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Catedrático de Arquitectura y Medalla de Oro de Bellas Artes

Emilio Tuñón Álvarez: «El futuro de la arquitectura pasa por la rehabilitación»

  • Entrevista

Fecha de primera publicación: 10/12/2020

Emilio Tuñón Álvarez. Foto: UPV/EHU

Emilio Tuñón Álvarez es catedrático de la E.T.S. de Arquitectura de Madrid de la Universidad Politécnica de Madrid, premio Mies van der Rohe y Medalla de Oro de Bellas Artes. Ha visitado Donostia para impartir la conferencia titulada 'Materia y memoria' en la E.T.S. de Arquitectura de la UPV/EHU, con motivo de la X edición del Master de Rehabilitación, Restauración y Gestión Integral del Patrimonio Construido.

¿Por qué son tan importantes la materia y la memoria en la arquitectura?

Si nos remitimos a los principios de Utilitas, Firmitas y Venustas, desde el punto de vista de la firmitas, la materia es aquello con lo que hacemos los edificios; la utilitas es la función, es decir, los edificios también son importantes por su función, y la venustas, es la belleza. Por otra parte, la memoria es importante porque está relacionada con estas tres cosas. Recordamos aquellos espacios que en el fondo nos han permitido desarrollar nuestras actividades en unas condiciones técnicas y materiales adecuadas. Es decir, somos capaces de retener sensaciones en relación a la materia. Somos capaces de retener, digamos, texturas, efectos, ya sean luminosos, acústicos, vitales... Somos capaces de relacionarlos con nuestras actividades, y, por lo tanto, materia y memoria van siempre unidas. Se puede decir que la materia y la memoria son parte del objeto de la arquitectura, entendiendo que el tiempo luego sigue siendo lo más importante.

Su especialidad es la rehabilitación y la restauración. ¿Qué importancia tiene la docencia de posgrado en ese campo?

La rehabilitación y la restauración son temas sustanciales de la arquitectura ahora mismo (no han sido siempre, pero ahora los son más), porque tenemos un parque inmobiliario inmenso: no solamente de edificios históricos con valor artístico, sino también edificios históricos sin valor artístico, incluso edificios que son no históricos y no tienen ni valor histórico y, por lo tanto, ni valor artístico, como la gran cantidad de edificios en desuso que están ahora mismo y los que van a estar. Ahí es donde entra la labor del arquitecto que va a tener que restaurarlos. Porque se puede restaurar una obra de arte, pero también se puede restaurar una estructura deficitaria, en términos técnicos. Y yo creo que el futuro de la arquitectura pasa por la rehabilitación; vamos a tener que trabajar muchísimo con la rehabilitación y la restauración. Por lo tanto, me parece que en los programas de arquitectura tiene que darse esto. Sin embargo, no está incluido normalmente en los programas naturales de las asignaturas de grado y de máster, de máster habilitante. Es por ello que algunas universidades incluyen entre sus másteres oficiales el de restauración y rehabilitación. Porque es una cuestión muy importante para los próximos años.

Me permitirá preguntarle si la rehabilitación es una profesión de futuro. ¿Qué tal van a envejecer los edificios que se están construyendo actualmente?

Los habrá que envejezcan bien y los habrá que envejezcan mal. Las pirámides han resistido cuatro mil quinientos años, pero no han resistido muchas de las casas de los esclavos o incluso de los aristócratas que fueron construidas al mismo tiempo. Han resistido monumentos funerarios construidos de una forma muy especial. En realidad, lo que va ocurriendo a lo largo de la historia es que acaban permaneciendo los ejemplos mejor construidos. Y ahí entramos en una cuestión importante: la buena construcción es importantísima para la arquitectura, entre otras cosas, porque es la que ayuda a preservarla, es la que ayuda a mantenerla, es la que ayuda a que pase hacia el futuro.

