Gotzone Barandika

El valor añadido del doctorado en nuestra sociedad

Directora de la Escuela de Doctorado

  • Cathedra

Fecha de primera publicación: 21/05/2020

Gotzone Barandika. Foto: Mikel Mtz. de Trespuentes. UPV/EHU.

En el momento en que se publican estas líneas, la Escuela de Doctorado debería estar preparando los últimos detalles del Acto de Investidura de Nuevos Doctores y Nuevas Doctoras, que anualmente organiza la Universidad del País Vasco. La crisis del coronavirus y su tremendo impacto en nuestra vida, también en la dimensión académica, no ha hecho posible esa celebración. Ello no impide, sin embargo, que reconozcamos de otra manera el excelente trabajo de una nueva generación doctoral y subrayemos el valor de esta categoría académica dentro de una sociedad desarrollada.

Tradicionalmente, las doctoras y los doctores han venido desempeñando una función esencial en la formación de las nuevas generaciones universitarias, a través de la docencia y la investigación. Sin embargo, “el proceso del cambio del modelo productivo hacia una economía sostenible necesita a los doctores como actores principales de la sociedad en la generación, transferencia y adecuación de la I+D+i”. La idea anterior se ha recogido literalmente del Real Decreto 99/2011, que regula las enseñanzas oficiales de doctorado, y contiene un mensaje de gran calado, porque implica que las funciones tradicionales de las doctoras y los doctores no agotan todas las que pueden desarrollar en el futuro de nuestra sociedad.

En otras palabras, una parte importante de las personas con doctorado se deberá integrar en el tejido industrial, entendido éste en su sentido más amplio en lo que respecta a las áreas de conocimiento. De hecho, se trata de una idea consolidada en el más alto foro europeo de educación doctoral: EUA-CDE (European University Association-Council for Doctoral Education).

Para llegar al tejido productivo en su conjunto es necesario identificar las competencias que adquieren nuestras doctoras y nuestros doctores durante su periodo de formación, y analizar si se alinean con las necesidades de las empresas que tendrán éxito en el marco que define el paradigma de la economía sostenible. En este sentido, es bien sabido que las doctoras y los doctores son los máximos expertos en sus respectivas áreas, en las que trabajan dentro de lo que se conoce como la frontera del conocimiento. En los mercados de trabajo actuales las necesidades empresariales han evolucionado de manera que a las trabajadoras y los trabajadores no sólo se les demandan conocimientos, sino que se busca en ellos perfiles profesionales dotados de creatividad, capacidad de trabajo en equipo, flexibilidad y adaptabilidad a los cambios. Se buscan personas autónomas que destaquen por haber aprendido a aprender, con valores éticos y cívicos, con emociones empáticas y con otros componentes sociales sobre los que impulsar no sólo el empleo como forma de ganarse el sustento, sino también el bienestar personal y colectivo a través de la realización personal, la inclusión social y la ciudadanía activa.

Tras la declaración de Bolonia en 1999 y el comunicado de Berlín en 2003, se dieron a conocer los descriptores de Dublín en 2004. En ellos se definen las expectativas de logros, cualificaciones y habilidades que se asocian a cada ciclo de educación en el contexto del Espacio Europeo de Educación Superior.

En lo que respecta al doctorado, la formación recibida les debe capacitar para demostrar una comprensión sistemática de un campo de estudio determinado, para investigar y difundir después lo investigado, para innovar produciendo ideas nuevas y complejas, para comunicarse con la comunidad académica en su conjunto y con la sociedad, y para fomentar, en contextos académicos y profesionales, el avance tecnológico, social o cultural dentro de una sociedad basada en el conocimiento.

Así mismo, las doctoras y los doctores de la UPV/EHU añaden a las habilidades anteriores las que se recogen en el catálogo de competencias transversales propias de nuestra universidad. Se trata de ocho competencias que acaban por configurar el valor añadido de la formación doctoral.

La primera de ellas es la autonomía y la autorregulación. Se relaciona con los procesos de metacognición que llevan a cabo las personas para comprender las acciones que desarrollan. Seguidamente, el catálogo de competencias incluye el compromiso social, como actitud empática y responsable ante los retos sociales, ambientales y económicos, y ante los valores democráticos fundamentales de la sociedad actual. La tercera competencia es la comunicación y el plurilingüismo, y supone la capacidad de comprender y expresar ideas, atendiendo a la perspectiva de género, en el seno de un contexto inclusivo, multicultural y multilingüe. A continuación, el catálogo menciona la ética y la responsabilidad profesional, en referencia a las concepciones éticas y deontológicas, y a las relacionadas con la integridad intelectual. La quinta competencia es la gestión de la información y ciudadanía digital, que se asocia al manejo de fuentes de información con una actitud crítica y responsable. En sexto lugar, aparece la innovación y emprendizaje, en alusión a la generación, la transformación y la puesta en práctica de una idea, un procedimiento o una actitud. La séptima competencia es el pensamiento crítico, como proceso intelectual y sistemático que precisa del cuestionamiento, el análisis, la interpretación, la síntesis, la valoración y la emisión de juicios razonados. Finalmente, el trabajo en equipo se define como la relación e integración en un grupo, colaborando de forma activa para lograr objetivos comunes, intercambiando informaciones, asumiendo responsabilidades y funciones de liderazgo, resolviendo dificultades, contribuyendo a la mejora y al desarrollo colectivo, y respetando en todo momento la diversidad de género, cultura y lengua.

En definitiva, los descriptores de Dublín, combinados con el catálogo de competencias de la UPV/EHU, configuran los perfiles de las doctorandas y los doctorandos de la Escuela de Doctorado (DOKe): más de 4.000 futuros doctores y futuras doctoras, que representan una acumulación de talento al servicio de la economía sostenible. Creemos firmemente que todo ese talento debe ser aprovechado como valor añadido tanto en la academia como en el tejido productivo.