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In memoriam: José Ignacio García-Gurtubay García
- Crónica
Fecha de primera publicación: 02/10/2025
El que para nosotros era siempre Iñaki Gurtubay (1941-2025), y a quien siempre asociábamos con la cultura vasca y con la introducción del euskera en los estudios universitarios, había nacido en Zaragoza, y, según parece, no fue sino en Madrid, siendo ya estudiante de Farmacia, donde tomó conciencia de sus orígenes vascos y donde, de hecho, aprendió euskera. A Iñaki le cundía el tiempo, y, aparte de la carrera y el euskera, en sus ratos libres estudiaba órgano en el viejo Conservatorio de la calle San Bernardo.
En 1968 comenzó sus actividades en la Universidad Autónoma de Bilbao. Los estudios de Ciencias se impartían en el edificio que había sido de la Escuela de Náutica, en la calle Botica Vieja, en Deusto. Y allí, el primer día del primer curso, estaba Iñaki como flamante profesor de Biología. Pertenecía, pues, al selecto grupo de Padres Fundadores de la Facultad de Ciencias. Fiel a su multidisciplinariedad, era al mismo tiempo titular de una oficina de farmacia en el cercano barrio de Matiko, y directivo de la cooperativa de distribución de medicamentos en Bizkaia, una de las primeras en su género.
Con la Facultad de Ciencias ya instalada en el campus de Leioa, y a una edad relativamente avanzada para los usos actuales, reorientó su vida hacia la investigación y la docencia de la Bioquímica. Era una hormiguita de laboratorio, tan discreto en su quehacer que muchos colegas cercanos se sorprendieron cuando culminó su tesis doctoral, defendida en la Universidad Complutense de Madrid en 1979, y dirigida por J.M. Macarulla y F.M. Goñi. A partir de ahí, y en un rasgo de “quemar sus naves”, traspasó su farmacia de Matiko y se dedicó de manera exclusiva a la docencia y la investigación en las membranas mitocondriales, con frecuentes períodos en la Universidad de Londres para aprender técnicas específicas. Estos esfuerzos dieron su fruto y, en 1983, tras la dura oposición que entonces tenía lugar en Madrid, ingresó en el Cuerpo Nacional de Profesores Adjuntos de Universidad, en el área de Biología. Con el correr del tiempo, Iñaki, junto con el recordado José Luis R. Arrondo y los abajo firmantes, fundó el “Grupo Biomembranas” del Dpto. de Bioquímica, germen de la futura “Unidad de Biofísica” (hoy “Instituto Biofisika”).
Los años 80 fueron para Iñaki de gran productividad en los estudios de membranas y bioenergética, con la puesta a punto de un sistema de cultivo de Halobacterium, para obtener las llamadas “membranas púrpura”, un sistema ideal por su sencillez para los estudios que acaparaban su atención. Siempre discreto, sus estudiantes de aquellos años quedaron marcados por su rigor casi obsesivo en la calidad y reproducibilidad experimental. Además del trabajo de laboratorio, junto con su antiguo estudiante Eduardo Rial, tradujo al castellano la obra “Bioenergetics”, de David G. Nicholls, que publicó en España Editorial Reverté en 1987. Por si todo esto fuera poco, captó en el viento las semillas de lo que entonces se llamaba la Nueva Cocina Vasca, y aprovechó sus conocimientos de bromatología y nutrición (era farmacéutico, después de todo) para organizar en Donostia una serie de cursos de verano dedicados a la ciencia de la gastronomía, a los cuales asoció a los más grandes del momento: Arzak, Fombellida, Subijana… Desgraciadamente, en 1990, su visión, desde siempre limitada, sufrió un mazazo en forma de desprendimiento de retina en el ojo que mejor conservaba. Dos operaciones en el Instituto Barraquer no resolvieron el problema, y el científico que tenía que ver y comprobar por sí mismo cada medida experimental se vio así apartado del laboratorio. Pudo mantener, sin embargo, su actividad docente, centrada en la estructura de las biomoléculas, hasta su jubilación, en 2011. Una sesión académica de homenaje, que había sido preparada por sus colegas y colaboradores más cercanos, hubo de suspenderse a última hora por su irrenunciable negativa a participar en un acto de esta naturaleza. Genio y figura.
Deja a su esposa Mari Carmen Gálligo, sus hijos Iñaki, Aitor e Idoia, y cinco nietos.
Félix M. Goñi y Alicia Alonso