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Profesor en Historia Contemporánea de la Universitat de Girona

Maximiliano Fuentes: «Si todo es fascismo, nada lo es y ahí está la banalización»

  • Entrevista

Fecha de primera publicación: 15/03/2023

Maximiliano Fuentes en Albi (Francia) | Foto: Sandrine Victor

Maximiliano Fuentes Codera (Buenos Aires, 1976) es doctor en Historia Contemporánea y profesor en la Universitat de Girona, donde también dirige la cátedra Walter Benjamin, Memòria i Exili. Actualmente es investigador principal del proyecto ‘La patria hispana, la raza latina. Intelectuales, identidades colectivas y proyectos políticos entre España, Italia y Argentina (1880-1945)’. Su último libro es 'Ellos, los fascistas. La banalización del fascismo y la crisis de la democracia', en el que. con el también historiador Javier Rodrigo. estudia si la revitalización de los fenómenos políticos nacionalistas y xenófobos se corresponde realmente con el contexto originario en el que tenía sentido usar el término fascista. Sobre esas nuevas narrativas del actual debate político versará la charla que el viernes, 17 de marzo, ofrecerá en la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación (seminario F, a las 10:00): 'Fascismos, ultraderechas y derechas radicales. Un debate entre el presente y el pasado'.

El libro y la charla nacen de preguntas que nos hacíamos sobre si ha vuelto el fascismo o estamos en una antesala ante su llegada o si la situación política actual es similar a la de los años 20 y 30 del siglo pasado.

¿Y qué provoca esas preguntas?

Nacen de las elecciones de Madrid 2021 con el famoso lema de Ayuso 'comunismo o libertad' y la respuesta del PSOE y Unidas Podemos: 'Frente al fascismo, ¡antifascismo!' o la llegada de Trump al poder en EEUU. Nosotros (tanto Fuentes como Rodrigo son expertos en las guerras y dictaduras del siglo pasado) tratamos de analizar lo que sabemos del pasado y estudiar los procesos que se están dando de populismo, derechas radicales y posfascismo y analizar la crisis de la democracia actual.

«La democracia es un régimen imperfecto que está en constante revisión»

Entonces la democracia actual ¿es real aunque esté en crisis?

Eso es. Es real, ya que, por definición, democracia es un régimen imperfecto y está en constante revisión. Siempre está sometido a críticas, tensiones, procesos de negociación, lo que implica insatisfacción de todas las partes. Al mismo tiempo, desde el ámbito de la Politología, se está planteando que está en crisis en dos sentidos: en la relación entre democracia e igualdad y en la falta de sentido de pertenencia a los partidos políticos y lo que estos proyectan.

¿Cómo se manifiesta esta crisis?

En vivir en una democracia socialmente desigual, en la implosión de muchos sistemas bipartidistas heredados de la segunda posguerra y en la falta de estabilidad de muchos sistemas parlamentarios. Esta crisis de 'marketización' de la política logra que se piense que todos los partidos dicen lo mismo.

No es, por tanto, una crisis que afecte solo a derechas o a izquierdas.

Al final, esta crisis afecta a todas las personas. No es un problema de derechas o izquierdas, aunque, obviamente, las explicaciones están relacionadas con las percepciones e ideas políticas de cada uno.

¿Considera que la designación 'fascista' se ha convertido en un estereotipo y se ha resignificado el concepto?

Sí. Detrás del apelativo o acusación de 'fascista o facha' hay diferentes problemas, pero el más importante es que no permite saber por qué determinados planteamientos de la derecha radical populista han tenido y tienen bastante éxito.

Se ha desvirtuado el concepto de fascista, igual porque se desconoce qué es realmente el fascismo.

Exacto. Por eso, la conferencia tendrá una parte breve, porque estará más dirigida a la actualidad, en la que repasaremos qué es, qué fue y qué puede quedar de aquello.

¿Existe el fascismo en la sociedad de hoy en día?

Hay que dividir la ultraderecha en dos sectores. Por un lado, la derecha radical populista, que son aquellos grupos como Vox que, a pesar de compartir elementos de memoria histórica o del franquismo, tiene planteamientos diferentes. Es decir, no cuestiona el sistema democrático liberal. No plantea una ruptura abierta, sino que va limando el sistema a través de políticas que pueden llevar a casos como el de Hungría, que sin producirse ningún fenómeno abiertamente violento o rupturista han llevado al sistema democrático liberal a un sistema iliberal. Y, por otro lado, la derecha fascista o neonazi como fue el caso en Grecia con Amanecer Dorado.

