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De Boise a la EHU: aprender, investigar y descubrir Euskadi durante un verano

Nueve estudiantes de Boise State University participan en la primera edición del Campus Transoceánico. Sus experiencias en la EHU reflejan una iniciativa que combina investigación, aprendizaje y descubrimiento cultural

  • Reportajes

Fecha de primera publicación: 09/07/2026

De izquierda a derecha: Holly L. Olivera, Jacob Lepe y Jamya Kilgore, estudiantes de Boise State University que participan en la primera promoción del Campus Transoceánico de la EHU.
De izquierda a derecha: Holly L. Olivera, Jacob Lepe y Jamya Kilgore, estudiantes de Boise State University que participan en la primera promoción del Campus Transoceánico de la EHU. | Foto: Egoi Markaida. Fotomontaje

Hace apenas unas semanas llegaban a Bilbao con maletas llenas de expectativas. Hoy ya conocen los laboratorios, comparten jornadas de trabajo con investigadores de la EHU y empiezan a sentirse parte de la universidad. La primera promoción del Campus Transoceánico ha dejado atrás los nervios de la llegada para centrarse en lo realmente importante: aprender, investigar y vivir una experiencia internacional.

Los nueve estudiantes de Boise State University desarrollan sus estancias en distintos centros de la EHU, donde colaboran con grupos de investigación de diferentes disciplinas. A lo largo del programa compartirán el día a día de la universidad, participarán en proyectos científicos y conocerán de cerca la realidad académica, lingüística y cultural de Euskadi.

La conexión entre la Universidad de Boise y Euskadi no es nueva. El estado de Idaho acoge una de las comunidades vascas más importantes fuera del territorio, fruto de décadas de migración vinculadas especialmente al pastoreo. Esa relación histórica ha favorecido un vínculo cultural que hoy se traduce también en el ámbito académico, con programas de intercambio como el Campus Transoceánico, con el fin de estrechar la colaboración entre ambas universidades.

Los testimonios de los estudiantes Jamya Kilgore, Holly L. Olvera y Jacob Lepe (Jake), y de sus tutores en la EHU —Irune Ibarra, Mikel Díez y Aitor Larrañaga—quienes les acompañan, muestran cómo se materializa ese objetivo.

 «Jamya Kilgore: En lugar de visitar el lugar como una turista, he podido integrarme en cierta medida en la vida cotidiana»

Sus trayectorias aparentemente apenas tienen puntos en común. Jamya acaba de terminar su primer curso del grado de Educación Primaria; Holly desarrolla un doctorado en Ingeniería Mecánica y Jacob cursa unos estudios interdisciplinares con una clara orientación hacia las Ciencias Ambientales. Sin embargo, los tres coinciden en una idea: cruzar el Atlántico les ha permitido aprender mucho más que nuevas técnicas de investigación.

Jamya e Irune: la escritura como punto de encuentro

Jamya llevaba tiempo soñando con estudiar fuera de Estados Unidos. Cuando surgió la posibilidad de realizar unas prácticas en la Facultad de Educación de Gipuzkoa, no dudó en presentar su candidatura. “Estas prácticas representan una gran oportunidad. Las habilidades que adquiriré aquí no solo me beneficiarán a mí, sino también a mi futuro alumnado.” Comenta.

Junto a la profesora Irune Ibarra participa en un proyecto centrado en la enseñanza de la escritura y la caligrafía, con especial atención al alumnado con dificultades de aprendizaje y al papel que desempeñan las familias durante ese proceso. El trabajo se centra en cómo se enseña la escritura en las escuelas de Idaho, en la elaboración de materiales para familias y en el uso de herramientas tecnológicas que permiten evaluar automáticamente la escritura.

Irune explica que aceptó participar en el programa movida por una doble curiosidad: conocer cómo se forman los futuros docentes estadounidenses y establecer un diálogo entre dos sistemas educativos diferentes. “Muchos de los artículos científicos que leemos en la universidad proceden de Estados Unidos, pero nuestra perspectiva también puede ser útil allí. El intercambio funciona en las dos direcciones.”

La investigadora encuentra además un punto de encuentro especialmente interesante entre Idaho y Euskadi: la diversidad lingüística. “En las escuelas de Idaho conviven familias que hablan 95 lenguas diferentes y aquí también vivimos una realidad muy diversa. Si queremos implicar a las familias en la educación, tenemos que encontrar formas de acercarnos a ellas desde sus propias lenguas y contextos.

