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In memoriam: Luis Martínez-Millán

  • Crónica

Fecha de primera publicación: 05/09/2025

Con profundo pesar despedimos a Luis Martínez-Millán (Villarroya de la Sierra, Zaragoza, 1942), neurocientífico y Catedrático de Anatomía y Embriología Humana en el Departamento de Neurociencias de la Universidad del País Vasco, cuya inesperada ausencia deja un vacío inmenso en el ámbito académico y en todos quienes tuvimos el privilegio de conocerle, aprender de él y compartir su pasión por el conocimiento.

A lo largo de su trayectoria, Luis fue mucho más que un artesano del cerebro y un docente comprometido. Creía en la ciencia, era un investigador que supo mirar el cerebro como un órgano fascinante y asombroso. Neurocirujano experimental excepcional y apasionado urgó en el sistema visual y otros sistemas sensoriales buscando como se adaptan sus conexiones tras la deprivación sensorial en animales experimentales incluidos los primates no humanos. Sus investigaciones en neurociencia, sus contribuciones a la Neuroanatomía y plasticidad del sistema nervioso, y su constante esfuerzo por formar a nuevas generaciones de estudiantes marcaron una huella profunda en nuestra universidad y en la comunidad científica española.

Conocí a Luis haciendo autostop en la banlieue de Lyon en 1975. Instiló en mí, y en todos sus estudiantes, una curiosidad irrefrenable por conocer e investigar el cerebro, junto con un sentido del trabajo investigador como actividad total que da sentido vital. Trabajador incansable, de carácter atípico y humor socarrón, como buen aragonés, mantuvo una honestidad y criterio insobornable sobre nuestra comunidad académica, siempre crítico y constructivo con ella, algo imborrable y ejemplar para los que lo conocimos de cerca.

Como profesor, Luis era claro, exigente y generoso. Sabía transmitir no solo conocimientos, sino también entusiasmo, y un sincero amor por la investigación neurocientífica y la docencia.

Quienes trabajamos junto a él sabemos que su legado no se mide únicamente en artículos, proyectos o manuales, sino en la ética callada con la que vivía su oficio, en la coherencia entre lo que enseñaba y lo que practicaba. Fue un compañero leal, discreto, de convicciones firmes y mirada aguda.

Hoy lo despedimos con tristeza, pero también con gratitud. Por su vida entregada al saber, por su humanidad sincera, por todo lo que nos deja. Su memoria vivirá en los pasillos de nuestra facultad, en las aulas donde enseñó, en cada estudiante que ahora mira el cerebro con curiosidad y respeto gracias a sus enseñanzas.

Viajero incansable y de una curiosidad sin límite, estaba planeando su siguiente viaje mientras le llegó el descanso.

¡Bon voyage querido Luis! Brindamos por ti.

Descansa en paz. Tu ausencia duele, pero tu legado permanece.

Un fuerte abrazo.

                                                          Carlos Matute y Francisco Doñate