Fernando Cayuela Camarero
La UPV/EHU se hace a la mar
Capitán de la Marina Mercante y profesor de la Escuela de Ingeniería de Bilbao
- Cathedra
Lehenengo argitaratze data: 2016/07/15
Con la llegada del verano, muchos de los miembros de nuestra comunidad universitaria deciden darse un respiro de sus apasionantes tareas diarias: las clases, la investigación, la administración y la gestión, el mantenimiento…, y vuelven sus ojos hacia el mar. Nuestras branquias se encuentran algo resecas, y sólo la mar puede ponerlas a tono.
Son varias las razones que cada uno puede tener para navegar. Desde la primera vez que leí Moby Dick, me llamaron la atención los motivos que su protagonista humano, Ismael, tenía para embarcarse: "…pensé en navegar un poco y ver la parte acuática del mundo. Es una manera que tengo de ahuyentar la melancolía y de regular la circulación. Siempre que noto la amargura en la boca; cuando de mi alma se apodera un noviembre húmedo y lluvioso; cuando me encuentro involuntariamente a mí mismo deteniéndome ante las funerarias y cerrando la marcha en todos los entierros, y especialmente cuando mi hipo se enseñorea hasta tal punto de mí que requiere un fuerte principio moral para impedirme que salga deliberadamente a la calle y me dedique metódicamente a quitarle el sombrero de un golpe a la gente: entonces ha llegado el momento de embarcarme lo antes que pueda."
Posiblemente, en la época de Ismael, si uno quería navegar no tenía más remedio que dedicarse a cazar ballenas, navegar en un mercante o embarcar en un pesquero. Actualmente, multitud de aficionados navegan en embarcaciones deportivas de vela o de motor, disfrutando intensamente de la mar. Tan sólo unos pocos se dan el placer de estudiar Náutica y deciden navegar de forma profesional, viviendo la mar día a día y atesorando vivencias que luego intentarán contar a sus hijos, posiblemente, con poco éxito.
En este veraniego artículo voy a tratar de dar una serie de consejos para los navegantes ocasionales. Navegar es una actividad muy placentera, pero que conlleva cierto riesgo. Solamente haciéndolo con seguridad podremos disfrutar de la mar con plenitud.
El primer consejo para el navegante ocasional sería que tratara de obtener la titulación adecuada para llevar una embarcación deportiva. En algunos puertos, alquilan embarcaciones y son muy permisivos en lo referente a la titulación de la persona que desea alquilar una pequeña embarcación. Esta práctica no es buena. Para navegar hay que tener una serie de conocimientos fáciles de lograr, obteniendo la titulación de PER (Patrón de Embarcaciones de Recreo) o la más inferior de PNB (Patrón de Navegación Básica). El estudio de las materias de ambas titulaciones nos proporcionará una base teórica imprescindible para el desarrollo de la navegación.
Antes de salir a navegar, hay que tener claras las condiciones meteorológicas. Actualmente, los avances en la previsión meteorológica permiten conocer, casi de hora en hora, cómo va a evolucionar el tiempo. Entre los navegantes a vela, es muy utilizada la base de datos "windgurú", que cubre las zonas costeras de los mares de todo el mundo.
Hay que asegurarse de que la embarcación esté adecuadamente arranchada y pertrechada: equipo de navegación, salvamento, abandono, contraincendios, cabullería, etc. Aunque resulte increíble, los barcos se incendian, colisionan, se hunden... La falta de elementos de seguridad relacionados con estas contingencias, podría convertir nuestra salida a la mar en un recuerdo vacacional del que mejor olvidarse.
Los barcos chocan. A mucha gente de tierra le resulta asombroso que, habiendo tanto espacio en la mar, los barcos colisionen. Pero ocurre, y hay que estar capacitado para evitar este accidente.
El "Código de la Circulación" de la mar es el denominado "Reglamento Internacional para Prevenir los Abordajes en la Mar" (RIPA), cuyos orígenes se remontan a 1888. El RIPA actual es del año 1972. La autoría del mismo corresponde a la Organización Marítima Internacional (OMI/IMO), organismo de ONU encargado de legislar y ordenar la normativa referente a las cosas de la mar.
El RIPA es de aplicación a todo tipo de embarcaciones. Su versión actual consta de 38 reglas y 4 anexos, de obligado cumplimiento para buques o embarcaciones en navegación.
Aunque sus reglas son bastante concretas, en algunas de ellas se introducen expresiones tales como "que pudieran hacer necesario", "si las circunstancias del caso lo permiten", "tan pronto como le resulte evidente", etc. Esta calculada ambigüedad introduce en el RIPA un cierto elemento de subjetividad.
En mi opinión, la regla más importante del RIPA es la Regla 2, que se podría resumir en algo así como: "Tenga usted sentido común". Esta regla básica podría aplicarse a situaciones tales como evitar, por principio, los buques grandes, prever situaciones de posible abordaje y evitarlas con antelación, etc.
Aunque uno sea navegante ocasional, debe saber emplear los medios de comunicación de a bordo. El VHF nos puede sacar de apuros en una situación de emergencia. Conviene familiarizarse con el procedimiento de su utilización.
Cuidado con el baño. Aunque estemos en una situación de encalmada total, no conviene que todos los miembros de la tripulación decidan darse un chapuzón a la vez. Cualquier brisa imperceptible o cualquier pequeña corriente hacen que la embarcación se aleje, produciéndose una situación de peligro, aunque uno crea ser un nadador consumado.
Hay que tener muchas precauciones con los niños. Les suele gustar colocarse en los sitios más externos del barco durante la navegación, con riesgo de caer al agua. Una práctica segura consistiría en hacer que todos los menores navegasen con el chaleco salvavidas colocado, independientemente de cuáles fueran las condiciones de la mar. Asimismo, es obvio que resulta imprescindible conocer el procedimiento para recoger a una persona que se ha caído al agua.
Para terminar, alquilar una embarcación, aunque sea pequeña, conlleva un cierto costo. Gástese unos pocos euros más y adquiera uno de los innumerables libros, existentes en el mercado, sobre seguridad en embarcaciones deportivas. Léalo antes de embarcar y siéntase razonablemente seguro de que podrá salir airoso de cualquier contingencia que se le pueda presentar.