Carlos Santamaría y su obra escrita

 

Progreso técnico

 

El Diario Vasco

 

«La civilización moderna está caracterizada por una antítesis entre un inmenso progreso técnico y una espantosa regresión humana». (Pietro Pavan).

 

      La matemática es una gran ciencia formadora de la inteligencia. Lleva consigo la idea del orden, del rigor, de la precisión en los métodos, de la esquematización de los razonamientos, de la exactitud en los resultados. Gracias a ella la técnica ha alcanzado el desarrollo extraordinario que todos conocemos.

      Una estadística cuidadosamente establecida de los más importantes inventos realizados a partir del siglo XV los distribuye cronológicamente en la siguiente proporción: el propio siglo quince da once descubrimientos de primer orden, incluido, claro está, el de las Antillas por Colón; el siglo dieciséis, treinta y tres y así sucesivamente.

      Pues bien el ritmo del progreso técnico y científico se ha acelerado hoy de tal manera que sólo desde 1945 hasta nuestros días se cuentan ciento veintidós novedades de primer orden, comparables si no superiores en importancia a la mayor parte de las anteriores.

      ¿Se detendrá este vertiginoso crecimiento? Nadie puede preverlo; pero es indudable que la mentalidad físico matemática imprime carácter a la cultura contemporánea y gravita sobre nosotros en un grado muy superior al que nosotros mismos nos figuramos.

      Existe una relación estrechísima entre ese acelerado progreso técnico y muchos de los acontecimientos políticos y sociales de la historia de nuestro tiempo. Así, por ejemplo, hay que pensar que bastantes de las trasformaciones que se han atribuido a la ilustración o al liberalismo, en el siglo pasado, y al marxismo, en el actual, son muy probablemente mera consecuencia de la técnica, y se hubieran producido de la misma manera en cualquier otro contexto ideológico.

      En un cuidadoso estudio de Mons. Pietro Pavan, que me envía la Comisión organizadora del Segundo Congreso Mundial de los Seglares acerca de «las repercusiones humanas de las técnicas modernas», se afirma que el desarrollo del comunismo en China tiene su explicación y su razón de ser en la difusión del espíritu técnico entre los elementos revolucionarios.

      La técnica es en sí misma incolora e insípida, es decir, no tiene color ni sabor político o ideológico. En principio puede ser aplicada y lo está siendo lo mismo en los países de tradición cristiana milenaria, como en los de cultura asiática o africana; en las sociedades de signo comunista o totalitario como en las de concepción personalista. Pero hay en la técnica una sumersión en la materia, que pone inevitablemente en peligro los valores del espíritu.

      La afirmación que acabo de hacer es, tal vez, demasiado vaga e insuficientemente clara, aunque uno sabe lo que quiere decir.

      La tentación consiste en caer de nuevo en un falso augustinismo, receloso enemigo de la materia. Hay que rechazarla. La técnica debe ser utilizada al servicio de la humanidad y de los valores superiores. El espíritu —considerado como subsistencia y conciencia personal— tiene ahora que librar una terrible batalla para amaestrar a la técnica. Si no logra la victoria lo más probable es que la humanidad quede sumida en una especie de neobarbarie.

      El mundo de la ciencia ataca violentamente al mundo de la sabiduría secular. Los autómatas nos llevan casi la delantera. Pero nunca me robarán mi «yo». Este poder decir: «yo», que es el meollo de la subjetividad y de la conciencia personal, algo que ninguna máquina reemplazará jamás.

      Lo que Pietro Pavan propone es una síntesis práctica entre los saberes utilitarios, que emanan de la mentalidad científico-técnica, y la vieja sabiduría, que procede de una secular experiencia de miles y miles de generaciones. Una síntesis —la palabra no es quizás demasiado precisa en este caso— entre la revelación y la ciencia, entre la religión y la técnica. Pero esto plantea problemas enormes que en la reunión preparatoria del citado Congreso examinaremos en Roma en el mes de Octubre próximo.

 

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