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EHU gertu-gertutik: Oficina de Trasferencia del Conocimiento

LA OTC: maximizar el valor del conocimiento

La Oficina de Transferencia del Conocimiento de la EHU acompaña al personal investigador para que sus resultados se traduzcan en acuerdos con empresas, protección de tecnologías y nuevas iniciativas empresariales.

  • Reportajes

Fecha de primera publicación: 19/02/2026

Equipo de la Oficina de Transferencia del Campus de Bizkaia de la EHU. De izquierda a derecha: Iñaki Gil, Marian Ouro, María Jesús Cítores, Nagore Tellado y María José Rodríguez. En la fila inferior: Emma Sainz, Paula Isasi, Estíbaliz Bidaburu y Ana Santamaría.
Equipo de la Oficina de Transferencia del Campus de Bizkaia de la EHU. De izquierda a derecha: Iñaki Gil, Marian Ouro, María Jesús Cítores, Nagore Tellado y María José Rodríguez. En la fila inferior: Emma Sainz, Paula Isasi, Estíbaliz Bidaburu y Ana Santamaría. | Foto: Egoi Markaida

Durante años fue para muchos “la gran desconocida”. Se sabía que existía, pero no siempre qué hacía exactamente. Hoy nos acercamos a la OTC por cuyos despachos pasan decisiones importantes que determinan si una investigación puede ser mucho más que un artículo científico.

La OTC de la EHU —antigua OTRI— trabaja desde los tres campus para gestionar ese proceso. Su función es facilitar que el conocimiento generado en la universidad encuentre una aplicación fuera de ella, conectando con empresas, administraciones y otros agentes del entorno. Es un servicio estratégico, que forma parte del día a día de la actividad investigadora.

Hay servicios que sostienen buena parte de la actividad universitaria sin estar en primera línea. La OTC es uno de ellos. Si la investigación es el motor, la transferencia es la vía que permite su rodaje. Una pequeña metáfora para comprender de qué manera el conocimiento llegue a la industria, a la administración y al entorno social. Ese es precisamente el ámbito de trabajo de la OTRI, hoy transformada en OTC, tras un cambio impulsado a escala estatal, que no responde solo a una nueva denominación, sino a una forma más clara de definir su función: transferir conocimiento con impacto.

La labor del servicio se centra en “poner en valor el conocimiento y la tecnología desarrollada por los investigadores de la EHU aplicándolo en las necesidades reales de la industria, la administración o la sociedad”, explica su directora, Nagore Tellado. En la práctica, esto significa gestionar contratos y convenios con entidades externas, tramitar solicitudes de propiedad industrial —especialmente patentes—, negociar acuerdos para que las empresas puedan utilizar tecnologías universitarias y apoyar la creación de spin-off, es decir, de empresas creadas por los propios equipos investigadores para desarrollar y comercializar sus invenciones.

El trabajo de la OTC también implica algo menos visible pero no menos importante: promover una cultura en la que transferir conocimiento forme parte natural de la actividad investigadora, no como un trámite añadido, sino como una fase más del propio proceso científico.

La transferencia, el último eslabón

“La transferencia es el último eslabón de la cadena que comienza con la generación de una idea innovadora”, explica Tellado. Esa idea se desarrolla durante años en proyectos de investigación y, finalmente, cristaliza en un contrato, en una patente o en una licencia de explotación. La directora lo tiene claro: “La investigación no se debería entender sin un ánimo de transferir los resultados”.

Es por eso por lo que la OTC cumple también una función pedagógica y cultural. Durante años —admite la directora— ha existido cierta inercia a pensar que el conocimiento generado en la universidad debía entregarse sin contraprestación. “Los resultados generados en investigaciones conjuntas pertenecen a las partes que aportan conocimiento, y no se debe ceder la propiedad de los resultados generados por investigadores de la Universidad”. La OTC trabaja para desmontar esa idea.