Holly y Mikel: Ciencia sin fronteras

Mientras Jamya reflexiona sobre cómo enseñar a escribir de forma más inclusiva, en la Escuela de Ingeniería de Bilbao Holly L. Olvera desarrolla una investigación muy distinta, centrada en la caracterización del movimiento humano mediante diferentes sistemas de medición. Trabaja con plataformas de sensores de fuerza y participa en un equipo integrado por investigadores y estudiantes de distintas universidades. “Quería ampliar mis conocimientos en investigación mientras conocía una nueva cultura. Era una oportunidad única.”

 « Mikel Díez:lo importante es crear un ambiente donde todos aprendamos unos de otros.»

Su mentor, Mikel Díez, destaca la naturalidad con la que se han integrado en el grupo. “Nos interesaba conocer cómo trabajan los estudiantes de Boise y seguir creando vínculos entre grupos de investigación”. La adaptación fue inmediata: “Solo hubo que explicar los objetivos y establecer un plan de trabajo”.

Para él, uno de los aspectos más enriquecedores es comprobar cómo afrontan el trabajo práctico. “Se les nota mucha soltura en el laboratorio. Tienen menos reparos para empezar a montar equipos y experimentar. Esa actitud también nos obliga a nosotros a salir de nuestra zona de confort y replantear formas de enseñar”.

Jake y Aitor: Restaurar ríos,descubrir Euskadi

Esa idea de aprendizaje compartido aparece también en la Facultad de Ciencia y Tecnología de Leioa, donde Jacob Lepe, conocido como Jake, se ha incorporado al Laboratorio de Ecología Fluvial que dirige Aitor Larrañaga.

No era su primera experiencia en España, pero sí la primera en un entorno de investigación.. Tras disfrutar de un intercambio en Alicante, buscaba cualquier oportunidad para regresar. “Cuando terminó aquella estancia no podía volver a mi vida anterior. Un profesor me habló de este programa y decidí solicitarlo”. Actualmente participa en el proyecto RECHARGE, centrado en la restauración fluvial, donde colabora en la clasificación de macroinvertebrados y el análisis de ecosistemas acuáticos.

Aitor, su tutor,  tenía claro desde el principio que quería participar en esta iniciativa. ”Me gusta tener estudiantes de distinto origen porque la diversidad siempre enriquece tanto a quien llega al grupo como al propio grupo”, por eso destaca su implicación desde el primer momento” Participa con ilusión en cualquier actividad que le proponemos y aporta una perspectiva diferente. Eso siempre resulta enriquecedor”.

La universidad como experiencia cotidiana

Aunque sus ámbitos son distintos, los tres mentores coinciden en que la estancia va más allá del proyecto concreto. Supone integrarse en la dinámica diaria de un grupo de investigación y aprender otras formas de trabajar.

En Educación, Jamya participa en la elaboración de materiales para familias y en la redacción de un capítulo sobre escritura y caligrafía, además de formarse en herramientas tecnológicas aplicadas a la evaluación.

«Irune Ibarra: La internacionalización no consiste únicamente en enviar o recibir estudiantes, sino en construir conocimiento compartido.»

En Ingeniería, Holly trabaja con sistemas de captura del movimiento y plataformas de sensores de fuerza, ampliando el alcance de la investigación que desarrolla habitualmente en Boise.

En Ciencias, Jake combina el trabajo de laboratorio con salidas de campo y ha tenido además la oportunidad de participar en el Congreso Internacional de la Asociación Ibérica de Limnología celebrado recientemente en Bilbao.

Mikel Díez considera que ese contacto cotidiano con investigadores, profesorado y estudiantes constituye uno de los mayores valores del programa. ”No solo conocen otras formas de trabajar. También interactúan con personas diferentes, descubren cómo funciona nuestra universidad y se acercan a nuestra cultura. Todo eso forma parte de la experiencia”.

Jamya coincide plenamente. “Estoy aprendiendo cómo la cultura influye tanto en la educación como en la vida cotidiana. Son experiencias que no pueden comprenderse completamente desde un aula en Estados Unidos”.

Holly también destaca esa dimensión humana de la investigación. “Esta oportunidad me ha permitido ampliar el alcance de mi trabajo y colaborar con personas que cuentan con experiencias diferentes a las mías”.

En el caso de Jake, la estancia está reforzando además una vocación que tenía clara desde hace tiempo. “Siempre he querido dedicarme al medio ambiente, pero esta experiencia me está mostrando el enorme alcance que puede tener el trabajo de restauración ambiental y me hace sentir preparado para seguir ese camino”.

