actuar como espacio de encuentro entre estos perfiles complementarios. Desde quienes lideramos este máster estamos encantados de seguir explorando este espacio donde investigadores y especialistas en gestión colaboren desde etapas tempranas de los procesos de transferencia. Un entorno adecuado para explorar modelos de negocio, validar hipótesis estratégicas y formar a los profesionales que posteriormente liderarán estas iniciativas.
La experiencia de Photokrete demuestra que los puentes entre ciencia y mercado pueden empezar a construirse en un aula. Cuando esto ocurre, el aprendizaje deja de ser una simulación para convertirse en una herramienta real de transformación económica y social.
(1) Draghi, M. (2024). The Future of European Competitiveness. European Commission. European Commission (2022-2026). EU Knowledge Valorisation Policy. Directorate-General for Research and Innovation.

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