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María Dosil, Elena Bernaras y Joana Jaureguizar

Cómo tratar la violencia en parejas adolescentes bajo acogimiento

Investigadoras de la UPV/EHU

  • Cathedra

Fecha de primera publicación: 20/09/2021

Foto: Shutterstock / Ph_Stephan

Este artículo se encuentra publicado originalmente en The Conversation.

Durante los últimos años se han ido visibilizando cada vez más los casos de violencia en las relaciones de jóvenes y adolescentes, tanto en los medios de comunicación como en las redes sociales y a través de los archivos que se comparten por WhatsApp.

El hecho de dar a conocer las situaciones de violencia que se están produciendo en el seno de la pareja puede que haya ayudado a aumentar el conocimiento del fenómeno como tal y a sensibilizar a la sociedad sobre ese grave problema de salud pública.

Sin embargo, tanto los estudios como los hechos que ocurren en el día a día no demuestran que ese fenómeno haya mejorado.

La violencia en las parejas no es un fenómeno que comience de forma espontánea durante el matrimonio. Muchas veces empieza con anterioridad, por ejemplo, en las primeras relaciones de noviazgo. No obstante, parece que la violencia en las relaciones de noviazgo (VRN) ha sido menos investigada o se ha visibilizado menos ante la sociedad. Eso puede deberse a que siempre se han considerado ese tipo de relaciones más esporádicas, menos dañinas y menos importantes que las relaciones entre los adultos, a pesar de que el interés por el sexo opuesto (en parejas heterosexuales) o el mismo sexo (en parejas homosexuales) suele ser una de las principales preocupaciones de los chicos y chicas adolescentes.

La violencia en la pareja en adultos y jóvenes

Sin embargo, desde una perspectiva intergeneracional, se menciona que la violencia en la pareja en adultos tiene semejanzas con la violencia en las relaciones de noviazgo, tales como la prolongación en el tiempo, las consecuencias perjudiciales y la reincidencia a lo largo del tiempo.

Otros estudios consideran ese tipo de violencia como precursora de la violencia en la pareja en la vida adulta, lo que pone de manifiesto la necesidad de tratarlo cuanto antes en el ámbito de la educación formal y no formal.

Expertos en acogimiento residencial destacan la escasa presencia de ese colectivo en las investigaciones nacionales e internacionales, puntualizando que la protección infantil y adolescente en España no es considerada hoy en día un problema social.

Invisibles, pero cada vez más numerosos

Otros señalan que esos menores bajo acogimiento residencial tienen una consideración social poco menos que de invisibles. Sin embargo, sigue aumentando el ingreso de esos menores en el sistema de protección. Los destinatarios son personas menores de edad hasta los 18 años, con múltiples problemáticas o multivictimizados, sobre los que las distintas instituciones públicas tienen asumida su guarda o tutela.

El último Boletín de Datos Estadísticos de Medidas de Protección a la Infancia sobre niños, niñas y adolescentes ha señalado un incremente del 0.57 % respecto al 2018, pasando de 49 985 en 2018 a 50 272 en 2019.

En la actualidad, la búsqueda de investigaciones en relación a la violencia en las relaciones de noviazgo en adolescentes bajo acogimiento residencial es dificultosa, a pesar de que varios estudios consideren a esos adolescentes como un grupo de alto riesgo en la disfunción de sus relaciones.

Una tesis doctoral, publicada recientemente sobre la violencia en las relaciones de noviazgo en adolescentes bajo acogimiento residencial en el País Vasco, ya señaló que muchos de ellos ejercen y sufren violencia y victimización de todos los tipos en sus relaciones de noviazgo, por ejemplo, la violencia relacional (aquella que se da de manera más sutil, menos visible: “traté de apartarla/o de su grupo de amigas/os”), la verbal-emocional (“le insulté con frases de desprecio”) y la física (“le di una patada”).

Además, también se halló que a medida que aumentaba la edad, de 12-14 a 15-17 años, la violencia y la victimización aumentaban y los perpetradores eran tanto chicos como chicas, aunque ellas son las más victimizadas. Asimismo, ese colectivo fue comparado con otros adolescentes de muestra normativa, mostrándose prevalencias superiores siempre en el grupo bajo acogimiento residencial.

El hecho de que esos colectivos ejerzan y sufran más violencia y victimización que la población normativa debería ser considerado en futuras investigaciones.

La importancia de la prevención

Un cambio social en relación a esa violencia solo puede ser posible si se previene con anterioridad. Como ya se apuntaba en estudios anteriores, la prevención desde la adolescencia temprana (o incluso antes) es la clave en el ejercicio del buen trato y las relaciones saludables.

Es importante que todas las campañas formativas para erradicar la VRN dirigidas a la sociedad sigan potenciando las relaciones igualitarias, el respeto a los derechos humanos y tengan en consideración a los menores bajo acogimiento residencial.

Todos los agentes que trabajan en la prevención de la VRN deben tener presente y trabajar también en la misma línea la violencia online, ya que ese tipo de relaciones –que se produce principalmente por las redes sociales y por el móvil– son muy comunes entre los adolescentes, pues son las herramientas que utilizan para comunicarse con sus iguales y sus parejas.