Carlos Santamaría y su obra escrita

 

El euskera en la política

 

El Diario Vasco, 1981-04-19

 

      La regulación del uso público de las lenguas catalana y vasca puede plantear algunas dificultades en las respectivas Comunidades autónomas, pero es por completo normal que así ocurra cuando, después de tantos años de relegación sistemática de estas lenguas, sólo ahora se ha iniciado el montaje de unas estructuras adecuadas para su tratamiento como lenguas oficiales.

      De cualquier manera hay que decir que los dos casos —el del catalán y el del vasco— son por completo diferentes y que un intento de aproximación de ambas problemáticas socio-lingüísticas difícilmente podría conducir a resultados prácticos.

      Así, por ejemplo, mientras en Cataluña el manifiesto de los tres mil y pico intelectuales sugiere la idea de una especie de lucha de lenguas, este fenómeno no aparece en Vasconia, entre otras razones porque la mayoría de los vascos, incluso de los vascos nacionalistas, desconoce la lengua originaria del País. Este desconocimiento es, desde mi punto de vista un hecho lamentable y sumamente perjudicial para nuestra cultura; pero hoy por hoy las cosas son así y no sirve de nada el querer vendernos ilusiones a nosotros mismos.

      Por el contrario, pienso también que la gran mayoría de la población de Euskadi vería con agrado un renacimiento de la lengua vasca, a través principalmente de la escuela, a condición de que esto se hiciera sin imposiciones ni forcejeos, es decir en un clima de libertad.

      Pero si, como acabamos de decir, aquí no tenemos una verdadera lucha de lenguas, sí tenemos, en cambio, un problema terrible, que los catalanes resolvieron hace ya muchos años y que para nosotros sigue en pie: la cuestión de la unificación, no sólo ortográfica, sino también lexical y gramatical, de lo que pudiéramos llamar la lengua vasca ciudadana.

      La unificación metódica, suavemente propugnada por la Academia durante los últimos años, con la participación y el consejo de un maestro de la lengua universalmente reconocido, como lo es el profesor Michelena, se ha abierto camino ampliamente en los medios cultos del euskera y hoy es una potente realidad que algunos se empeñan vanamente en ignorar.

      Por mala que fuese esta unificación —que no lo es— podría tener aquí aplicación el popular: «más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer». O, en euskera, aquel otro refrán que reza: «baliztz-ko olak, burnirik ez» que es como decir que la herrería del «si fuera», ni ferra ni hierra.

      — En efecto, algunos hablan de un posible euskera unificado que no fuera el actual, pero este hipotético «batua» ni siquiera sirve para unificar a sus defensores, por la simple razón de que ni siquiera existe.

      Según las informaciones de prensa, en una reciente asamblea del partido vasco mayoritario se ha discutido sobre este asunto, navegándose sobre un fondo de temas gramaticales respecto de los cuales una asamblea política de esta naturaleza no parece tener una especial competencia técnica.

      — Creo ver en ciertas actitudes un exceso de pasión y una insuficiencia de conocimientos. De cualquier modo yo me atrevería a afirmar que el euskera no es una cosa política ni el patrimonio de un sólo partido.

      Por esta razón entiendo que si alguna vez el Parlamento vasco tuviera que adoptar alguna decisión sobre asuntos más o menos relacionados con el modelo vasco del lenguaje oficial, el informe técnico de la Academia tendría que jugar un papel importante en la discusión. Sería también necesario que entre los parlamentarios se lograse un amplio consenso al margen de todo género de imposiciones o consignas de los partidos.

      Esto es lo menos que, a mi modo de ver, podría esperarse de la sindéresis de nuestros legisladores.

 

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