Karlos Santamaria eta haren idazlanak

 

No se producirán variaciones de fondo

 

El Ciervo, 410 zk., 1985-04

 

      Que el relevo de Chernenko por Gorbachev vaya a dar lugar en este momento a cambios sustanciales en la política soviética es cosa que no me parece mínimamente probable.

      El régimen ruso es enormemente tardígrado. Pensar que la presencia en el Kremlin de un nuevo hombre, más joven, más dinámico, más abierto que sus predecesores, pueda bastar para que se produzcan variaciones de fondo en la marcha del comunismo soviético no tiene sentido alguno.

      El ejemplo chino no tiene aplicación posible para la Unión Soviética. Cada vez que Gorbachev quiera dar un paso adelante en la línea del cambio va a tener que vérselas con la dirección ejecutiva, con el ejército, con la vieja guardia y con la coherencia del sistema.

      Podrá hablarse —eso sí— de reajustes, rectificaciones o correcciones en el «modo» de determinados aspectos de la política rusa, pero no de una auténtica «reforma», concepto condenado por la ortodoxia marxista-leninista. Algo así como lo que pasó en España después del franquismo es absolutamente impensable en Rusia.

      De cualquier manera debemos reconocer que ciertos cambios, aunque fuesen secundarios o periféricos, podrían tener consecuencias importantes, tanto para la política interna del Estado soviético como para el Orden internacional.

      Convendría que los analistas hiciesen un estudio sobre lo que puede cambiar y lo que no puede cambiar en este momento en la URSS. Es seguro, por ejemplo, que la gran estrategia político-militar de la URSS frente a los EE.UU. no puede cambiar porque es el resultado de unos postulados —algunos de ellos heredados de la Rusia zarista— que durante mucho tiempo han permanecido y deberán permanecer inconmovibles.

      También me parece cierto que la URSS no renunciará a la utilización del «arma ideológica» o «arma subversiva» —el otro «factor base» de la estrategia moderna, junto al arma nuclear, según el general francés Stehlin— que tan hábilmente viene manejando frente al poder americano desde la época del monopolio atómico.

      No parece imprudente el afirmar que Gorbachev «occidentalizará» un poco los métodos de represión y la interpretación de los derechos del hombre, actualmente vigente en la Unión Soviética.

      En cuanto a la política exterior parece casi seguro que, bajo el mando del nuevo Secretario, la URSS modificará la manera de interpretar su liderazgo del comunismo internacional. Las relaciones «de familia» con los demás países comunistas y con los partidos comunistas de todo el mundo serán agilizadas. La tutela sobre los Estados del Pacto de Varsovia adoptará un aire más pluralista y más respetuoso con las soberanías de estos pueblos, cada vez más inquietos y respondones.

      También cambiará el tono de las conversaciones con los EE.UU. haciéndose, al menos en apariencia, más dialogante.

      Nada de esto debilitará la acción política, militar y diplomática de la URSS. Al contrario, la fortalecerá y en este sentido las cosas se les pondrán un poco más difíciles a los americanos.

      La imagen joven del viejo Reagan va a ser en cierto modo superada por la imagen joven del realmente joven Mijail Gorbachev.

 

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