La diversidad es riqueza, y en la lengua también. Inge Sichra e Itziar Idiazabal

Publicado en Campusa revista electrónica de la UPV/EHU el 26 de mayo 2017

Fecha de primera publicación: 01/06/2017

Las lingüistas Inge Sichra e Itziar Idiazabal reflexionan sobre los retos de las lenguas minorizadas, el bilingüismo y el papel de la escuela

Inge Sichra e Itziar Idiazabal (© Laura López UPV/EHU)

Inge Sichra, doctora en sociolingüista de la Universidad de Viena y profesora en la Universidad Mayor de San Simón (Cochabamba, Bolivia), y la catedrática Itziar Idiazabal, coordinadora de la Cátedra Unesco de Patrimonio Lingüístico Mundial de la UPV/EHU, comparten una pasión: mantener la diversidad lingüística. Sichra centra su trabajo en el quechua e Idiazabal en el euskera. Aunque se conocen desde hace casi 30 años, es la primera vez que la sociolingüista austriaca visita el País Vasco. El encuentro ha servido para intercambiar reflexiones sobre el papel del docente, el bilingüismo y los retos de las lenguas indígenas en Latinoamérica.

Uno de los campos de trabajo de ambas expertas es la educación multilingüe. "Impulsamos este modelo de educación porque hace más ricas a las personas, a las sociedades y a las propias escuelas, Aunque somos conscientes de que no va a solucionar los problemas de muchas lenguas minorizadas que están en peligro", explica Itziar Idaizabal. De hecho, Inge Sichra es experta en educación intercultural bilingüe (EIB), Asesora del programa de formación intercultural PROEIB Andes de Bolivia y coordinadora del máster de Formación para la Educación Intercultural Bilingüe (EIB). Ha acudido a la Facultad de Letras para participar en un seminario organizado por la Cátedra Unesco de Patrimonio Lingüístico Mundial de la UPV/EHU y el Departamento de Lingüística y Estudios Vascos.

Inge Sichra recuerda las inquietudes que tenía hace 30 años, y la curiosidad con que vivieron los procesos lingüísticos vasco y catalán. "Eran referentes, y la situación social, política y económica era y es muy diferente en Latinoamérica, por eso hay que crear nuevos modelos para cada realidad. Sería deseable llevar a cabo la inmersión lingüística que se practica en las escuelas de Euskadi, pero no se dan las condiciones para aplicarlo con las lenguas indígenas".

La realidad lingüística y educativa de Latinoamérica es muy compleja

En Latinoamérica la realidad es muy dispar y compleja. En Bolivia existen 36 lenguas, de las cuales aymara, quechua y guaraní son las que cuentan con más hablantes. En Latinoamérica, en general, mucha gente se considera indígena pero no todos conservan su lengua. En Guatemala, por ejemplo, más de la mitad de la población se declara indígena, pero sólo un 30% habla una lengua ancestral. En Colombia hay 68 idiomas indígenas hablados por un 3% de la población. "Curiosamente son pocos, pero muy beligerantes con el idioma y lo conservan vivo; hacen mucho más que otras comunidades más grandes numéricamente", apunta Idiazabal.
La realidad lingüística y educativa de Latinoamérica es muy compleja

El contrapunto es Ecuador, explica Sichra. "Las comunidades indígenas tenían su espacio propio en la escuela y se respetaban sus culturas y lenguas. Al llegar Rafael Correa al gobierno se barrió con el sistema. Desaparecieron las ‘escuelitas' para dar paso a las ‘escuelas del milenium', hipertecnologizadas donde todo es inglés-castellano. Ni siquiera castellano-inglés."

Sichra observa con pesimismo la situación latinoamericana porque la estructura educativa es muy débil y está sujeta a los vaivenes de cada gobierno. "Por eso, para que las lenguas indígenas sigan vivas y crezcan son necesarios modelos que superen la escuela, porque no podemos cargarle con toda la responsabilidad". De todas maneras, en Bolivia se está implantando la Educación Intracultural Intercultural Plurilingüe que parte de la situación lingüística de cada escolar para alcanzar el bilingüismo. Dependiendo de la lengua que haya adquirido en primer lugar el niño o la niña, así se trabajará en la escuela. Al hablante indígena se le introducirá el castellano como segunda lengua; y al castellano parlante, una lengua indígena.

 El reto de una lengua es el factor humano

La tarea de mantener y potenciar el bilingüismo está directamente relacionada con la voluntad y la participación comunitaria. En este contexto, la implicación de los docentes es muy importante, aunque haya sido un tema tabú hasta ahora. "Pero nos hemos dado cuenta de que hay que indagar en la coherencia profesional y personal del profesorado. Saber cómo vive y usa la lengua en casa y en sus espacios privados, más allá del discurso a favor de la lengua en la escuela", reflexiona la sociolingüista austriaca.

