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Cómo mueren los sueños

Todos hemos conocido, en el Colegio Mayor, a universitarios que, por una causa o por otra, han tenido que dejar la carrera. A veces, por causas personales pero, en la mayoría de los casos, por no poder seguir adelante con los estudios elegidos: mala preparación previa, elección sin tener en cuenta la vocación o los gustos de cada uno, malos consejos incluso de los padres, falta de técnicas de estudio, mala organización del tiempo, ansiedad, y más y más, y, como resultado, malas notas, desánimo, quizá depresión, y renuncia a seguir.

Patrick Carroll y su equipo de investigación, de la Universidad del Estado de Ohio en Lima, han estudiado este asunto con universitarios postgraduados en Psicología a los que se les ofrece la posibilidad de cursar un máster sobre psicología en los negocios. Para acceder, se les exige una puntuación mínima que siempre es mayor en una décima de la que tienen. Se les divide en cuatro grupos: al primero no se le exige la nota; al segundo, no se le admite por no alcanzar la nota; al tercero, se le dice que no alcanza la nota pero que se presente por si el comité de selección no es muy duro; y al último grupo, se le dice lo anterior y ademá que, aunque sea admitido, le va a costar acabar el máster pues es muy exigente y, además, al acabar, le será casi imposible encontrar trabajo pues los evaluadores de personal en las empresas se darán cuenta de que no debería haber cursado el máster y de que, por eso, ha sido de los últimos en cuanto a sus notas. Más adelante, y como si fuera en el marco de un experimento diferente, se les presentan unas encuestas sobre su autoestima, sobre su confianza en sí mismos, sus sueños para el futuro, su esperanza de alcanzarlos,…

En los resultados, los autores destacan que, sorprendentemente, los estudiantes sin la exigencia de puntuación, ya que no se les pide que se vayan, son como los rechazados directamente en no renuncian a su idea de hacer el máster. Es más, éstos últimos tienen menos dudas sobre su capacidad y más compromiso con la obtención del nuevo título que antes de saber que serían rechazados. Es obvio: la especie humana tiene una extraordinaria habilidad para desviar o rechazar la evidencia y, a pesar de todo, seguir adelante. Sin embargo, si se pinta muy negro el futuro, como les pasa a los alumnos del cuarto grupo, entonces el sueño muere, la autoestima desaparece y se pierden las ganas de hacer el máster. En resumen, se ve muy negro el futuro, seguramente porque se ve lo que hay más allá del título: acabar con malas calificaciones, estar en uno de los últimos lugares de la promoción y, seguramente, obtener los peores trabajos.

Sin embargo, estamos hablando de sueños y esperanzas, algo sobre lo que se construye la persona y su futuro. En los alumnos de los Colegios Mayores tenemos casos como los aquí presentados: ¿les debemos revelar su negro futuro? ¿con ello se hundirán todavía más o así los animaremos a seguir adelante? ¿será eso bueno o malo para ellos? ¿quizá sea mejor indagar por qué salen mal las cosas e intentar poner remedio? ¿quizá hay que cambiar de carrera? Como ven muchas interrogantes y, seguro, mucha experiencia acumulada en quienes leen ésto ¿Qué harían ustedes? Por favor, pongan su experiencia a disposición de todos. Muchas gracias. Residentes, y… Directores se lo agradecerán.

*Carroll, P.J., J.A. Shepperd & R.M. Arkin. 2009. Downward self-revision: erasing possible selves. Social Cognition 27: 550-578.

1 comentario a Cómo mueren los sueños

  • Joselin Ballen R

    El auténtico educador es aque que se preocupa sinceramente y antes de transmitir cualquier información, por las necesidades y deseos de sus estudiantes, es decir, por sus sueños y les ayuda a lograrlos. Los sueños de la persona y por tanto del estudiante, desencadenan toda la energía universal a su favor para que logre lo que quiere sin detenerse a mirar los obstáculos.
    Todos los seres humanos, en el momento de nacer, somos igualmente bendecidos con una mente prodigiosa para lograr cualquier cosa que querramos. Si tomamos posesión de nuestra mente y la dirigimos controladamente hacia fines de nuestra elección, “todo” lo podemos lograr: salud, riqueza, bienestar, felicidad, seguridad. Si no tomamos posesión de nuestra mente sino que dejamos que otros se posesionen de ella y nos coloquen sus ideas, obtendremos mala salud, escacez, dudas, frustraciones permanentes.
    Uno toma posesión de su mente decidiendo claramente lo que quiere en su vida, enfocándose en ello y actuando para lograrlo, es decir, elaborando y desarrollando proyecto de vida.
    Es muy fácil ser el dueño de su destino y el capitán de su alma. Que no haya familia, empresa, colegio, universidad, etc… donde no se ayude a elaborar y desarrollar proyecto de vida a sus integrantes. Eso es una organización inteligente (Ver el libro “La quinta disciplina” Peter Senge, un grupo de personas descubriendo permanentemente cómo crean su futuro y cómo pueden modificarlo.
    Por no saber ni aplicar métodos apropiados en la educación se está generando la violencia y una enfermedad llamada “Sindrome didactogénico”, según la cual la persona en vez de cogerle amor al estudio le coge fobia y llega hasta a odiarlo.
    Recuerde: la tragedia del hombre no es la muerte sino lo que muere dentro de él mientras vive. Todo lo podemos lograr si sabemos usar nuestra mente. Por una nota o un título no hay que dejarse alienar y destruir su vida. Exitos.

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