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Joana Miguelena, alumna de posgrado de la UPV/EHU, galardonada por UNICEF

«Los derechos de la infancia son una asignatura pendiente de toda la sociedad»

  • Entrevista

Fecha de primera publicación: 05/02/2016

Tras diplomarse en Magisterio en la Universidad del País Vasco, Joana Miguelena Torrado cursaba el último año de Pedagogía cuando el libro ‘El lugar de la infancia', de Jaume Funes le cambió su perspectiva profesional. Decidió matricularse en el Máster en Investigación en Ámbitos Socioeducativos donde se trabajaba la línea de investigación de los derechos de la infancia. Una decisión acertada, pues su Trabajo Fin de Máster sobre los derechos de la infancia en situación de desahucio en Gipuzkoa ha sido reconocido por UNICEF.

Felicidades por el premio.
Gracias. Ha supuesto una gran alegría y un impulso para seguir trabajando en esta línea. Que un organismo como Unicef valore que un trabajo que has realizado debe ser publicado, y que lo publique, es algo que no tiene precio. Es un reconocimiento, no solamente a mi trabajo, sino a las niñas, niños y adolescentes que están en una situación de desahucio, y en especial, a las personas que entrevisté, que son las grandes protagonistas y ganadoras de este premio. Aprovecho para dar las gracias a las personas que me ofrecieron su testimonio, su realidad, su experiencia, sus vivencias y su lucha. Desde aquí, ¡gracias!

¿Por qué eligió este tema de trabajo?
Tenía mucho interés por realizar un estudio sobre los derechos de la infancia y se acrecentó por mi relación de amistad con Jose María Erauskin, abogado de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. En aquella época, yo solía desayunar muchas veces con él y hablábamos mucho sobre familias que estaban en situación de desahucio y de las consecuencias que éstos estaban teniendo en la vida de las niñas, niños y adolescentes. El hecho de que nunca les viésemos en las movilizaciones, o que no se les preguntase sobre qué era para ellos y ellas perder su casa, y de cómo lo estarían viviendo y si se respetaban sus derechos, era algo que me preocupaba y a lo que creía que debía dar visibilidad.

En verdad, son estos menores a los que menos se ha visibilizado.
Totalmente. Creo que las niñas, niños y adolescentes son los que se quedan en un segundo o tercer plano de este fenómeno. No se visibiliza que algunas niñas y niños necesitan acudir a tratamiento psicológico, que algunas familias viven sin luz, que necesitan ir al comedor para poder garantizar un plato de comida o que tengan que cambiar de círculo de amistades por no tener el mismo dinero que otros niños y niñas. Más que invisibilizada, la invisibilizamos. Además, la deuda adquirida con la entidad financiera, que no cesa con la pérdida de la vivienda, será la mochila que marcará, en mayor o menor grado, el futuro de esas familias en general, y el ejercicio de los derechos de las niñas, niños y adolescentes, en particular.

Cuando sucede un desahucio, o previo al mismo, los organismos competentes ¿escuchan a estos menores?
Los derechos de la infancia son una asignatura pendiente de toda la sociedad, no simplemente en un caso de desahucio, sino en muchas otras ocasiones. En los procedimientos judiciales de desahucio, la infancia no está, no se le escucha, ni se considera que la vivienda es un interés superior para ellos y ellas. En las familias también se le intenta ocultar la situación, parece como que infravalorásemos las capacidades de las niñas y niños para poder entender qué está sucediendo. Tienen derecho a saber lo que ocurre y a exigir que se cumplan y se garanticen sus derechos.

«A la infancia no se la escucha»

Por otra parte, tampoco entiendo cómo el Ministerio Fiscal todavía no ha intervenido en ningún caso de desahucio, queriendo salvaguardar y hacer respetar ese interés superior. Creo que la falta de reconocimiento e, incluso, de conocimiento de la Convención sobre los Derechos del Niño, como herramienta para garantizar los derechos de las niñas, niños y adolescentes, es un hecho. Creo que no se le da la importancia que tiene a la Convención, siendo ésta un tratado internacional de obligado cumplimiento.