 Nagore Tellado: «No somos un trámite burocrático más; tenemos vocación de ayudar y facilitar la transferencia»

La negociación con empresas forma parte de su día a día, y aunque a veces cueste llegar a acuerdos, lo habitual es encontrar un punto de consenso. De ahí que Tellado se proponga como reto futuro corregir la percepción de que acudir a la OTC supone añadir un obstáculo administrativo. “Desde nuestro servicio tenemos vocación de ayudar y facilitar la transferencia, no de añadir un trámite más”.

Cuando llaman a la puerta

En el día a día, las situaciones son muy diversas. El trabajo comienza muchas veces con una pregunta abierta: ¿qué necesita exactamente la empresa?. Iñaki Gil, responsable del servicio, lo explica con claridad: “Lo más complicado suele ser conocer exactamente el tipo de problema que tiene la empresa para dirigir el servicio al personal investigador más adecuado”. La EHU es el mayor generador de conocimiento de la CAE, pero ese potencial es amplio y diverso. No siempre es fácil tener un mapa completo de quién sabe qué. “Hay grupos que trabajan habitualmente con empresas, pero otros también pueden tener el conocimiento para resolver problemas surgidos en entidades externas”, señala.

La conexión universidad-empresa implica equilibrio. Para la empresa, el proyecto debe generar valor real. Para la universidad, no todo se reduce a una contraprestación económica. “Es nuestro conocimiento el que se pone al servicio de la empresa, pero no por eso deja de ser nuestro”, recuerda Gil. Por ello se negocia participar en la explotación de los resultados. No siempre es fácil evitar la lógica del “yo pago y tú me das”. Sin embargo, la normativa universitaria establece el marco desde el inicio: contrato de servicios, convenio de transferencia, doctorado industrial… cada fórmula tiene sus reglas.

 Iñaki Gil: «No van a estar solos o solas en sus relaciones con la empresa»

¿Y cuándo conviene acudir a la OTC? “En cualquier momento, incluso antes de iniciar cualquier relación con una entidad externa”. No es raro que alguien diga: “Esto lo hago así desde siempre”. Pero lo que siempre se ha hecho no necesariamente se ajusta a la normativa universitaria. Consultar a tiempo puede evitar problemas y, además, abrir nuevas oportunidades de colaboración. “No van a estar solos o solas en sus relaciones con la empresa”, resume Gil.

Patentes sin tecnicismos

Si hay un ámbito en el que la OTC resulta especialmente estratégica es el de la propiedad industrial. Aquí la referencia es Emma Sainz, técnica responsable de patentes en el campus de Bizkaia. Pero…¿qué es exactamente una patente? “Es un derecho que otorga el Estado y que permite al titular impedir que otros fabriquen, usen o vendan la invención sin su permiso durante un tiempo determinado, normalmente 20 años desde la solicitud”, explica.Es lo que se denomina un “derecho negativo”: no concede automáticamente el derecho a comercializar (eso puede requerir certificaciones adicionales), pero sí impide que terceros lo hagan sin autorización.

Conviene no confundirla con la propiedad intelectual. Mientras que las patentes protegen invenciones técnicas y requieren una solicitud formal, la propiedad intelectual protege obras literarias, artísticas o científicas desde el momento mismo de su creación.

Desde la universidad se pueden patentar tecnologías desarrolladas por personal investigador, docente, PTGAS o alumnado, siempre que cumplan tres requisitos: novedad (que no exista nada igual), actividad inventiva (que no sea algo obvio para una persona experta) y aplicación industrial (que pueda fabricarse o utilizarse).

Y aquí aparece una de las dudas más frecuentes: ¿publicar o patentar? “No son incompatibles, pero el orden es primordial. Primero se patenta y después se publica”, advierte Sainz. Si se divulgan los resultados antes de presentar la solicitud, se pierde la novedad y ya no se puede proteger la invención.

