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Lo que llaman gestión de la educación

En Gran Bretaña y en muchos otros países, la gestión se ha convertido en una metáfora básica de la educación llegando, en muchos aspectos, a sustitirla.  Digo en Gran Bretaña porque este texto se va a basar, sobre todo, en el artículo que Eric Hoyle y Mike Wallace, de las universidades de Bristol y Cardiff, publicaron en 2007 y que aparece en la bibliografía. Los trabajadores de la educación deben ahora adquirir ciertas competencias para conseguir dominar el discurso típico de la gestión. Pero, creo yo, educación y gestión son procesos sociales distintos. Están relacionadas porque la educación se imparte en centros educativos y éstos deben ser gestionados. Pero enseñar no es gestionar. En este trabajo intentaremos identificar las metáforas relacionadas con la gestión que han entrado en el discurso político y, de ahí, han llegado a la educación y la han redescrito.

La metáfora es una herramienta que nos ayuda a entender lo mal conocido por medio de lo bien conocido. A nivel general, se considera que es una herramienta exclusivamente literaria, pero ya Mark Johnson y George Lakoff nos enseñaron hace unos años, que nuestro sistema de conceptos, en términos de cómo pensamos y cómo actuamos, es fundamentalmente metafórico. En nuestro caso concreto, referido a la educación, trataremos de averiguar si las metáforas de gestión se han sumergido subliminalmente en el discurso educativo durante las pasadas cuatro décadas y, en la actualidad, dominan el sistema de conceptos de profesores, políticos y académicos, y les inhiben, por su implantación, la capacidad de proponer puntos de vista alternativos para la escuela. La función de la metáfora es positiva si ayuda a entender y es negativa, por el contrario, si es vaga, retórica e inconcreta, buena para políticos y confusa para los que trabajan en la educación.

En la educación y en las últimas décadas, se ha pasado de administrar los centros a gestionarlos y, finalmente, a liderarlos y, ahora, los conceptos de gestionar y liderar son los que dominan el discurso. Según Hoyle y Wallace, para llegar al estado actual se ha pasado por tres periodos: innovación, responsabilidad y transformación.

En el primer periodo, hacia el comienzo de la década de los sesenta (recordar que el texto se basa en los hechos ocurridos en Gran Bretaña), es cuando se utilizan las metáforas de innovación; es la época en que se inician el desarrollo teórico, la formación y la investigación sobre la administración de la educación. En aquellos años se comienza a hablar de estudios integrados, aprendizaje basado en recursos, evaluación contínua, equipo de enseñantes, escuela abierta para una nunca lograda sociedad abierta, actividades centradas en el alumno, participación, colaboración, agentes del cambio, salud de la organización y, finalmente, mejora de la enseñanza referida a la metáfora central que es la innovación. Dos comentarios entre paréntesis: en 1967 se estrenó la película británica Rebelión en las aulas, con Sidney Poitier, que en parte retrata el proceso que aquí comento; y, en segundo lugar, si toda esta terminología les recuerda, 40 años después,  al extraordinario Plan Bolonia que va a salvar nuestra universidad, yo no tengo la culpa de que en su gran mayoría proceda de ideas y técnicas consideradas, en muchos países, como modernas hace 40 años. Sigamos.

El siguiente paquete de metáforas se refiere a la responsabilidad. La fecha de inicio es muy concreta, 1976, cuando Margaret Thatcher ganó el puesto de líder de la opisición y llegaron los gobiernos conservadores a Gran Bretaña. El objetivo es reducir el gasto limitando la labor de los profesionales de la educación. Así, el Estado, en vez de proveer de educación a los ciudadanos, pasó a ser cliente de las escuelas que, de ahora en adelante, serían las únicas responsables de la educación. Y el Estado cada vez paga menos por lo que compra.

En esta etapa, se habla de gestión de la educación con objetivos, recursos, seguimiento, responsabilidad (por supuesto del centro y de los profesionales, no del Gobierno)  como metáfora central, rendimiento, comercialización (marketing) y procesos con objetivos concretos. Los administradores de las escuelas que triunfan son aquellos capaces de inventarse nuevas metáforas: por ejemplo, el coordinador de docencia pasará a ser director de recursos humanos.

Y, por último, llegamos alas metáforas de transformación. Comienzan a hacerse visibles a mediados de los ochenta con el desarrollo de la teoría del liderazgo, con su culminación en el liderazgo transformacional que es visionario y trasciende de las circunstancias inmediatas; se orienta hacia el cambio radical de normas y de comportamientos. Llegamos al momento en que enseñar por los profesores no significa aprender por los alumnos (otra vez Bolonia, o si se quiere, la LOGSE).

Las metáforas llegarán directamente de las empresas que tienden su mirada hacia un futuro responsable. Se habla de visión, misión, potenciación, trabajo en conjunto, inteligencia emocional, transformación de la educación y de la sociedad como metáfora central, y propósito moral en los objetivos.

En resumen, en la actualidad se afirma que las organizaciones eficaces tienen líderes que transforman y generan una cultura fuerte y compartida, que construyen una visión exigente que cimenta una misión distintiva (que distingue a la organización, pues este es un problema de marketing de las empresas ya que todas se parecen entre sí), y estos líderes crean una organización de aprendizaje a través de la cual sus miembros interiorizan la visión y potencian el trabajo en su conjunto para conseguir que dé sus frutos en propósito moral e inteligencia emocional. Todo el párrafo anterior es algo así como una sopa de las metáforas que se utilizan en la actualidad.

Pero los ciudadanos dudan, cada vez más, de que este cambio de terminología, metáforas y conceptos que subyacen, signifique una verdadera mejora de los servicios públicos. Lo mismo piensan los empleados de esos mismos servicios públicos y, a veces, hasta sus sindicatos (aunque estos, en su propia organización, utilicen las mismas metáforas). Esta insatisfacción de los enseñantes es la que, posiblemente, se ha transmitido a sus “clientes”, es decir, a los alumnos y a sus padres. Es más, ahora en Gran Bretaña, los políticos están casi de acuerdo, del todo de acuerdo no es fácil, en que hay que devolver parte de su autonomía a los enseñantes. Me refiero a los enseñantes que están en las aulas enseñando. Estas metáforas convierten la enseñanza en poco más que el camino obligado que debe seguir un ciudadano para llegar a la meta idealizada, es decir, al puesto de trabajo, pero profesores y padres consideran que debe ser algo más y, mientras siga así, ven el futuro con muy poco optimismo.

Quizá, si seguimos con las metáforas, lo que se necesita, más que un cambio al pasado que parece, y seguramente es, imposible, es una redescripción de lo que hay, que no todo es malo, y conseguir, que debería ser posible, un cambio político que permita reestructurar educación y gestión del centro, dando a cada cual lo suyo. Hay que alcanzar consensos que permitan, como ocurre ahora, que la gestión no inhiba y, a veces, destruya la creatividad de los enseñantes y, en último término, la función del centro que, recuerdo, es enseñar.

*Hoyle, E. & M. wallace. 2007. Beyond metaphors of management: The case for metaphoric re-description in education. Bristish Journal of Educational Studies 55: 426-442.

*Johnson, M. & G. Lakoff. 1986. Metáforas de la vida cotidiana. Cátedra. Madrid. 288 pp.

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