Carlos Santamaría y su obra escrita

 

El humanista Carlos Santamaría recibió ayer el título de Hijo Predilecto de Guipúzcoa. «Es un honor para mí, pero me queda ancho»

 

El Correo Español-El Pueblo Vasco, 1991-04-28

 

Delia Rivela

 

    El donostiarra Carlos Santamaría recibió ayer la medalla de oro y el título de Hijo Predilecto de Guipúzcoa durante un acto de homenaje celebrado en el salón del trono de la Diputación Foral. La más alta distinción de este territorio, que es además la única otorgada en esta legislatura, ha sido concedida al profesor en Ciencias Exactas Carlos Santamaría por la labor realizada en favor del pensamiento y la cultura en nuestro país. El diputado general Imanol Murua, colocó la medalla de oro al homenajeado y seguidamente hablaron sobre él y su obra, el propio Murua, Inaxio Oliveri, Pedro Miguel Etxenike y Jesús María Larrazabal.

 

    A sus 82 años, Carlos Santamaría es un hombre polifacético. Hombre de paz, cuya labor pacifista le llevó a ser nombrado oficial de la Legión de Honor por el Gobierno francés; consejero de Educación del Consejo General vasco en el bienio 1978-80; entusiasta partidario del euskera que ha luchado por la creación y defensa de las primeras ikastolas; promotor e impulsor de la Universidad del País Vasco; profesor de Ciencias Exactas, ha escrito varios libros y numerosos artículos sobre temas filosóficos e ideológicos.

 

    Â¿Qué siente usted ante la concesión de este galardón?

    Me agrada, me honra mucho. Es muy honrosa para mí. Igual el nombramiento de hijo predilecto. Eso me afecta todavía más, porque claro, es muy simpático. Pero bueno, yo qué voy a decir, que les agradezco muchísimo, que son muy simpáticos conmigo y, como siempre, estoy persuadido de que no tengo merecimientos para eso. Las medallas anteriores las habían dado a don José Miguel Barandiaran, un gran sabio, y a don Manuel Lekuona, otro sabio venerable. Claro, mi figura ahí no significa nada. La Diputación ha querido hacerme este homenaje y yo lo acepto con gusto, y es un honor grande para mí, pero ¿qué voy a decir?, pues que no, que me viene ancho.

 

    Â¿Qué es usted, un hombre más de ciencias o de letras?

    Mi carrera, mi profesión es la de Exactas. Yo soy doctor en Ciencias Exactas, y mi principal profesión durante toda la vida ha sido enseñar las matemáticas. Luego, también como científico he trabajado más de 40 años en el Observatorio Meteorológico del Golfo de Vizcaya, que es otra faceta, un poco separada, pero que en meteorología también el saber estadístico tiene mucha importancia. También he escrito libros y artículos, claro que un poco ya al margen de mi profesión. He publicado artículos de periódico durante muchos años. Pero bueno, eso es una actividad digamos más bien marginal.

 

    Usted que ha sido uno de los promotores e impulsores de la Universidad del País Vasco, ¿es ésta ahora como la había imaginado?

    Yo creo que ha progresado más de lo que esperaba. Aquí, el joven puede estudiar con gran facilidad, es un progreso gigantesco, increíble. Se ha visto que esto cunde y que está muy bien que exista una universidad vasca. Durante muchos años al País Vasco se le ha negado la Universidad, por razones distintas. Cuando ya estaba terminando el franquismo, formamos unas comisiones y fuimos consiguiendo poco a poco que se abriese camino. Yo estuve muy metido en aquel trabajo, y luego fui consejero de Educación. Hoy la Universidad vasca creo que es una gran universidad, con muchos alumnos. Hay gente que se queja, que saca problemas. Eso es fácil, quejarse, pero hay muy buenos profesores en algunas facultades y hay un gran desarrollo.

 

Salvar el euskera

 

    Â¿Y el euskera y las ikastolas?

    Eso es otro problema. En mis tiempos intervine muchísimo en esas cuestiones, entre otras razones porque quería que mis niños pequeños aprendieran euskera. Creamos el Liceo de San Sebastián, que fue el primer centro de segunda enseñanza en euskera. Hubo que vencer muchas dificultades pero también al Gobierno no le interesaba mucho meterse con las ikastolas. En el Liceo lo mismo, aceptaban que se fuera avanzando. No esperaban que la cosa tuviese un gran desarrollo. Las iban dejando porque esperaban que no iban a salir, y las ikastolas han ido prosperando, prosperando y, hoy en día, son las que han salvado el euskera.

 

    Â¿Por qué han salvado el euskera?

    El euskera era muy difícil que se salvase porque en las familias vascas, pro ejemplo aquí en San Sebastián en mis tiempos, al niño se le hablaba en euskera. a mí me hablaban en euskera cuando era pequeñito, pero luego ya, cuando crecías un poco, ibas al colegio y allí se hablaba todo en castellano, ni una palabra en euskera y éste se perdía totalmente. Luego yo, como otros muchos, tuve que reaprenderlo. No es lo mismo que si de pequeño yo hubiera ido a la ikastola. Yo tengo ahora 26 nietos que todos ellos hablan euskera. Mi trabajo por las ikastolas tenía esa finalidad, salvar el euskera. Ahora las ikastolas lo han invadido todo, son las escuelas más aceptadas y las que tienen más apoyo en la opinión.

 

    Â¿Cómo fue nombrado oficial de la Legión de Honor por el Gobierno francés en 1957?

