Carlos Santamaría y su obra escrita

 

El hombre afanado

 

El Diario Vasco, 1957-12-29

 

«Como el que tira el carro la cuesta arriba, así camina el alma que no sacude el cuidado y apaga el apetito». — (San Juan de la Cruz).

 

      Â«El lirio y el pájaro no sirven más que a un solo Señor; por eso no conocen la preocupación». El hombre viejo es como un reino dividido que lucha contra sí mismo y no puede gozar de paz.

      Desdichado el que quiere seguir a un mismo tiempo dos caminos.

      El demonio de la preocupación se apodera de él y la fiebre de la vida, no le deja descansar.

      Quiere muchas cosas y no quiere ninguna, porque ninguna le satisface.

      Quiere esto y quiere aquello; pero no quiere nada. Bastaría que quisiera una cosa de verdad para que su alma quedase libre de la solicitud; pero no conoce nada que pueda querer de verdad.

      Hasta la diversión es un quehacer para el hombre moderno. Todo se torna en trabajo para él y el desdichado no para. Le encontrareis afanado por las esquinas buscando algo que le falta.

      Tras las comilonas navideñas vienen las malas digestiones. Reseco y empalago es el recuerdo de la noche pseudo-cristiana.

      La comodidad es la meta del pagano americanizante: nevera, auto, televisión, la trinidad del «tonto-1957»; por tener estas cosas y otras semejantes da su cuerpo al trabajo y su alma al diablo.

      Se vendrá abajo esa civilización, se vendrá abajo como los muros de Jericó.

      Atibórranse otros de sensaciones y de impresiones intelectuales, la memoria y la imaginación muy cargadas y la voluntad inflada de deseos dispersos.

      Más engañados están todavía quienes buscan gustos devotos: andanzas, gestos y quehaceres religiosos que ellos mismos se inventan al margen de la justicia. Vereislos a menudo afanados, poseídos de celo indiscreto, hoy sermón, mañana procesión, dando golpes de pecho en pechos ajenos, metidos en muchas cosas sin apenas reparar en que muy pocas son necesarias, o, más bien, una sola.

      La suprema sabiduría consiste en vaciar el alma de todo lo que no sea este misterioso Uno necesario. La razón de ser de nuestro existir.

      Todo se simplifica a la luz de la noche oscura, la auténtica noche cristiana que acaba de pasar sobre nosotros. Navidad: invierno, desnudez, vaciamiento y entrega de sí mismo.

      He aquí lo que el hombre preocupado por ansías mil desconoce, y así no tiene calma ni paz, ni tranquilidad.

      Â«El lirio y el pájaro no sirven más que a un solo Señor; por eso no conocen la preocupación». Esta reflexión de Kierkegaard en sus «Discursos cristianos» se enlaza con muchas otras de la vieja y de la nueva sabiduría, y de los maestros espirituales más subidos y de todos los contemplativos que en el mundo han sido.

      Pero, ¿para qué complicarse la vida citándolos? El lector me creerá, porque esta verdad está dentro de su corazón y es precisamente ahí donde cada uno puede encontrarla.

 

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