Jefe de sección de Enfermedades Autoinmunes del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario de Cruces, y profesor del departamento de Medicina de la EHU
Guillermo Ruiz Irastorza: «El médico cura a veces, alivia a menudo y acompaña siempre»
Ha sido distinguido como el facultativo con mayor reputación en Medicina Interna en el ranking Merco
- Entrevista
Fecha de primera publicación: 15/01/2026
El reconocimiento llega desde dentro de la propia profesión. El ranking Merco es una clasificación que distingue profesionales de todas las áreas médicas. Más allá del galardón, el resultado visibiliza una manera de entender la medicina centrada en las personas. El médico internista se sitúa, además, en el puesto 20 entre el profesorado de la EHU en la última lista Standford y en el 32 en la categoría senior de esta. Se licenció en Medicina por la Universidad Autónoma de Madrid y realizó la residencia en Medicina Interna en el Hospital Universitario de Cruces, donde obtuvo el doctorado por la EHU con Premio Extraordinario.
¿Qué ha supuesto este reconocimiento para ti?
Aunque nunca he concedido demasiada importancia a los galardones, debo reconocer que recibirlo me ha hecho mucha ilusión. La reputación es un concepto difícil de medir, pero en este caso se trata de un ranking basado en las votaciones de compañeros de especialidad, complementadas con indicadores objetivos como la producción científica y la opinión de asociaciones de pacientes, lo que le da un valor añadido. Los datos son procesados por la empresa Merco, que cuenta con auditoría externa para garantizar la fiabilidad de los datos.
Soy muy consciente de que hay muchísimos profesionales que desarrollan su trabajo de manera excelente y cuya labor es mucho menos visible, incluso para sus propios colegas. Formar parte de la Unidad de Enfermedades Autoinmunes del Hospital Universitario Cruces otorga una visibilidad de la que otros no disponen. Por eso, como comenté en la entrega de premios, aunque evidentemente existe un mérito personal, recibo este reconocimiento en representación de mi equipo, de los internistas dedicados a las enfermedades autoinmunes y de los clínicos que han desarrollado toda su carrera en la sanidad pública.
«Aunque evidentemente existe un mérito personal, recibo este reconocimiento en representación de mi equipo»
Parece que has recibido muchas felicitaciones.
Hasta que no he sido galardonado no era consciente de su impacto. La repercusión ha sido enorme. Yo no tengo redes sociales, pero me han llegado numerosos mensajes, especialmente de pacientes atendidos en la Unidad, algunos incluso de hace muchos años. Esa ha sido, sin duda, la parte más importante del premio. También he recibido muestras de reconocimiento de compañeros médicos, tanto de forma pública como privada, lo que para mí ha tenido un valor incluso mayor que el propio galardón. Además, esta visibilización resulta muy positiva para el Hospital Universitario Cruces, Osakidetza y la propia EHU, y ahí el papel de los gabinetes de comunicación es fundamental.
Para quien no esté familiarizado, ¿cuál es la labor de un médico internista?
Es una pregunta que llevo respondiendo toda mi vida profesional. La gente suele tener muy claro qué hace un cardiólogo o un neurocirujano, pero el término “internista” genera confusión. Somos médicos hospitalarios, no cirujanos, y no estamos centrados en un órgano concreto. Se nos define como generalistas, aunque eso no debe confundirse con la antigua figura del médico general.
Nuestra característica principal es la aproximación integral al paciente. Históricamente, la medicina interna fue el tronco del que surgieron muchas especialidades. Hoy la pregunta es para qué sirve un médico generalista en un hospital con tantos especialistas. La respuesta es que somos especialmente útiles en el diagnóstico y manejo de pacientes complejos: personas con múltiples enfermedades o con procesos que afectan a varios sistemas, como las enfermedades autoinmunes sistémicas, por ejemplo, el lupus, que es el ámbito al que me dedico.
Aunque podamos estar más especializados en determinadas áreas, mantenemos siempre una visión global del paciente. Nuestra función es clave tanto en el diagnóstico como en la coordinación del tratamiento, y somos esenciales en hospitales comarcales, donde los internistas asumen el cuidado de la mayoría de los pacientes ingresados, siempre en colaboración con otros especialistas.
¿Qué te llevó a elegir esta especialidad?
Precisamente ese carácter global y la necesidad de entender al paciente como un todo interrelacionado. Concebir la enfermedad como algo que afecta a la totalidad de la persona fue lo que me atrajo desde el principio. Además, es una especialidad que ofrece una base muy sólida sobre la que desarrollar posteriormente un área de conocimiento más concreta, como ha sido mi caso.
Eres también profesor de la EHU desde hace más de dos décadas. ¿Qué te aporta la docencia y cómo ha evolucionado la relación con el alumnado?
«Nuestra responsabilidad como universidad es enseñar un oficio, proporcionar bases sólidas y poner el acento en aspectos que no se evalúan en un examen»
Soy profesor de la EHU desde 2004 y, lamentablemente, creo que en estos años se ha producido un deterioro importante en la relación entre profesores clínicos y estudiantes. El modelo de clases presenciales está en crisis, la asistencia es baja y, en muchos casos, nuestro papel se ha reducido a suministrar información para superar exámenes.