    Yo tenía muchísima relación con Francia en el plan cultural debido a que era secretario internacional de Pax Christi, una organización pacifista con sede en París. Teníamos muchísima intervención en las relaciones culturales entre Francia y España, que en aquellos tiempos eran muy flojas. Yo intervenía en muchos aspectos en esas relaciones culturales y alguien debió proponerme allí, para premiarme esa labor cultural, para ese nombramiento muy honroso de oficial de la Legión de Honor. Fue principalmente por mi labor pacifista por lo que el Gobierno francés me concedió esa preciada 'decoración'.

 

Hombre de paz

 

    Â¿Cómo fue su relación con Pax Christi?

    Duró bastantes años, aunque me aparté hace muco tiempo. En España tuvo mucha importancia porque, como era la época del franquismo y no se podía hablar de nada, Pax Christi tenía sus círculos de estudios en diferentes poblaciones, y, como era una organización internacional, el Gobierno no se animaba mucho a meterse con ella. Como era internacional y además católica, no podían decir que fuera comunista ni nada. Venía gente de ideas diferentes que encontraba un sitio para dialogar y conversar sobre temas políticos y otras cosas. La posición era fundamentalmente pacifista, pero sin reglamentos estrictos. El trabajo era muy agradable, aunque también tenía sus peligros.

 

    Â¿Tuvo usted algún problema?

    Tuve mis complicaciones por un artículo que publiqué en París en la revista de Pax Christi Internacional, sobre la situación de catolicismo en España. Le sentó muy mal al Gobierno y me organizaron un expediente administrativo. Estuvieron a punto de echarme del Servicio Meteorológico, al que yo pertenecía, como consecuencia de ese artículo que tengo guardado como oro en paño. Yo planteaba los problemas que supone la excesiva sumisión de la Iglesia al Gobierno, al poder franquista. Claro, todo eso lo decía con gran mesura y mucho cuidado, pero aquello les sentó muy mal e incluso lo trataron en un Consejo de Ministros, aunque al final no pasó nada.

 

    Â¿Usted suele hacer distinciones entre pacíficos y pacifistas?

    Suelo distinguirlo a veces. Una cosa es el sentimiento y otra el sentimentalismo. El pacifista hace de la paz un objetivo de guerra, muchas veces resulta que los pacifistas son guerreros en favor de la paz. En la política internacional, yo llamaría pacíficos a los hombres que buscan los caminos de la paz, procurar aproximar a los pueblos unos con otros. El pacífico fabrica paz y el pacifista muchas veces es un teórico que hace unas proclamas abstractas. Salir a la calle con un letrero diciendo 'no a la guerra', está muy bien pero es muy fácil. Las guerras no se suprimen con cartelitos, hay que hacer toda una labor de aproximación entre los pueblos. Yo quiero tener lo vasco, en ese sentido soy nacionalista, porque quiero defender la identidad vasca, pero se puede tomar eso en un sentido guerrero, belicoso, o en un sentido pacífico. Respétenme ustedes a mí, pero yo me voy a entender con los demás pueblos, no me voy a poner en la frontera con unos pinchos. Esta es la diferencia que hay entre pacífico y pacifista.

 

Terminar con la violencia

 

    Un hombre de paz como usted ¿cómo ve la sociedad vasca y el cambio que parece apreciarse respecto a la violencia tras los últimos atentados?

    Resulta tremendamente difícil deshacerse de la violencia. Ciertamente, ya hay un cansancio fenomenal contra esto de la violencia. ¿Hasta cuándo vamos a seguir así? Estoy convencido que la inmensa mayoría de la gente desea vivamente que termine esta violencia sangrienta que no tiene sentido, que no va a ninguna parte. Así no se puede crear un estado ni una sociedad vasca ordenada. No es el camino. Por medio del derramamiento de sangre no se llega a nada. Las armas no sirven para esto. Estamos todos convencidos pero hay que ver cómo se sale de esto. No se puede profetizar, no se sabe lo que va a pasar, pero hay que sobrellevarlo y oponerse en la medida de las fuerzas de cada uno. Yo creo que los partidos políticos lo están haciendo bastante bien, ya que esta unión entre partidos políticos facilita ya la posición de la sociedad. Se ve que la sociedad ya no está por ese camino. Y hay que esperar, no hay más remedio que esperar que llegará un día en que se acaba esta violencia.

 

    Â¿Por qué suele diferenciar entre política y politiquería?

    Ya se sabe, cuando empiezan las pequeñas cosas en la política, los odios personales. Por ejemplo, aquí dentro del Partido Nacionalista cuando Arzalluz y Garaikoetxea riñen. Eso a mi juicio, y salvando los respetos a ambas personas, es politiquería. No es un tema político el que los separa, yo estoy convencido de que no era un tema político de fondo, si no que son actitudes personales. No quiero decir nada mano ni de uno ni de otro, no pretendo decir eso, pero quiero decir que eso es politiquería cuando en el ambiente político se introducen las rencillas personales, las enemistades y ambiciones personales. Yo creo que eso es malo. La politiquería es una cosa mala. Consume esfuerzos absolutamente baldíos para nada.

 

    Para un hombre tan polifacético como usted, ¿hay algo que le habría gustado estudiar y no ha podido?

    No se puede estudiar nada. Al principio cuando uno es joven cree que lo puede dominar todo, que puede conocerlo todo. Luego, va descubriendo que la masa de los conocimientos es gigantesca comparada con los esfuerzos que puede hacer una persona. El más sabio no sabe nada. La máxima sabiduría consiste en saber que no se sabe nada. Hombre, se sabe de algo. De una cosa concreta puede un señor saber, pero de la inmensa masa de cosas que están por conocer, cada hombre, en particular, es absolutamente impotente. Así que, pues voy a decir que no he podido estudiar nada.

 

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