Mucho más que una estancia

Los estudiantes además aseguran que una de las mayores riquezas de esta experiencia está fuera del horario académico: descubrir otra cultura desde dentro.

Jamya reconoce que llegó sin apenas referencias sobre Euskadi. “Antes de venir no tenía prácticamente ningún conocimiento sobre el País Vasco ni sobre su cultura”, admite. Esa falta de expectativas ha hecho que cada descubrimiento haya supuesto una sorpresa. “Vivir aquí ha cambiado completamente mi perspectiva. En lugar de visitar el lugar como una turista, he podido integrarme en cierta medida en la vida cotidiana, conocer diferentes pueblos y ciudades, probar la comida local y aprender de las personas que me rodean”.

« Holly L. Olvera:El aprendizaje más significativo ocurre cuando sales de tu zona de confort y  abrazas otra cultura»

Uno de los aspectos que más le ha impresionado es la importancia que la sociedad vasca concede a su lengua, lo que le ha llevado a reflexionar sobre el valor del plurilingüismo. “He comprendido que aprender un idioma va mucho más allá de la comunicación. También significa entender otras perspectivas, tradiciones y formas de vida”.

Holly también reconoce que llegó con un conocimiento muy limitado sobre Euskadi. Sin embargo, pocas semanas después habla del sentimiento de comunidad como uno de los descubrimientos más importantes de la estancia. “Me ha sorprendido sentirme segura, bienvenida e integrada desde el primer momento”.

Su mentor observa esa integración con satisfacción. “Los ves en la cafetería con el resto del grupo, asistiendo a seminarios, haciendo preguntas y aportando ideas. En muy poco tiempo han dejado de ser visitantes para convertirse en un estudiante más.”

Esa integración también ha sorprendido a Jacob Lepe. Si algo destaca de Euskadi es la forma de entender la vida. “Creo que los vascos viven la vida como debe vivirse”. Pero, sobre todo, pone en valor el ambiente que ha encontrado dentro y fuera de la universidad. “La gente parece satisfecha de contribuir a su comunidad. Y, además, creo que tener una cafetería en cada esquina podría solucionar muchos de los problemas de Estados Unidos”, bromea entre risas.

la acogida también enseña

Las primeras semanas tampoco estuvieron exentas de dificultades. La adaptación emocional forma parte de cualquier experiencia internacional y cada estudiante la ha vivido de manera distinta.

Jamya reconoce que los primeros días fueron especialmente duros. “Nunca había estado tan lejos de mi familia. La primera semana sentí mucha nostalgia”. Recuerda que todo cambió gracias al acompañamiento recibido desde la Facultad. “Irune me enseñó la universidad, los alrededores, me presentó a otras personas y me ayudó a conocer a estudiantes con los que compartir esta experiencia”.

Su mentora destaca precisamente el papel que ha desempeñado el grupo de estudiantes de Boise. “Han creado vínculos entre ellos y también con otros estudiantes internacionales. Esa red de apoyo ha facilitado mucho la adaptación”.

« Jake Lepe: Esta experiencia me está mostrando el enorme alcance que puede tener la restauración ambiental.»

En el caso de Holly, la acogida del grupo de investigación hizo que la integración resultara muy natural. “Mikel ha creado un entorno muy colaborativo. Cada persona aporta sus conocimientos y, al mismo tiempo, mantiene una actitud abierta para seguir aprendiendo”.

Para Mikel Díez, esa es precisamente una de las claves del éxito. “No se trata únicamente de enseñarles un proyecto concreto. Lo importante es crear un ambiente donde todos aprendamos unos de otros”.

Jake tampoco tardó en sentirse cómodo. Apenas necesitó unos días para acostumbrarse al funcionamiento del transporte público, una curiosidad que le ha llamado especialmente la atención. “Tengo la sensación de que puedo ir prácticamente a cualquier sitio”. Así comenzó una rutina que muy pronto incluyó laboratorio, salidas de campo y un congreso internacional. “Participar en el Congreso de la Asociación Ibérica de Limnología fue una experiencia increíble” y señala con admiración “nunca imaginé que hubiera tantas personas dedicando su trabajo a cuidar nuestro planeta”.

Su mentor, Aitor Larrañaga, considera que ese tipo de actividades amplían enormemente el alcance de la estancia. “No solo conoce nuestro laboratorio. También entra en contacto con investigadores de otros países y descubre las líneas de trabajo que se están desarrollando actualmente.”

Más allá de los contenidos científicos, todos coinciden en que la convivencia diaria termina siendo una parte esencial del aprendizaje.