Carlos Santamaría y su obra escrita

 

«Inteligencia sentiente» (II)

 

El Diario Vasco, 1981-02-22

 

      Hicimos referencia en un artículo anterior a la nueva obra de Zubiri: «Inteligencia sentiente». Volvemos ahora sobre el mismo asunto a fin de formular algunas indicaciones elementales y, por decirlo así, vulgarizadoras, para animar y orientar al posible lector de este libro.

      No se trata en modo alguno de un tema inactual o puramente especulativo. En mi opinión el tema «inteligencia sentiente» puede ser tan actual como el de la tortura, el del divorcio, el de la crisis energética, y, por supuesto, mucho más interesante que el discurso de Calvo Sotelo. Todo depende de la profundidad con que se miren las cosas y de la longitud de onda con que se quiera operar.

      Pienso en efecto que la obra filosófica de Zubiri no sólo es actual, sino que está llamada a ser actuante, aunque esto segundo dependa de factores extrínsecos o externos a la obra misma.

      Una filosofía es actuante cuando a partir de ella, y por causa de ella, las gentes empiezan a pensar y actuar de una manera diferente. Exagerando un poco la cosa podría decirse que el pintor empieza a pintar de otra manera, el científico a hacer ciencia de otra manera, el político a hacer política de otra manera, etcétera. (Claro está que en todo esto hay relaciones causales muy difíciles de desentrañar, y seguramente en todo cambio social hay siempre una causa común de esos fenómenos).

      Pero sea de todo ello lo que quiera, una filosofía que no sea actuante, es decir, que no sea capaz de cambiar la vida de un pueblo o de una sociedad, carece prácticamente de interés. En esto tenía razón Marx en su undécima tesis sobre Feuerbach, que ningún filósofo que se precie debiera echar en olvido.

      Yo creo que en la obra filosófica de Zubiri hay muchas cosas que pueden hacer de ella una filosofía actuante. Hay por ejemplo páginas enormemente densas dedicadas al «sentir», o a la «aprehensión sensible», que podrían ejercer un efecto transformador y profundizador en la obra de cualquier artista que se asomase a ellas.

      El peligro está en que, dada la rigurosidad con que la obra de Zubiri está construida, muchos hombres cultos de nuestro país se echen atrás y renuncien a su lectura, cosa que hay que evitar a toda costa. Zubiri debe ser enseñado y «explicado» —desarrollado— a fondo en nuestras aulas.

      En cuanto al carácter actual de la filosofía de Zubiri es para mí cosa que no ofrece la menor duda.

      A un momento dado, y para superar definitivamente el realismo ingenuo, la filosofía y la ciencia tuvieron que hacerse críticas, es decir, tuvieron que ponerse a criticar su propia capacidad de conocer lo real. Tal fue el quehacer esencial del idealismo alemán. Pero el resultado de esta crítica resultó ser sumamente desalentador: el criticismo extendió sobre el hombre occidental un manto de pesimismo, al negar aquél la posibilidad de acceso a lo último real, a la «cosa-en-sí». como dice Ernst Bloch, Kant hizo del mundo un «océano sin orillas» en el que ni el náufrago ni el viajero tenían ningún interés en navegar, puesto que dentro de él no se podía arribar a ningún puerto.

      El criticismo se convirtió así en una especie de tragedia del hombre culto, tragedia de la cual parece que estamos empezando a salir ahora. Así, la filosofía tiende a volver hoy al realismo. Mejor que volver, ir. Ir a un nuevo realismo, lo cual constituye una empresa muy difícil y azarosa.

      Pues bien en esa línea creo yo que se inscribe toda la filosofía de Zubiri. Tanto en «inteligencia sentiente» como en «Sobre la esencia» lo que a mi juicio trata de hacer Zubiri es construir elementos sólidos y por completo rigurosos para poder abordar con toda seguridad la gran tarea de la edificación del realismo.

      Por eso creo que es actual y potencialmente actuante la filosofía de Zubiri.

 

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