Annick Laruelle

Gerrymandering: cuando los políticos eligen a sus votantes

Profesora Ikerbasque de Fundamentos del Análisis Económico I

  • Cathedra

Fecha de primera publicación: 15/02/2021

Annick Laruelle
Annick Laruelle. Foto: Mitxi. UPV/EHU.
Este artículo se encuentra publicado originalmente en The Conversation.

Para muchos estados, la representación en el congreso tiene que ser geográfica e igualitaria. El objetivo geográfico se obtiene dividiendo el país en circunscripciones electorales. Tradicionalmente hay dos formas de conseguir el objetivo igualitario. En los sistemas proporcionales cada circunscripción tiene un número de representantes que depende de su población. En los sistemas mayoritarios las circunscripciones tienen poblaciones parecidas y cada una de ellas tiene un único representante.

Cada diez años, se realiza el censo de la población en EEUU. El último fue en 2020. Éste va a determinar el número de escaños que tendrá cada estado en la Cámara de los Representantes hasta 2030. Según las primeras estimaciones unos 17 estados podrían ver su número de escaños afectado, lo que modificará el reparto de poder entre los estados.

Los datos del censo sirven también para garantizar que todas las circunscripciones electorales de un estado tengan poblaciones parecidas. En 2021 las fronteras de las circunscripciones se modificarán para satisfacer ese objetivo. El diseño no es neutral, puede determinar el resultado electoral. Sin embargo, el dibujo de las fronteras está generalmente en manos del poder legislativo.

El ‘gerrymandering’ dibuja las fronteras para favorecer a un grupo de la población o a un partido. El origen del nombre se remonta a 1812 cuando una circunscripción que diseñó el gobernador E. Gerry se caricaturizó como una salamandra (“salamander”).

Los dos lemas del ‘gerrymandering’ son “dispersión y concentración” (“CRACK and PACK”). Una técnica consistente en dispersar los votos de la oposición para dejarla en minoría en el mayor número de circunscripciones posible. Otra técnica consiste en concentrar los votos de la oposición en un pequeño número de circunscripciones donde la oposición gana con una amplia mayoría. Si las técnicas son muy antiguas, los métodos informáticos son cada vez más sofisticados y la información sobre los electores más extensa.

En 2010 un comité republicano creó el proyecto REDMAP para ayudar a redibujar las circunscripciones después del censo de 2010. Thomas Hofeller, uno los estrategas del proyecto, afirmó en una conferencia que ese proceso era una elección a la inversa, en el sentido que permitía a los políticos elegir a sus votantes.

La efectividad del proyecto se puede ilustrar en el estado de Carolina del Norte.

Las 13 circunscripciones dibujadas después del censo de 2010 son muy poco compactas, en particular las que llevan los números 1, 4 y 12. En esas tres circunscripciones los demócratas ganaron las elecciones de 2012 y 2014 con porcentajes de votos superior al 70 %. Los republicanos ganaron las elecciones en todas las otras circunscripciones (salvo una en 2012), pero con pequeños márgenes.

Al nivel global del estado, el partido demócrata consiguió menos de 31 % de los escaños (4 de 13) en 2012, aunque recibió casi el 51 % de los votos. En 2014, obtuvo el 44 % de los votos, que se tradujo en el 23 % de los escaños (3 de 13). En 2016, el tribunal supremo federal declaró el mapa anticonstitucional por ‘gerrymandering’ de tipo racial. El poder legislativo tuvo que modificarlo.

En 2016 y 2018, el partido demócrata obtuvo de nuevo el 23 % de los escaños a pesar de haber obtenido en ambas elecciones más del 46 % de los votos. En 2019, un tribunal estatal reconoció el carácter partidista del mapa electoral modificado. Una vez más, el poder legislativo tuvo que redibujar las 13 circunscripciones.

En 2020, la diferencia entre porcentajes de votos y porcentaje de escaños se redujo: los demócratas obtuvieron casi el 50 % de los votos y el 38 % de los escaños (5 de 13). El censo realizado en 2020 modificará de nuevo el mapa, en principio con una circunscripción adicional.

Los republicanos no son los únicos que practican el ‘gerrymandering’. En 2019 se intentó conseguir la inconstitucionalidad del mapa electoral de Maryland (dibujado por los demócratas). Hasta la fecha, los tribunales federales se han negado a condenar el ‘gerrymandering’ de tipo partidista.

Demostrar la existencia de ‘gerrymandering’ no es siempre una tarea fácil. No es suficiente constatar que el porcentaje de votos no coincide con el porcentaje de escaños. A veces es la geografía la que genera diferencias entre votos y escaños.

En un artículo reciente, investigadores de la universidad de Duke analizaron los mapas electorales de Carolina del Norte. Dibujaron de manera aleatoria más de 66 000 mapas alternativos. Calcularon las distribuciones de escaños que se habrían obtenidos con esos mapas. Las distribuciones de escaños obtenidas en las elecciones de 2012 y 2014 ocurren con una frecuencia inferior a 1 % con los mapas alternativos, es decir son muy poco probables.

Además, mostraron que pequeños cambios en las fronteras de las circunscripciones demócratas habrían modificado de manera sustancial los resultados. Concluyeron la existencia de ‘gerrymandering’. Sin embargo, admitieron que la geografía del estado es más favorable a los republicanos que a los demócratas.

Los objetivos de representación geográfica y representación igualitaria son difícilmente compatibles. Quizás es el momento de replantearse la importancia de la representación geográfica en comparación con el objetivo de tratamiento igual para todos los votantes.