Itziar Idiazabal también pone el acento en la importancia del profesorado. "Cuando comenzamos el proceso de recuperación del euskera hace cuarenta años, la figura del docente fue fundamental por ser modelo de vida, por su fuerte implicación. Y la enseñanza en euskera fue artífice de procesos innovadores en educación y en la relación con los padres. Ahora, sin embargo, se observa que en muchos casos el profesor ha dejado de ser referente y coherente en relación con su tarea de revitalizar la lengua".

Para Inge Sichra, "es peligrosísimo que eso ocurra, porque si los maestros pierden a sus hijos para la lengua, en diez años perdemos la lengua. Volvemos a recurrir a la educación formal que sólo valora las lenguas hegemónicas. El gran reto de una lengua minorizada es el factor humano; es imprescindible implicar a la familia, aunque es un proceso difícil".

El orgullo de ser bilingüe

La sociolingüista se pregunta por qué una familia que vive en un entorno quechua real, que conserva la historia y la cultura, que trabaja y come como quechua; está, sin embargo,  empecinada en hablar castellano con los niños que todavía gatean. "Hace cinco años se vivía en los dos idiomas. Este es un cambio reciente y preocupante porque, en una sociedad que se reconoce como intercultural, los rasgos de identidad quechua se viven en castellano. Es un proceso de colonización habitual en comunidades dónde existe una lengua hegemónica y se produce una migración muy importante hacia la ciudad. El entorno urbano pone en cuestión el bilingüismo", apunta Inge Sichra. Ya no se les enseña a los niños la lengua indígena para que, cuando vayan a la escuela y a la ciudad, no les vean como niños y niñas bilingües, o como campesinos.

Idiazabal explica que "el bilingüismo sólo es un problema cuando incluye una lengua minorizada. Es una situación muy diferente si son lenguas de prestigio como el inglés o el castellano". Además desde las lenguas hegemónicas se ha impuesto la falsa idea de que el profesor nativo es imprescindible en el aprendizaje idiomas; una idea que sirve para ejercer un férreo control sobre las escuelas de lenguas minorizadas que pueden tener más dificultades en conseguir profesores nativos.

 La catedrática de la UPV/EHU reivindica la figura de la persona que de adulta se ha convertido en bilingüe aprendiendo una lengua minorizada. "Como profesor,es un modelo mucho más rico porque está demostrando con su ejemplo que es posible aprenderlo aunque no lo haya hecho desde niño y en la escuela. Es el euskaldun berri orgulloso que en Latinomérica no existe. Por su parte, Inge Sichra precisa: "La lengua es una marca de origen y en este caso de ser indígena. Eres bilingüe porque eres indígena, no porque quieras ser bilingüe; Y hoy existen muy pocas personas que por deseo propio se conviertan en bilingües, sin que sea necesario para su carrera profesional. El problema aumenta porque hay muchas personas que renuncian a su condición indígena y a su lengua".

Es cierto que en el mundo sí que existen casos de éxito protagonizados por personas bilingües que han aprendido las lenguas minoritarias como lenguas segundas. En Nueva Zelanda los maorís, cuya primera lengua era el inglés, han revitalizado y recuperado su idioma, Hace apenas una generación sólo un 5% de la población era hablante maorí, ahora esta lengua ha logrado una hegemonía importante. Este proceso ha estado impulsado por la necesidad de fortalecer la identidad nacional y defender la soberanía territorial. "Es la noción de ‘nosotros ciudadanos maorís de primera' frente a ‘ciudadanía norteamericana de segunda o tercera'. El orgullo de ser", aclara Sichra. Itziar Idiazabal añade que "son decisiones políticas, como la adoptada por Israel al potenciar desde el estado el uso de una lengua que solo estaba en los textos sagrados".

La lengua es un valor transversal

 En este proceso de reflexión, la sociolingüista, que vive en Cochabamba y conoce a fondo la situación de Bolivia, recuerda que no toda iniciativa política acompaña y potencia la lengua. La constitución boliviana reconoce el castellano y todos los idiomas de los pueblos indígenas como idiomas oficiales del estado; y el modelo teórico de educación que ahora se propone es intracultural, intercultural y plurilingüe para todo el sistema educativo. Esta pretensión evidentemente, no es realista; "para empezar, ni siquiera los documentos que lo proponen están escritos en lenguas indígenas. Y piensas que es una oportunidad perdida para reconocer formalmente las lenguas propias".

En este sentido Itziar Idiazabal asegura que "la lengua está viva si lo "atraviesa" todo, la vida familiar y la social, el ocio y el trabajo,  tiene que estar presente en el mercado, en el campo de fútbol, en la calle. Es el uso el que asegura su supervivencia". Inge Sichra precisa que "hay que superar el concepto de ‘saber la lengua' por el de ‘usar la lengua'. Esta es la clave para que se extienda y se enriquezca". Y ambas coinciden que la coexistencia de culturas y lenguas es posible y no hay que renunciar a nada, a pesar de la simplificación, el monolingüismo, que predican los hablantes y estados de lenguas dominantes en su afán de uniformizar.  Como señala Sichra, "la diversidad en la naturaleza es riqueza, y en la lengua también".