A veces las palabras se quedan cortas. Eso es lo que nos ocurre ahora mismo. Es difícil decir adiós a un amigo que se va de repente; todavía lo es más cuando se va antes de lo debido. Ha sido un duro golpe perder a nuestro amigo y compañero Zesar. Aún nos cuesta creer que no lo veremos más en la facultad, que no irrumpirá sonriendo en medio de una discusión o que no vendrá a contarnos una idea nueva para un proyecto.
In memoriam: Zesar Martínez
- Crónica
Fecha de primera publicación: 26/05/2026
Pero junto con el vacío que nos queda hay otra cosa que salta a la vista, y es la huella profunda que nos deja y que pervivirá por mucho tiempo tanto en nuestras comunidades como en la Euskal Herriko Unibertsitatea.
Como profesor, tuvo en la docencia su vocación y pasión, priorizando siempre el conocimiento compartido y el fomento del pensamiento crítico. Siempre colocó en primer plano a las y los estudiantes, sobre todo a quienes eran más vulnerables o estaban en riesgo de exclusión. No entendía la docencia como mera transmisión de contenidos, sino que la vivía como un espacio para construir relaciones. Para multitud de estudiantes no fue solamente un profesor, sino también un compañero de viaje y una persona dispuesta a la escucha, además de un referente.
Zesar pensaba en global. El eje de su actividad fue el poder popular, la solidaridad y el internacionalismo, todo ello enraizado en las luchas transformadoras por un mundo más justo. En su labor académica prevalecieron las investigaciones relativas a los movimientos sociales y la participación popular, con especial atención a las epistemologías del Sur, y partiendo siempre de la acción local. Por eso la actividad investigadora participativa fue siempre su metodología preferida, pues consideraba que para lograr la transformación social es indispensable enlazar la teoría con la práctica. Y es que jamás pensó que el conocimiento fuera algo neutro: entendía que el saber ha de estar al servicio de la comunidad, como herramienta para el empoderamiento de la ciudadanía.
Por eso trabajó sin descanso para fortalecer las iniciativas populares y colaboró constantemente con colectivos diversos. No es casualidad que fuera al mismo tiempo investigador y militante activo de los movimientos populares. Así, participó en experiencias como Astra, Karmela o el proyecto de Telefónica del barrio San Francisco, siempre priorizando la comunidad, estableciendo vínculos y activando a la gente.
Desde la universidad también defendió decididamente que la participación ciudadana no es un mero adorno democrático, sino una forma de participar en las relaciones de poder. A menudo nos recordaba que es indispensable activar la participación de la ciudadanía para recuperar la capacidad de incidencia arrebatada por las élites políticas y económicas, y que la universidad pública también ha de cumplir esa función, conectando con la sociedad, escuchando al pueblo y trabajando por la transformación social.
Uno de los retos más grandes que se impuso fue el de lograr que los colectivos creados por iniciativa popular reforzasen su capacidad de autoorganización. Creía que los espacios autónomos, las alianzas amplias y las redes comunitarias tienen la capacidad de generar una transformación social real. Al mismo tiempo, recalcaba una y otra vez la necesidad de superar las formas elitistas y burocratizadas de gobierno que caracterizan a las instituciones públicas.
Debatimos sobre todo eso muchas veces con él. No estábamos siempre de acuerdo, no veíamos siempre las cosas igual. Pero era precisamente eso lo que hacía tan valioso compartir nuestros puntos de vista con él: su capacidad para pensar, oír y generar diálogos constructivos también desde el desacuerdo.
Actuaba igual en la investigación. Las lógicas estrechas de la Academia no definían su forma de hacer. Compartía el conocimiento, porque lo entendía como algo que se construye de manera colectiva. Por eso los artículos y los proyectos no bastan para medir todo lo que Zesar le ha dado a la EHU: nos ha legado una forma de hacer comunidad.
Era una persona alegre y optimista, que tenía facilidad para implicar a la gente en la transformación del mundo, tanto mediante la actividad investigadora participativa como a través de la militancia o de la implicación colectiva. No vivía el compromiso como una carga, sino como algo que hay que compartir, trabajando mano a mano, riendo y creando espacios para disfrutar en el camino. Luchar y colaborar con él era compartir la vida misma.
Por eso hoy lo recordamos con dolor, pero también con gratitud. Porque ha sido nuestro amigo, compañero, profesor y referente, y porque tenemos la seguridad de que sus ideas y sus prácticas seguirán vivas entre quienes le conocimos.
Zesar, no te olvidaremos.
Izaro Gorostidi, Andere Ormazabal y Asier Blas. En nombre del grupo de investigación Parte Hartuz de la EHU.