Gipuzkoako Ingeniaritza Eskolako bloga/ Blog de la Escuela de Ingeniería de Gipuzkoa

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Nazis y su clave de productividad

En 1893 el químico y Nobel francés, Henri Moissan, sinterizó por primera vez el carburo de tungsteno, que se conoció como una de las sustancias más duras hasta entonces. Su dureza era muy parecida a la del diamante. Un tiempo después, corrían los años 20 cuando la empresa Osram (famosa por la fabricación de bombillas) descubrió que este carburo de tungsteno al sinterizarlo con un poco de cobalto, se volvía más tenaz. Sin embargo, no tenía capacidad para industrializarlo, por lo que en 1925 cedió la idea a otra empresa alemana, Krupp. Estos, un año más tarde consiguieron la industrialización de este material para herramientas de corte bajo el nombre de WIDIA (Wie Diamant, expresión alemana para decir como el diamante). ¿Por qué tanta prisa y qué tenía de especial este material, que permitió la superproducción de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial?

La respuesta es que mejoraba enormemente la tecnología de herramientas de corte que existía hasta entonces. Para mecanizar un metal (ya sea en el torno, con una fresadora, etc) ha de emplearse algo más duro y tenaz que la pieza que se va a cortar.

Sumitomo-Electric-Industries-recyclingHasta que apareció el producto de Krupp, existían los aceros rápidos y los super rápidos, desarrollados sobre todo a comienzos del siglo XX. El nuevo producto era capaz de realizar más operaciones sin necesitar ser afilado, aguantaba mayores temperaturas sin deformarse, la velocidad de corte era mucho más alta y en consecuencia, se reducían mucho los tiempos de fabricación de las distintas piezas.

Tan superior era la sustancia desarrollada por las empresas, que comúnmente se le denomina metalduro. Su problema era el alto coste, y por eso se extendió el uso de tener un inserto de metalduro acoplado a una herramienta enteriza de acero rápido, por ejemplo.

Y si era tan bueno, ¿cómo no fue usado por los aliados? En esto tuvo que ver una alianza entre las empresas Krupp y General Electric (que dirigía Osram), las cuales pactaron tener el monopolio del carburo de tungsteno y subieron el precio de $48 a $453 en Estados Unidos, el cual era prohibitivo para cualquier cliente.

Fuente: http://www.generalcarbide.com/PDF/Designer-Guide-Chapter-1.pdf

Julián Estevez, Departamento de Ingeniería Mecánica.

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