La carrera parece haberse orientado casi exclusivamente a preparar el MIR, y se ha perdido en gran medida el papel del profesor hospitalario como referente o modelo profesional, algo que cuando yo era estudiante estaba muy presente. Esta percepción no es solo mía: la comparten otros profesores, tanto de la EHU como de otras universidades, e incluso médicos jóvenes que fueron alumnos míos.
La irrupción de la inteligencia artificial y de otras herramientas virtuales, con sus evidentes ventajas, probablemente acentuará esta brecha. Creo que deberíamos reflexionar seriamente sobre qué tipo de médicos queremos formar. El MIR es clave, sin duda, pero nuestra responsabilidad como universidad es enseñar un oficio, proporcionar bases sólidas y poner el acento en aspectos que no se evalúan en un examen, como la relación con los pacientes, la gestión de las emociones, la empatía y la escucha activa.
¿La medicina interna es una especialidad atractiva hoy en día para el alumnado?
Da la sensación de que actualmente las especialidades más demandadas son otras, muy condicionadas por las expectativas económicas futuras. Desde las universidades públicas deberíamos reforzar la idea de que la mayoría de los futuros especialistas deben estar comprometidos con la sanidad pública, un sistema excepcional por su cobertura, equidad y universalidad.
Es un derecho esencial de la ciudadanía cuya pervivencia no está garantizada, y creo que tenemos la obligación de contribuir activamente a su defensa.
«Los futuros especialistas deben estar comprometidos con la sanidad pública»
¿Cómo se ha construido el equipo de la Unidad de Enfermedades Autoinmunes de Cruces?
Actualmente somos seis médicos y una enfermera. Se trata de una unidad pequeña, lo que facilita el contacto cercano y el trabajo en equipo. Realizamos dos sesiones diarias para comentar los casos ingresados y situaciones complejas, lo que permite tomar decisiones consensuadas sin perder la autonomía profesional.
Hemos elaborado de forma colectiva protocolos de tratamiento que garantizan una actuación homogénea, aunque cada profesional mantenga su propio estilo. A lo largo de más de 15 años, hemos atravesado situaciones complicadas, con cambios en la composición del equipo, sin perder nuestra filosofía de trabajo.
No es fácil en un sistema de contratación rígido, donde a menudo no se tienen en cuenta perfiles profesionales específicos, algo esencial en unidades de alta complejidad y de referencia nacional. Si queremos mantener el nivel clínico y académico de los hospitales universitarios, este es un debate que debería abordarse con urgencia. La igualdad de oportunidades no implica que todos seamos iguales, y es fundamental que cada persona esté en el puesto donde pueda rendir mejor.
Tenéis un contacto muy directo con las pacientes por teléfono y WhatsApp. ¿Qué implica este modelo de atención?
La gestión recae fundamentalmente en la enfermera de la Unidad, que atiende diariamente un volumen muy elevado de llamadas y mensajes. Este contacto genera una gran sensación de seguridad y confianza en las pacientes y permite resolver muchas situaciones sin necesidad de acudir a urgencias o a atención primaria.
No se trata solo de escuchar, que muchas veces ya tiene un efecto terapéutico, sino de actuar cuando es necesario. Disponemos de un hospital de día que permite intervenir con rapidez ante brotes de la enfermedad. Sin embargo, este modelo también supone una carga creciente y obliga a atender consultas que a veces son más banales o ajenas a nuestra especialidad. A medio plazo, puede limitar el desarrollo de nuestras funciones más específicas, por lo que es necesario establecer límites y educar en el uso adecuado de esta herramienta, algo que no siempre resulta sencillo.
«No se trata solo de escuchar, que muchas veces ya tiene un efecto terapéutico, sino de actuar cuando es necesario»
¿Este enfoque humano se traslada también a la docencia?
En las clases teóricas no suele despertar un interés especial. Sin embargo, en el Prácticum de sexto curso, cuando las estudiantes se integran en la Unidad y ven cómo trabajamos, el feedback es muy positivo, tanto en el día a día como en las memorias finales. En ese contexto, creo que logramos encender una luz en un ámbito que, con frecuencia, permanece bastante oscuro en la formación médica.
¿Cómo se enseña al alumnado a tratar a los pacientes desde una perspectiva humana?
Es uno de los aspectos más olvidados y, al mismo tiempo, más importantes de la formación médica. No se aborda de forma explícita en los programas docentes y, en un entorno muy orientado a resultados, tampoco es algo que el alumnado demande.
Nuestra obligación como universidad es formar profesionales con competencia técnica, pero también con habilidades en las relaciones humanas. Sin ellas, no se puede ejercer adecuadamente la medicina. La frase “el médico cura a veces, alivia a menudo, acompaña siempre” debería seguir plenamente vigente, incluso —o precisamente— en un contexto cada vez más tecnologizado.
