Carlos Santamaría y su obra escrita

 

La máquina estatal

 

El Diario Vasco, 1959-08-02

 

      Hasta hace poco tiempo, la construcción del Estado había sido considerada como obra propia de los juristas. Parece, sin embargo, que ha llegado la hora de los economistas y que este acontecimiento va a cambiar mucho el aspecto del problema. El derecho político va a ser desplazado por las ciencias de la organización y este es un hecho terriblemente importante para la Historia.

      El punto de vista del Estado justo, que se asienta en consideraciones de carácter moral, tiene, sin duda alguna, una importancia capital y seguirá teniéndola mientras el hombre sea hombre. En el fondo esta cuestión de la justicia e injusticia política no puede ser eliminada ni evitada por ninguna clase de técnica material. Pero el punto de vista del Estado «eficaz», bastante desdeñado por los juristas, quizás como algo indigno de su elevada sabiduría, cobra ahora una gran importancia al impulso de las nuevas técnicas de la organización humana.

      Una buena organización requiere un sentido muy agudo de la eficacia y de la «economía» en el sentido vulgar u ordinario de esta palabra. Se trata, en efecto, de «economizar» energía, fuerza, materiales, tiempo, inteligencia, dinero y vidas humanas; aplicar todos estos elementos a la organización han realizado enormes progresos, tanto en el campo [!] des, de modo que alcance el máximo rendimiento en todos los órdenes. Para esto hay que eliminar todo peso muerto, suprimir toda tarea inútil, simplificar la concepción de toda actividad social, contando como base con una población humana de seres libres e inteligentes.

      Desde que Taylor se planteó a sí mismo el problema del tamaño más conveniente de las palas de los cargadores —cuestión en la que nadie había pensado hasta entonces— se han presentado infinidad de problemas de este mismo género. Si esta operación puede hacerse en un solo tiempo, ¿por qué emplear dos o tres? Si cabe simplificar y abaratar este proceso, mediante un esfuerzo de reflexión inteligente, ¿por qué empeñarse en seguir realizándolo de una manera complicada y costosa?

      Partiendo de esta problemática, las ciencias de la organización han realizado enormes progresos, tanto en el campo de la industria como en el de la ordenación política y social; pero queda aún un gran camino por andar y el mundo futuro conocerá bajo este aspecto realizaciones sorprendentes, casi maravillosas.

      Ahora bien, la organización de los estados sigue siendo en general muy anticuada, al no haber asimilado casi nada de los procedimientos modernos, y en algunos países esta anticuación es todavía más acusada, ya que, en su esencia la máquina administrativa no ha sido renovada ni repensada desde hace siglos.

      Se empieza, pues, a pensar en aplicar al Estado criterios modernos de eficacia y de economía organizativa. La normalización, la productividad, la matemática operativa, ¿no encontrarán su primer campo de aplicación adecuado en la propia máquina estatal?

      Esta debe ser ágil y flexible en alto grado, de modo que, por ejemplo, no se pierda un solo minuto en trámites ni en papeleo inútil. El análisis de expertos de la organización revelaría la necesidad de esta transformación y los medios prácticos de llevarla a cabo. Lo que desmoraliza más al funcionario es, quizás, el pensar que una buena parte de su trabajo pueda resultar inútil por falta de una planificación adecuada desde el punto de vista de la organización.

      El Estado debe, pues, empezar por planificarse a sí mismo para luego poder planificar a los demás en la medida en que esto sea posible, conveniente o necesario. Todo lo que se haga en este sentido merecerá el aplauso y la alabanza de los ciudadanos.

 

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