Teresa Guraya

Educación en Ingeniería para el siglo XXI

Profesora de la Escuela de Ingeniería de Bilbao y responsable del grupo de Innovación Docente Sostenibilidad en la Ingeniería del siglo XXI

  • Cathedra

Fecha de primera publicación: 26/09/2019

Teresa Guraya
Teresa Guraya. Foto: Mikel Mtz. de Trespuentes. UPV/EHU.

Durante las últimas décadas, y particularmente desde la entrada en el siglo XXI, los profundos cambios sociales y tecnológicos son causa de que la función formadora de las universidades esté sufriendo una transformación muy significativa e impensable en tiempos anteriores. La eclosión de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) ha supuesto una revolución en el acceso al conocimiento; cualquier persona conectada a internet en cualquier parte del mundo puede acceder directamente a los centros docentes más relevantes y cursar las asignaturas impartidas en abierto, o inscribirse en cursos en línea, masivos y abiertos (MOOC) sobre prácticamente cualquier temática y que en su gran mayoría son incluso gratuitos.

Una segunda derivada de la universalización de las TIC afecta al modo de trabajar de las empresas; los empleadores demandan profesionales que, además del conocimiento específico de su puesto, tengan otras capacidades como ejercer liderazgo, estar abiertos a la innovación, gestionar grupos de trabajo en entornos multiculturales, comunicarse en entornos multilingües, ser proactivos o tener habilidades sociales. No solo eso, la globalización cultural y económica, y el acceso ilimitado a la información están creando una ciudadanía más informada, exigente con las prácticas de las empresas, que son cuidadosamente examinadas por consumidores o inversores. Hasta tal punto que la asociación ‘Round Table’, que aglutina a altos ejecutivos de cerca de 200 empresas líderes en EEUU, ha publicado en septiembre de 2019 una “Declaración sobre el propósito de las grandes corporaciones”. Esa declaración reconoce objetivos empresariales alineados entre los más ambiciosos de la Responsabilidad Social Corporativa.

Sin caer en la ingenuidad de aceptar la reconversión de las grandes corporaciones en entidades de servicio público, sí se percibe una corriente cada día más fuerte de transformación hacia un modelo de empresa con valor social, ocupada en algo más que la cuenta de beneficios. En los últimos años, no existe plan estratégico que no contemple acciones de mejora de cualquiera de los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible, como el medio ambiente, la igualdad de género o la colaboración con regiones menos favorecidas.

Los profesionales del futuro, que serán partícipes de estos cambios, están ahora en nuestras aulas universitarias. Ante un escenario laboral donde el valor social corporativo es un elemento al alza, es necesario generar un cambio metodológico que haga que el valor de la formación universitaria no esté exclusivamente en el acceso al conocimiento, sino en el proceso de transformación y mediación que debe impregnar el paso del alumnado por las aulas hasta convertirse en profesionales y ciudadanos altamente cualificados, dotados de todas las competencias que les permitan tener éxito en un proceso de selección de personal y el posterior desarrollo de su carrera profesional. La Universidad como institución social está ante una enorme oportunidad: a través de su faceta formativa puede y debe ser un espacio de transformación de las personas e incidir de manera importante en la sociedad.

El conjunto de la comunidad universitaria ha aceptado que las metodologías docentes tradicionales no permiten trabajar ni evaluar de manera sencilla las nuevas competencias que demanda la sociedad a través del mercado laboral. En el caso particular de la Ingeniería, la integración de metodologías como el Aprendizaje Basado en Proyectos o la Resolución de Casos, en las que el aprendizaje se centra en el estudiante haciéndole partícipe de su propio proceso formativo, puede ser, y en muchos casos ya es, una gran oportunidad para mejorar la formación. Se podría intuir el potencial que tendría el trabajo conjunto de los colectivos de estudiantes y profesorado si durante la formación académica se vinculara la resolución de problemas concretos que demanda la sociedad con la adquisición de los conocimientos y las competencias propias de sus estudios. Sería, en cierto modo, poner el capital humano e intelectual presente en la Universidad a disposición directa de la sociedad. En esta dirección está el Aprendizaje Servicio, una metodología en la que la actividad académica se orienta a dar solución a una necesidad social y donde existe cercanía e implicación de los estudiantes con el sector social al que dan el servicio.

Esta metodología resulta particularmente adecuada para el ámbito de las ingenierías por el potencial que tienen para dar respuesta a ciertos problemas y demandas sociales. Una elección adecuada del contexto de la actividad académica puede convertirla en el instrumento idóneo para fortalecer el compromiso social de los estudiantes y llamar su atención sobre cuestiones sociales que están en la agenda de la responsabilidad social de las empresas para las que trabajarán en el futuro. La literatura científica está demostrando que ello mejora el rendimiento académico, incrementa el interés de la mujer por los estudios técnicos y fortalece los vínculos con la comunidad. ¿Se puede pedir más? En nuestra universidad hay muchos proyectos en marcha con resultados muy positivos. Esto nos anima a seguir trabajando en esa línea, para que esta metodología se siga extendiendo e institucionalizando progresivamente en el ámbito de la educación superior en Ingeniería.