Una buena arquitectura necesita honestidad, buena ejecución, servicio adecuado a los usos y flexibilidad

Creo que se está haciendo mucha arquitectura, muy rápida, con unos niveles constructivos más bajos. No aquí en San Sebastián. Yo creo que San Sebastián tiene unos ratios de construcción muy, muy altos y creo que pervivirá muy bien la arquitectura que construyamos en unos años. Sin embargo, conforme vamos hacia el sur, se va a construyendo peor, y esas construcciones darán peor resultado. Pero me parece que no está mal que las cosas desaparezcan o que las cosas tengan que ser restauradas o reformadas o rehabilitadas, porque las necesidades cambian.

¿Qué características debe tener un edificio para que sea excelente?

La arquitectura en sus aspectos constructivos es bastante objetiva. Las cosas se construyen de una manera, puedes hacerla de piedra o de madera; la piedra es buena en ciertos sitios, la madera en otros... La construcción tiene un factor objetivo bastante grande. Pero en la arquitectura “con mayúscula”,  hay una serie de factores que son muy subjetivos, que a la gente le pueden parecer bien o no. Y el entorno académico, o el entorno de arquitectura más interesante del mundo, marca unas tendencias, modas... Muchas veces me río analizando, por ejemplo, las bienales de arquitectura a lo largo de los años; hay edificios que parecían interesantísimos hace algunos años y ahora no sirven, no interesan nada, y al contrario hay piezas que no se les dio excesiva importancia, y al cabo de una serie de años, están mejor. Por lo tanto, son valores subjetivos.

Yo siempre digo que la honestidad ante la arquitectura, que la buena ejecución, que el servicio adecuado a los usos, a la flexibilidad… Todas estas cuestiones son condiciones que hacen una buena arquitectura.

¿Cuáles son las tendencias actuales en Europa?

Ha pasado como con la moda, que ahora mismo se lleva todo. Parece que las modas van tan rápidas que han generado una condensación, ¿no? Ahora mismo nos encontramos con una situación de la arquitectura en la cual pervive una cierta arquitectura de resistencia moderna, que defiende los principios formales, del movimiento moderno; un cierto desarrollo de esta arquitectura sería la high tech, que exalta los valores tecnológicos; una arquitectura de respeto a la historia, a la memoria, que podríamos llamarla contextualista, o regionalista; una arquitectura ya más, digamos, historicista, incluso posmoderna, con reinterpretaciones de otros momentos, como la deconstrucción o el deconstructivismo. Curiosamente, todo esto convive. Si me pregunta por lo que más me interesa, me interesa más ese entorno que habla de una revisión de la historia que sin llegar al posmodernismo acepta que la arquitectura moderna es capaz de convivir con los valores de la historia y la memoria.

Es usted Medalla de Oro de Bellas Artes. ¿Cuándo y cómo se convierte la arquitectura en arte?

Hay un libro muy bonito de Antón Capitel, que se llama "La arquitectura como arte impuro", como arte mediado. Esto es importante. El pintor trabaja para sí mismo y, digamos, piensa en sí mismo, en su obra. Los arquitectos trabajamos para los demás, y pensamos en los demás. El artista es egoísta, conceptualmente, y el arquitecto es generoso. La intensidad que consigue el artista no es la que consigue la arquitectura, son diferentes intensidades. Uno está concentrado al cien por cien en su arte, y los arquitectos estamos concentrados en que esto funcione bien, en que el usuario esté contento, en que la ciudad responda... en muchos parámetros.

Hay algunos profesionales de la arquitectura que producen obras que tienen el nivel de obra de arte

Hay algunos profesionales de la arquitectura que producen obras que tienen el nivel de obra de arte; contemporáneamente, Kazuyo Sejima ha sido una arquitecta con un alto grado de sensibilidad. Pero las obras de la arquitectura que se convierten en obras artísticas son muy pocas. En general, pensemos que se trata de un arte mediado, mediado por la situación cultural, por la situación económica, por la situación social, por la situación constructiva, por el constructor, por el cliente, por las normativas urbanísticas, etc., que hacen que la arquitectura esté mediada por muchas cosas. Por lo tanto, es un arte menor.

Creo que los arquitectos tienen que ser fundamentalmente honestos y humildes. Honestos con la sociedad y humildes con su trabajo. Creo que somos servidores de la sociedad y tenemos que hacer nuestro trabajo lo mejor posible. Tratar de resolver problemas en vez de crearlos.