 Emma Sainz: «Primero se patenta y después se publica. Es importantísimo para no perder la oportunidad»

El recorrido desde el laboratorio hasta el registro comienza cuando el equipo investigador contacta con la OTC y presenta una memoria descriptiva de su idea. Se solicita entonces un informe de patentabilidad a una agencia externa y, si el resultado es favorable, se redacta y presenta la solicitud ante la Oficina Española de Patentes y Marcas.

La titularidad corresponde a la universidad, tal y como establece la Ley 24/2015 de Patentes para las invenciones realizadas en el marco de una relación laboral. Sin embargo, el personal investigador participa directamente en los beneficios derivados de la explotación. En el caso de la EHU, el 60 % de los ingresos netos corresponde a quienes han desarrollado la invención; el resto se distribuye entre la universidad y el departamento implicado. Proteger los resultados, resume Sainz, significa asegurar su reconocimiento, controlar su uso y permitir que ese trabajo se traduzca en nuevas investigaciones, publicaciones y también en ingresos económicos.

Del registro al impacto

Registrar una patente es solo el comienzo. ¿Cómo llega después a la sociedad? Puede hacerse de varias maneras: cediendo a una empresa el derecho a usar y comercializar la tecnología —la vía más rápida cuando ya existe infraestructura—, mediante la creación de una spin-off, o a través de acuerdos de colaboración con empresas para continuar desarrollando la tecnología conjuntamente.

No siempre es fácil encontrar empresas interesadas. Muchas tecnologías universitarias todavía están en fases iniciales y necesitan más inversión o desarrollo antes de estar listas para el mercado. Por eso, en algunos casos, crear una spin-off puede ser la mejor manera de continuar avanzando, porque permite que los propios investigadores sigan desarrollando su idea con los recursos que la universidad por sí sola no puede ofrecer.

Un equipo repartido en tres campus

Detrás de cada patente, contrato o spin-off hay nombres propios. La OTC trabaja desde los tres campus de la EHU con un equipo que combina cercanía y especialización para que el conocimiento generado en la universidad llegue a la sociedad. En Álava, Patricia Santorum acompaña a los grupos de investigación en el proceso de transferencia; en Gipuzkoa, Beatriz Fernández actúa como puente entre laboratorio y empresa.

En Bizkaia, María Jesús Citores y Paula Isasi impulsan los proyectos desde el ámbito de la transferencia, junto a Iñaki Gil, responsable de la OTC, y las técnicas de Propiedad Industrial María José Rodríguez y María Emma Sainz que protegen y valorizan los resultados de investigación. El engranaje se completa con el apoyo administrativo de Ana Santamaría y las auxiliares Estíbaliz Bidaburu y Marian Ouro, piezas clave para que cada expediente avance.

Al frente del servicio está Nagore Tellado Laraudogoitia, directora de Innovación y OTC, coordinando un equipo multidisciplinar que no solo gestiona trámites: escucha, orienta y acompaña. Su objetivo es claro: transformar el talento investigador en soluciones reales, oportunidades empresariales y retorno social.

 Iñaki Gil: «Entre contratos imposibles y consultas complejas, el día a día rara vez es monótono»

En un servicio tan transversal, las situaciones curiosas no faltan. Desde quien quiso tramitar un contrato para actuar como figurante en una película —actividad ajena a su ámbito académico— hasta departamentos que intentan contratar a otros dentro de la propia universidad, algo jurídicamente inviable. “Es un trabajo con mucha relación con las personas y cada caso es diferente; no hay lugar para la monotonía”, destaca Gil.

Si hubiera que resumir en una frase por qué merece la pena acercarse a la OTC, Iñaki Gil lo dice con humor y convicción: “Porque somos muy majos”. Y añade, ya en serio: porque pueden ser de gran ayuda y porque nadie tiene que enfrentarse solo o sola a la complejidad de transferir conocimiento al mercado.