Hacia una universidad más igualitaria

La UPV/EHU homenajeará el 8 de marzo a cinco académicas por su fructífera trayectoria

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Fecha de primera publicación: 04/03/2021

De izquierda a derecha, Guillén, Idiazabal, Fernández, Ortubay y Rodríguez. Fotos: Nuria González y Tere Ormazabal. UPV/EHU.

El próximo lunes, 8 de marzo, la Universidad del País Vasco celebrará el acto institucional del Día Internacional de la Mujer. Este año será en el Campus de Álava, y como en las tres ediciones anteriores, se homenajeará a cinco académicas, una por cada área de conocimiento, que han desarrollado su fructífera trayectoria en ese campus, y que han sido elegidas por las comisiones de Igualdad de los centros alaveses.

Son Aurora Fernández Astorga, en Ciencias de la Salud, María Dolores Guillén Lorén, en Ciencias, Itziar Idiazabal Gorrotxategi, en Artes y Humanidades, Esther Rodríguez Urbano, en Ingeniería y Arquitectura, y Miren Ortubay Fuentes, en Ciencias Sociales y Jurídicas. Todas ellas con un amplio bagaje, nos acercan ahora sus reflexiones sobre la evolución de la situación de la mujer en cada uno de sus áreas.

María Dolores Guillén Lorén es catedrática emérita de Tecnología de Alimentos de la UPV/EHU. También ha trabajado en otras universidades y ostentado diversos cargos administrativos, además de investigar al más alto nivel e impartir docencia en grado, máster y doctorado. Estudió Ciencias Químicas y recuerda que en la orla de su promoción aparecían 32 chicas y 42 chicos. “La docencia, los planes de estudios y la organización en la universidad eran muy diferentes a los actuales. Entonces el número de estudiantes era muy inferior al actual y creo que la mayoría se incorporó al mercado laboral en aquellas actividades que eran de su preferencia. Mi elección fue hacer la tesis doctoral, seguida de estancia postdoctoral en un centro de referencia en el extranjero, puesto que en el ambiente universitario en que me formé, esa estancia se consideraba requisito imprescindible para seguir una carrera profesional en un centro de investigación o en la universidad”.

Dolores Guillén: «En la universidad se requiere en primer lugar vocación»

Desde su posición actual, su opinión es clara sobre las posibilidades de la mujer en la Universidad. “Con trabajo y dedicación, cada mujer puede conseguir las metas que se proponga en este ámbito, para el que se requiere en primer lugar vocación”.

Aurora Fernández Astorga, catedrática de Microbiología en la Facultad de Farmacia, lleva dedicada a la docencia, la investigación y la gestión en la Universidad más de cuarenta años. “A lo largo de este tiempo la Universidad, como la sociedad en general, ha ido evolucionando, produciéndose cambios destacables que se perciben a simple vista y no sólo como la huella que nos deja el paso del tiempo”. Uno de los más destacables atañe al estatus de las mujeres que trabajan en ella. “Hemos pasado de ser el activo invisible a dirigir grupos de investigación, departamentos, centros, campus y la propia universidad. Hemos superado, no sin esfuerzo, esa tendencia a dejar que “sean otros” quienes se ocupen de ello que ya “tengo bastante” con mi labor docente e investigadora”.

Aurora Fernández: «Hemos pasado de ser el activo invisible a dirigir»

E insiste en la importancia de la presencia de la mujer en este ámbito. “Haciendo un rápido ‘time lapse’, la imagen colectiva que proyectamos ya no es mayoritariamente masculina. Esa proyección nos ha ido educando y sirve de referencia educativa para otros ámbitos sociales y laborales, en los que esa barrera invisible todavía determina su realidad. Queda mucho por hacer aún, pero, a este respecto, lo deseable sería no tener que añadir como mérito, que lo es y muy relevante, el ser “la primera mujer” en ocupar un determinado puesto de responsabilidad”.

Itziar Idiazabal Gorrotxategi, catedrática de Filología Vasca, impulsora de la Cátedra UNESCO de Patrimonio Lingüístico Mundial y, actualmente, colaboradora honorífica el Departamento de Lingüística y Estudios Vascos, ha dedicado su trabajo a entender cómo funcionan el euskera y las lenguas, y a analizar cómo se aprenden y se enseñan. “En este campo, la presencia de las mujeres no es nueva, pero la realización de tesis en el extranjero y la obtención de cátedras en la universidad ha sido, como en todas las demás áreas de conocimiento, para las mujeres de nuestro tiempo más difícil que para los hombres, porque no teníamos modelos o estos escaseaban, y pocos creían en nuestras capacidades. Sin embargo, he de decir que siempre he recibido ayuda de hombres (y, por supuesto, de mujeres), tanto en casa como de aquellos que me dirigieron la tesis o formaron parte del equipo de investigación. He notado una gran paridad. Creo que en esto he tenido mucha suerte”.

