Urundiru, el dinero de la harina

El profesor de la UPV/EHU Díaz de Durana relata la historia de un odioso impuesto que se mantuvo en Vitoria durante tres siglos

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Fecha de primera publicación: 23/05/2019

José Ramón Díaz de Durana Ortiz de Urbina
José Ramón Díaz de Durana Ortiz de Urbina. Foto: UPV/EHU.

El Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea ha publicado el libro que lleva por título ‘Urundiru. El dinero de la harina de las almas muertas de Vitoria (ca. 1420-1760)’, del profesor José Ramón Díaz de Durana Ortiz de Urbina. El libro aborda la historia de un tributo, el “urundiru”, que conservó su denominación eusquérica desde su creación en torno a 1420 hasta su desaparición en 1760, cuando recibía el nombre de 'irundiru'.

Según el testimonio de los labradores a principios del siglo XVI, la palabra “'urundiru' es vascuençe, e que en castellano quiere tanto dezir commo ‘dinero de harina’, porque urun quiere dezir arina e diru quiere dezir dinero, de manera que todo junto, en romançe castellano, es commo si se dixese dinero de harina”.

En realidad, era el dinero del peso de la harina, es decir, una imposición que gravaba el consumo del trigo y la harina y que la ciudad de Vitoria les cobraba por no pesar la harina en el peso público de la ciudad, como lo hacían quienes vivían dentro de la muralla.

Esa tasa la tenían que pagar los labradores que vivían en las aldeas de la jurisdicción de Vitoria. Es decir, hombres, mujeres, niños y niñas mayores de siete años, y criadas y criados, aunque fuesen hidalgos. El importe a lo largo de tan extenso periodo cronológico varió entre los tres y siete maravedíes por persona, pero la práctica habitual en la recaudación fue la contribución de cinco maravedíes por cabeza.

A lo largo de su historia, ese impuesto fue fuente de conflicto y protesta por parte de los labradores. En 1508, los labradores de la jurisdicción decidieron poner una demanda contra la ciudad ante la Real Chancillería. Tras una sentencia favorable en un principio y un nuevo periodo para la aportación de pruebas, los jueces fallaron a favor de la ciudad en noviembre de 1513.

Esa sentencia constituyó un punto de inflexión en la historia de la relación entre la ciudad y los labradores de las aldeas. Aunque con problemas, el ‘irundiru’ se mantuvo hasta 1705. Tras ese periodo, la oligarquía vitoriana intentó cobrarlo en 1753 tanto a los vivos como a los muertos que no lo habían pagado durante la primera mitad del siglo XVIII. El intento fracasó y su cobro fue suspendido años más tarde por el Consejo de Castilla.

Y es que, a juicio de los labradores, se trataba de un tributo “tan odioso y reprovado, que de derecho no se halla que villa ni ciudad, la más distinguida de estos reynos, le tenga sobre los vezinos de las aldeas de su jurisdicción”. En efecto, en ninguna ciudad de las coronas de Castilla y de Aragón se cobraba el dinero de la harina como un impuesto de capitación. Solo en algunas ciudades del norte de Italia puede encontrarse algo semejante.