Sí, que son dos cosas diferentes.

Eso es. Podemos situarlo en un gran paraguas común, pero es necesario dividirlos. Vox, por ejemplo, no ha llevado acciones violentas de manera evidente ni las ha reivindicado como tales. Diferente es el caso de Trump con el asalto al Capitolio o lo de Bolsonaro. Hay diferencias dependiendo del continente o el país.

En alguna ocasión ha dicho que se está haciendo un blanqueamiento del fascismo.

Sí. Lo que planteo con esta idea es que, si todo es fascista, quitas valor a lo que de verdad lo es. De hecho, si todo es fascismo, nada lo es y ahí está la banalización. Es decir, no es lo mismo exterminar a seis millones de judíos que plantear unas cuantas barbaridades como hace Vox en el Parlamento. Hay una diferencia. La idea es plantear por qué, sin quererlo, se banaliza el fascismo.

«Si analizamos la posibilidad de tener un partido fascista al mando, el peligro está más fuera de Europa que dentro»

¿Por qué cree que la ultraderecha está abriéndose camino también entre la juventud?

Las redes sociales han jugado un papel importante. Se ha estudiado con el caso de Trump y Bolsonaro. Sin embargo, influye un proceso de diferentes etapas: su inicio con el cambio de siglo, la caída del Muro de Berlín..., y tiene un punto de inflexión con las políticas aplicadas a la crisis, a la Gran Recesión del 2008: las políticas austeridad, la falta de perspectiva, la crisis de la democracia, la crisis de representatividad de los partidos, las respuestas a la crisis económica, el fracaso de muchos planteamientos de la Unión Europea, etc. En este marco de identidades particularmente nacionales, crisis económica y crisis de la democracia o la representatividad, surgen salidas populistas, que se han convertido en una propuesta atractiva para jóvenes. Esta combinación de factores ha hecho posible que emerjan propuestas como Vox o Chega! en Portugal.

Algunos de los acontecimientos provocados por el fascismo en el siglo XX se estudian en los institutos y universidades. Viendo las consecuencias, el daño infligido ¿cómo es posible que aún haya adeptos?

Desde un punto de vista más humano es muy difícil responder, pero analíticamente podríamos decir que han pervivido núcleos. Son admiradores que existirán siempre. De la misma manera que hay gente que reivindica el estalinismo o regímenes absolutamente horribles, hay personas que reivindican el fascismo. En cualquier caso, son grupos minoritarios.

Ha escrito que reivindicar la herencia del fascismo solo puede hacerse a partir de la crueldad o la ignorancia.

Claramente, porque o bien se es ignorante al respecto de no saber qué fue lo que sucedió, algo que llama la atención, porque a estas alturas se sabe muy bien, y si no es una abierta manifestación de crueldad, porque plantear dudas sobre regímenes que acabaron con la vida de millones de personas, de que la represión fue indiscriminada, la negación del holocausto, son cosas que resultan dañinas, porque son incuestionables.

Señala que Italia o España no tienen por qué estar avanzando hacia el fascismo, que, pese a vivir un presente convulso políticamente, no es equiparable a lo vivido en décadas anteriores. Sin embargo, ¿cree que en un futuro podríamos volver a vivir situaciones similares?

Podría, pero no es lo que está sobre la mesa ahora. En este sentido, es importante hacer una distinción entre Europa occidental y Europa oriental. No es la misma situación la de Italia que la de Hungría. Ahí, lleva años en el poder una derecha radical con posturas antiliberales y en Italia, a pesar de que los propios Fratelli d´Italia sean una evolución de partidos posfascistas y tengan en sus filas a personas que reivindican el fascismo, el gobierno que está construyendo Meloni se aleja de estos postulados. En el caso oriental la situación es muy diferente. Además, en Europa no ha habido fenómenos como el de Bolsonaro o Lula, el ataque al gobierno de este o el asalto al Capitolio a principios del 2021. Por lo tanto, si analizamos la posibilidad de tener un partido fascista al mando, el peligro está más fuera de Europa que dentro.