Su lucha ha sido tratar de que la enseñanza del euskera y de las lenguas en general, es decir, la didáctica fuera considerada área científica/ciencia. Y esta consideración es difícil de visibilizar. “Yo y los compañeros y compañeras que han trabajado y siguen trabajando como profesores e investigadores reivindicamos la ingeniería didáctica para responder a los retos que tiene la enseñanza plurilingüe que tiene como base el euskera. Esta no es tarea de unos cuantos mujeres y hombres militantes y voluntariosos. También nos hacen falta, pero necesitamos la ciencia y la tecnología más avanzadas, sin olvidar la iniciativa social, para hacer frente a los retos del euskera y su enseñanza”.

Itziar Idiazabal: «Vascos y vascas podemos hacer una aportación significativa al mundo en las ciencias del lenguaje»

“Vascos y vascas podemos hacer una aportación significativa al mundo en este subcampo de las ciencias del lenguaje, porque aunque haya muchas lenguas minorizadas como el euskera, lo que hacemos y conseguimos en la nuestra puede ser un ejemplo para mantener y desarrollar la diversidad lingüística mundial”, concluye.

Esther Rodríguez Urbano fue profesora del Departamento de Ingeniería Química y del Medio Ambiente en la Escuela de Ingeniería de Vitoria-Gasteiz. A lo largo de las últimas décadas ha podido observar, “con satisfacción”, la evolución de la participación de la mujer en el ámbito académico de las Escuelas de Ingeniería, tradicionalmente masculino, además de en el del alumnado o del PAS. “El número de profesoras en las Escuelas de Ingeniería ha ido claramente ‘in crescendo’. Mientras que en los años 80 era muy escaso, en la actualidad, en la Escuela de Ingeniería de Vitoria-Gasteiz está ya en torno al 35 %, siendo cada vez mayor el número de profesoras que ocupan cátedras en estas escuelas”.

Y esa evolución se ha visto reflejada también en la actividad investigadora, donde se ha incrementado significativamente el número de profesoras que son investigadoras principales de proyectos de Ingeniería, “aunque todavía no es todo lo frecuente que sería deseable dirigiendo grupos de investigación en esta área de conocimiento”, recalca.

La profesora ha sido testigo de cómo, también en el ámbito de la gestión académica, “la participación de la mujer es aún mucho más significativa, siendo paritaria en las Comisiones e incluso mayoritaria en algunos equipos directivos”, como es el caso del actual equipo directivo de la Escuela donde impartió docencia.

Esther Rodríguez: «La UPV/EHU refleja la evolución del papel de la mujer en nuestra sociedad»

El aumento de la presencia de la mujer entre el alumnado o entre el PAS es también un ejemplo de la presencia de la mujer en la Universidad. “La UPV/EHU refleja claramente la evolución del papel de la mujer en nuestra sociedad, fruto del enorme impulso que los equipos rectorales han dado a la igualdad y a la paridad en las dos últimas décadas, sensibilidad que - me consta - es prioritaria también en el actual equipo rectoral”.

Miren Ortubay Fuentes, profesora titular de Derecho penal, ha querido aprovechar esta reflexión sobre la situación de la mujer en la Universidad para recordar el bicentenario del nacimiento de Concepción Arenal, que se cumplió el pasado año y que por las circunstancias sanitarias en las que vivimos no se pudo celebrar como se merecía. “Me gustaría aprovechar esta ocasión para hacer un pequeño homenaje a esa precursora; una mujer que encarnó un modelo de liderazgo ético y social del que hemos de enorgullecernos”.

Según comenta la profesora, “mis intereses y mi vocación han tenido una orientación paralela a la suya, aunque, por supuesto, yo no he necesitado su energía para superar obstáculos: Ella tuvo que cortarse el pelo y vestirse de varón para poder asistir como oyente (y separada de sus compañeros) a las clases de Derecho, mientras que yo he disfrutado de magníficas profesoras, algunas de las cuales han sido referentes en la conquista de espacios para las mujeres en la universidad, en la judicatura, etc.”.

Concepción Arenal fue pionera en lo que hoy se denomina trabajo social, tarea esencial en nuestra sociedad -y no siempre reconocida- que sigue siendo ejercida básicamente por mujeres. Fue también precursora en la defensa de los derechos de las personas presas, ámbito en el que todavía existen muchísimas carencias que afectan de modo especial a las reclusas.

Miren Ortubay: «El único camino consiste en promover la ética feminista»

“Pero hoy quiero reivindicar sobre todo su faceta feminista –recalca Miren Ortubay-, que no se plasmó tanto en una reflexión teórica como en una práctica vital, promoviendo siempre la autonomía de las mujeres en todos los ámbitos. Y ese mensaje sigue teniendo plena vigencia en 2021. Las cosas han cambiado y hemos avanzado enormemente hacia la igualdad, pero siguen existiendo brechas (salarial, en el empleo, en la incidencia en el poder económico, etc.) y, sobre todo, una gran inequidad en el reparto de las tareas de cuidado, como se ha evidenciado con la pandemia. La falta de corresponsabilidad lastra las carreras profesionales de las mujeres y ello se percibe también en la universidad (pensemos, por ejemplo, en las diferencias de tiempo entre mujeres y hombres para acceder al doctorado o a las acreditaciones). Para superar esas desigualdades, difíciles de percibir y de combatir, el único camino consiste en promover la ética feminista o, lo que es lo mismo, el compromiso igualitario de todas las personas con el cuidado de la vida”.