Ha hablado con varias familias que sabían que iban a perder  la casa.
Son cosas en las que no me gusta generalizar, cada familia lo vive de una manera distinta, pero me atrevería a decir que con angustia y tristeza. Si nos ponemos en la tesitura de que vamos a perder nuestra casa... ¡pues imagínate!, ¡se te cae el mundo encima! Una casa no son dos dormitorios, un salón, una cocina y un cuarto de baño, una casa es un lugar donde construyes parte de tu vida, donde te sientes o debes sentirte segura, donde existe un proyecto común, donde deben respetarse tus derechos e informarte sobre ellos para poder exigirlos. Una casa es una señal de identidad.

Pero el problema no es solo la vivienda.
Exacto. El gran problema de los desahucios no es que una familia pierda la casa, el gran problema de los desahucios es que la deuda adquirida con la entidad financiera no cesa con la perdida de la vivienda. El seguir teniendo una deuda con la entidad financiera impide que las familias puedan comenzar una nueva vida desde cero. Esa deuda, y todo lo que conlleva tener una deuda con una entidad financiera (aparecer en listas de morosos, que se intercepte parte de tu sueldo, dificultades para realizar otros contratos de luz, de alquiler, entre otros) es lo que va a marcar el futuro de esas familias y sus oportunidades en él.

¿Estas familias han notado la solidaridad de la sociedad o, más bien, su rechazo o indiferencia?
Existen muchos prejuicios todavía en la sociedad hacia las personas que están en una situación de desahucio o, incluso, sobre las y los miembros de las Plataformas de Afectados por la Hipoteca. Parte de la sociedad todavía asocia la imagen de familia desahuciada con la imagen de una familia que ha vivido por encima de sus posibilidades. Y esto no es así. Los perfiles están cambiando y cada vez afectan a lo que se podría considerar la clase media de la sociedad. Cualquier persona puede perder el trabajo, haber avalado a alguien o haber avalado su casa para emprender un negocio fallido y verse en una situación desahucio.

«Mejorar esta situación es cuestión de voluntad»

Es cierto que la toma de conciencia de la sociedad desde que comenzó la crisis respecto a los desahucios y las personas desahuciadas ha cambiado, pero todavía hay camino por recorrer. Existen prejuicios y las participantes de la investigación los percibieron, pero también encontraron solidaridad en las Plataformas y en buenas personas que, por suerte, existen.

¿Cómo pueden las instituciones mejorar la situación de estos menores?
Creando unas nuevas políticas sociales desde un enfoque de infancia y sus derechos y, por ende, legislando o regulando sobre ello. Algunas leyes u ordenanzas se derogan o se aprueban muy rápidamente, otras en cambio, se rechazan o directamente no se llevan ni a debate. Creo que para poder mejorar la situación se necesita un cambio legislativo desde una perspectiva de derechos y, no sólo, desde los intereses de las entidades financieras. Opino que todas las instituciones pueden mejorar la situación de las niñas, niños y adolescentes si existe voluntad para ello. Creo que es cuestión de voluntad.

¿En qué puede colaborar la sociedad?
La sociedad puede colaborar en lo que quiera colaborar. Creo que lo primero que la sociedad debe hacer es deconstruir esa imagen de familia desahuciada y empatizar con esas familias. Cada persona puede aportar en la medida de lo que pueda, de lo que sepa hacer o de lo que tenga a ayudar a estas familias. No todo el mundo puede ayudar económicamente a estas familias o no se ve delante de la puerta de una entidad financiera detrás de una pancarta, pero en la medida de lo que cada uno pueda y quiera, puede aportar un granito de arena. Las personas pueden ofrecerse, por ejemplo, a dar clases particulares a las niñas, niños y adolescentes voluntariamente, ayudar a las familias a buscar trabajo, acompañar a pedir justicia gratuita, darles apoyo o a darles un abrazo.
 

Fotos: Nagore Iraola. UPV/EHU