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Educomunicación: Cuando el diálogo entra en el aula

La tesis doctoral de Mayte Santos Albardía propone herramientas para trabajar los discursos sobre migración en las aulas universitarias mediante dinámicas de diálogo, participación y reflexión colectiva

  • Investigación

Fecha de primera publicación: 23/06/2026

Mayte Santos, investigadora del grupo Gureiker de la EHU | Foto: Egoi Markaida. Oficina de Comunicación, EHU

¿Qué es lo primero que viene a tu mente cuando escuchas la palabra migración? Esa fue la pregunta con la que la periodista e investigadora del grupo Gureiker de la EHU Mayte Santos Albardía abrió una de las dinámicas centrales de su tesis doctoral ante estudiantes de la universidad. Durante unos segundos, el alumnado respondió desde sus teléfonos móviles. En la pantalla comenzaron a aparecer palabras sueltas que pronto formaron una nube colectiva: pobreza, frontera, extranjero, racismo, necesidad, cultura, cambio... A partir de ahí empezó el debate.

La investigación de Santos se enmarca en la educomunicación crítica, un campo que entiende la educación y la comunicación como procesos inseparables y que utiliza el diálogo como herramienta de enseñanza-aprendizaje. En su tesis, aplica este enfoque al análisis de los discursos sobre migración en el aula universitaria, con el objetivo de fomentar una mirada más crítica sobre la información y los relatos que circulan en torno a este fenómeno.

Según señala la doctora en investigación social, gran parte de la información sobre migraciones llega mediada por narrativas sesgadas, enfoques alarmistas o lenguajes que deshumanizan a quienes migran. “Muchas veces hablamos de cifras o de avalanchas sin recordar que estamos hablando de personas”, subraya.

Asimismo, la investigadora propone generar espacios participativos en los que el estudiantado no sea únicamente receptor de contenidos, sino protagonista activo de su propio aprendizaje. “Todo proceso educativo es comunicativo y toda comunicación educa”, explica Santos.

Ese interés por transformar la experiencia educativa surgió en parte por su propia trayectoria como estudiante. La investigadora explica que durante su formación echó en falta metodologías más participativas y espacios donde el alumnado pudiera implicarse de forma más activa en el aprendizaje. “Me interesaba entender cómo podía construirse una educación más dinámica, participativa e interesante, donde el estudiantado tuviera un papel más protagonista y pudiera incorporar también los temas que le preocupan o le resultan significativos”, señala.

El aula como espacio de diálogo

El trabajo de campo se desarrolló a través de ocho grupos de discusión con alumnado de Educación Infantil, Educación Primaria, Educación Social y Periodismo en los tres campus de la EHU. Durante las sesiones, los estudiantes trabajaron con noticias reales seleccionadas por la investigadora por contener enfoques sesgados, lenguaje sensacionalista o tratamientos problemáticos sobre migración. Primero realizaron una lectura libre en pequeños grupos y compartieron impresiones espontáneas. Después releyeron esos mismos textos guiados por una serie de preguntas que les invitaron a observar qué lenguaje se utilizaba, qué imágenes acompañaban la noticia o si se hablaba de personas o de cifras. “Lo interesante era volver a mirar esa información desde otros filtros, planteándose preguntas que quizá antes no se habían hecho”, explica la investigadora.

A partir de ahí se abrió el diálogo colectivo, acompañado por dinámicas participativas diseñadas para favorecer la escucha y la intervención libre del alumnado. Una de las más destacadas fue la dinámica de pecera o acuario, donde el debate se organizó en círculos y las intervenciones surgieron de forma espontánea, sin turnos cerrados ni participación forzada. “Creo que es un formato muy respetuoso porque permite que cada persona decida si quiere participar o no. No se fuerza la intervención, pero el espacio siempre está abierto”, señala.

Pensar la información críticamente

La investigación parte de una preocupación muy presente en el contexto actual: “Recibimos información todo el tiempo y muchas veces nos influye sin que seamos conscientes de ello”. Para la periodista, el reto está en aprender a relacionarse con los medios y la tecnología de forma consciente: “No se trata de prohibir el uso de las tecnologías, sino de decidir cómo queremos estar conectadas y conectados”.

La tesis también aborda cómo la polarización se ve reforzada por entornos digitales y algoritmos que tienden a mostrarnos contenidos afines a nuestras propias ideas. “Cada vez es más difícil hablar con quien piensa diferente. Nos rodeamos muchas veces de la información que queremos escuchar sin decidirlo, porque las redes sociales nos van conduciendo a eso”, explica. Ante ello, el diálogo aparece como una forma de recuperar espacios de escucha activa y reflexión compartida.

Repensar la enseñanza 

Desde entonces, su investigación ha girado en torno a una misma pregunta: “Lo que más me interesa es repensar ese lugar de la enseñanza-aprendizaje y preguntarnos continuamente cómo podemos mejorarlo”.

Por eso, más allá del análisis sobre migraciones y medios, la tesis lanza también una reflexión sobre el presente y el futuro de la enseñanza universitaria. La investigadora defiende que la educomunicación debería incorporarse especialmente en la formación de docentes, para que profesorado y futuros educadores conozcan herramientas que les permitan llevar estas dinámicas a las aulas. “Muchas veces pedimos participación al estudiantado, pero no siempre generamos las condiciones para que esa participación sea cómoda, libre y significativa”, apunta.

Su propuesta parte precisamente de ahí: entender el aula no solo como un espacio donde se transmiten contenidos, sino como un lugar donde se dialoga, se cuestiona y se aprende colectivamente a leer el mundo de manera crítica.